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ABC SÁBADO 24 s 3 s 2007 50 aniversario de los Tratados de Roma s El futuro económico INTERNACIONAL 37 Juan Pedro Quiñonero La Alemania de Merkel, un motor de dos tiempos La máquina europea se ahoga cada vez que hay elecciones en Francia o Alemania. Chirac deja tirado el tratado y de España mejor no hablar. La canciller pone ganas para remediar el atasco europeo POR RAMIRO VILLAPADIERNA BERLÍN. Al eje franco- alemán se le ha ido el franco que es la rueda del lado izquierdo del vehículo europeo, un todoterreno familiar y confortable pero de bastante consumo y poca tirada: ésta, dependiendo de cuánto queda hasta las siguientes elecciones nacionales, que son las estaciones de servicio donde aún reposta la UE. La energía comunitaria para seguir moviéndose- -también la convencional y la renovable- -separa tanto a Berlín y a París que así no hay Airbus que despegue ya como solía, con el ala francesa y la alemana virando cada una en una dirección. Y además sin el gran acuerdo que abrigaba Merkel sobre una nueva política de energía y un mercado finalmente único, a salvo tanto del caprichoso oleoducto de Putin como de designios políticos de gigantes nacionales. Y con el fin del monopolio entre productores y distribuidores. Así, el motor europeo parece apenas el famélico de dos tiempos de un Trabant, el ominoso cochecito de chiste, con el solo récord de ser el más contaminante del mundo, y fabricado en la República Democrática Alemana que vio nacer a Angela Merkel. Ella, al menos, siempre fue más de tranvía y, al grado de insignificancia en que los analistas ven sumido hoy el motor franco- alemán, otrora poderoso y dinámico, va a terminar yendo a pie a Bruselas. Que como dice la UE no sólo tiene que renovar sino ahorrar en energía. Si el motor europeo se ahoga cada vez que Francia y Alemania tienen elecciones, ¿qué alforjas necesitan los demás para el largo viaje de la construcción europea? La cuestión es que no hay rueda de repuesto. Incluso con Blair rodando ya en llanta, ni Italia ni España han aprovechado el hueco del copiloto y Polonia no hace más que ruido. Y cuando, como aho- Marcelino Oreja: Son los valores de la UE los que explican su prestigio JUAN VICENTE BOO CORRESPONSAL ROMA. Haciendo balance de los primeros 50 años de la Unión Europea, Marcelino Oreja afirmó ayer que más que sus instituciones políticas, son los valores que encarna la UE los que explican el interés, el prestigio y la esperanza que suscita en el mundo la obra realizada en Europa desde hace medio siglo El ex comisario europeo presentó el informe del grupo de sabios en el congreso Valores y perspectivas para la Europa del futuro organizada por los episcopados e instituciones cristianas de la UE en el marco de la celebración del 50 aniversario del Tratado de Roma en la ciudad donde fue firmado. El presidente del Europarlamento, Hans- Gert Pöttering, que fue recibido ayer por Benedicto XVI, invitó al Papa a visitar el Parlamento Europeo como ya hiciera su predecesor Juan Pablo II en 1988 durante su gira a las instituciones europeas con sede en Estrasburgo. Tanto el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, como el responsable de política exterior, Javier Solana, desean sumar las invitaciones de la Comisión Europea y del Consejo Europeo, de modo que el Papa sea invitado por las tres instituciones. MELANCOLÍA EUROPA Y LA uropa es algo muy anterior y quizá posterior a la actual UE, que no deja de ser el reflejo provisional del empantanado proyecto histórico de la construcción política de Europa, justamente. La Europa culta que hablaba latín iba de Santiago de Compostela a San Petesburgo, de los Balcanes a Edimburgo. La Europa carolingia ya se parecía muy mucho a lo que fue el difunto eje franco- alemán, entre 1963 y 1995. La Europa del emperador Carlos tenía algunas cosas en común con la Europa de los Estados del general De Gaulle, como la Europa de Luis XIV cuyos equilibrios nacionales fueron víctimas de la Europa de Napoleón, antes de ser recompuestos en la Europa del Congreso de Viena. Las fronteras y equilibrios negociados en el Congreso de Viena duraron, en verdad, hasta el estallido de las dos grandes guerras civiles entre los pueblos europeos de 1914- 19 y 1939- 45. Nuestra Europa, la Europa de la actual UE, es la inconclusa respuesta