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ABC SÁBADO 24 s 3 s 2007 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA TRESCIENTOS NA de las mejores películas del cine clásico, Centauros del desierto es abiertamente racista. En La ley del silencio un Elia Kazan moralmente cercado por su colaboración en la caza de brujas convirtió en exculpatoria obra maestra una manifiesta apología de la delación. En El padrino ese prodigioso cuadro shakesperiano del poder y la violencia, no hay un solo atisbo de comportamiento edificante o ejemplar. Y hasta muchos personajes del gran Chaplin son en realidad, como él mismo, pequeños y patéticos miserables supervivientes gracias al egoísmo o la cobardía. Con buenas costumbres no se puede hacer buena literatura, escribió Gide; el arte cineIGNACIO matográfico, como el naCAMACHO rrativo, alcanza sus expresiones más soberbias cuando se sumerge en los abismos del mal donde habitan los demonios de la condición humana. Sin embargo, la epidemia de lo políticamente correcto ha caído sobre la creación contemporánea como una coartada ideológica de la censura. Raro es el día en que un colectivo, una nación, un grupo social o una sedicente minoría oprimida no asalta con sus apóstrofes coercitivos la libertad creativa de cineastas o escritores. Si haces una película sobre el circo, se enfadan los payasos; si sobre la Biblia, se rasgan las vestiduras los judíos; si sobre las Cruzadas, estalla la ira de los mahometanos; si sobre Don Juan, se levanta el ímpetu feminista. Los nuevos censores enarbolan para su criba un selectivo tamiz de anatemas por cuyo cedazo no pasaría hoy ni Blancanieves y los siete enanitos La última víctima de la plaga reprobadora se llama 300 y recrea con estética de cómic la batalla de las Termópilas, actualizando con hiperbólico expresionismo aquel grandioso peplum épico que mi generación disfrutó en la niñez bajo el título de El león de Esparta Pues bien: el presidente de Irán ha protestado por el supuesto trato vejatorio que reciben los persas, la progresía se queja de veleidades nazis en el credo militarista de los espartanos y hasta se han oído voces de protesta por la presunta homosexualidad de un Jerjes ambiguo y culturista. Por lo visto, nadie va ya al cine a ver simplemente una película. Con sus buenos, sus malos, sus batallas y sus amoríos. Detrás de cada plano hay que atisbar demoledoras artes de propaganda encubierta y nefanda, como antes se adivinaban simbólicas protestas o mensajes cifrados en los recovecos del metalenguaje. Y siempre hay alguien dispuesto a cabrearse por la presunta ofensa a su raza, a su religión o a su gremio. En cambio, no se ha oído en torno a 300 ninguna voz escandalizada por su violenta orgía de sangre. Los quisquillosos y retorcidos exegetas de su banal maniqueísmo han pasado por alto un atroz baño de horror y ferocidad, sin mover una ceja ante lo escabroso de la carnicería. Esto no importa: pertenece al territorio del espectáculo. El filtro moral atañe tan sólo a hipotéticas solfas de los conceptos políticos de moda; al fin y al cabo, las cabezas cortadas y los miembros desparramados son de una universalidad tan familiar que forman parte de cualquier telediario. U MORAL E IDEALES CRISTIANOS N una carta publicada en este periódico, don Joaquín Silos Millán me acusaba un tanto truculentamente de haber perdido el equilibrio mental y la elegancia por afirmar, en un artículo sobre las repulsivas fotitos publicadas en un catálogo sufragado por la Junta de Extremadura, que las jerarquías eclesiásticas actúan de mamporreros en trifulcas políticas que benefician a la derecha Don Joaquín me aclara superfluamente el significado de la palabra mamporrero que yo en aquel artículo utilizaba en un sentido figurado. Y me ratifico en la afirmación: aquel catálogo, ofensivo para las creencias de los católicos y de una sordidez estética impronunciable, fue publicado originariamente en 2003; que cuatro años después de su publicación, y en vísperas de unas elecciones, provoque el escándalo de la facción opositora me hace sospechar que dicho escándalo no sea del todo sincero. Convendría recordar que, hace algún tiempo, se estrenó en el Círculo de Bellas Artes, con subvención de la Comunidad de Madrid, una piltrafa teatral escrita por un cuñadete o primo de Esperanza Aguirre en la que también se ofendía JUAN MANUEL- -cito a don Joaquín- -a Dios nuestro DE PRADA