a los cataclismos precipitados por aquellos dos conflictos continentales, mundiales, cuyas consecuencias últimas todavía no han sido digeridas definitivamente: la UE todavía no tiene una política militar propia, para responder a los desafíos que se multiplican en su periferia; y los tropismos atlánticos de toda Europa del Este bien a las claras hablan de los debates de fondo sobre las atormentadas identidades de los pueblos europeos. Desde tal perspectiva, la bizantina crisis institucional de la UE tiene algo de irrisorio, ante la confirmación de Europa como una gran zona de paz y prosperidad mundial. Sin embargo, el envejecimiento demográfico, el declive de antiguos valores, dos o tres décadas de crecimiento económico fofo las demagogias nacionalistas, los patriotismos económicos, el sonambulismo energético y militar, la emergencia de nuevos actores internacionales, añaden agua al molino de los historiadores de la cultura, convencidos que Europa, en verdad, vive un eclipse u ocaso histórico, cuya figura artística más emblemática es la Melancolía. E ra, se cae la rueda francesa, el eje queda cojitranco y girando sólo sobre de sí; en este caso alrededor de Angela Merkel, que aunque pone ganas y maneras, tampoco es Schuman, Monet y De Gasperi juntos. Chirac lleva un año de triste retirada, dejando tirado el tratado constitucional, y Berlín sabe que en París no hay quien asuma compromisos y, por cierto, de Madrid mejor no hablar. La ansiosa búsqueda de un ménage a trois y una contrafoto del trío- Azores se ha roto en pedazos- -el más grueso tal vez el energético de Endesa y E. ON y Suez- -y el eje del bien ya no tiene espejo en que preguntar por su belleza. Merkel, que es de poco mirarse al espejo y de menos geometrías conyugales, afirma la necesariedad franco- alemana pero quiere abrir el eje a todos y dejarse de élites excluyentes. La guerra de Irak había dado para recomponer, brevemente, una confianza deshilachada desde la reunificación alemana y la descomposición yu- El adiós al tratado La guerra de Irak dio para recomponer la confianza, pero el brindis franco- alemán fue pasajero goslava, y finalmente rota durante la agria negociación del Tratado de Niza, del que el presidente Aznar quiso cobrar los dividendos creyendo que eran vitalicios. Los resultados fueron euforizantes pero pasajeros brindis franco- alemanes, hasta insinuar una futura confederación que, si nadie se creyó, sí en cambio asustó a daneses, austríacos, suecos, húngaros, polacos y voluntariosos beneluxianos de alrededor. Franceses y alemanes sabían seguramente qué se decían sobre Irak, a diferencia de otros, pero los malos modos- -electoralistas en el caso del canciller Schröder- -apenas sólo estuvieron a la altura de los de Cheney y Rumsfeld, que tampoco lo eran, y en cambio quebraron un espíritu atlantista y una confianza entre los nuevos y los viejos, que es lo que acertadamente vio Rumsfeld con lo de la vieja y la nueva Europa. El tratado constitucional, esforzadamente trabajado y soñado por Alemania y de seguido pateado por Francia, quedó abandonado en el portaequipajes del Trabant francoalemán, que no sólo sigue renqueando a dos tiempos- -el de ahora es electoral- -y contaminando, sino que ya hasta huele. Y no a algo vivo. Todo sobre el aniversario europeo en http: europa. eu success 50 index es. htm En su intervención en el congreso, Marcelino Oreja señaló que la Unión Europea debe tomar más conciencia de su fuerza, que se basa en los valores que integra: paz, libertad, democracia, tolerancia, dignidad humana y derechos humanos, respeto de la diversidad y la subsidiariedad, búsqueda del bien común, sin dominación de un grupo sobre otro El ex comisario europeo considera urgente culminar la tarea de dotar a la UE de los nuevos métodos de trabajo previstos en el proyecto de Constitución. Según Marcelino Oreja, la criminal actuación del terrorismo en Nueva York, Madrid y Londres nos ha recordado a los europeos que la paz civil puede estar amenazada de formas diversas, a las que sólo se consigue hacer frente mediante un esfuerzo colectivo Por eso, es una razón más para continuar la construcción europea, que representa una nueva forma de aspiración a la paz En esa misma línea, Oreja señaló que la presión de la globalización obliga a modernizar el modelo europeo y no a abandonarlo Más conciencia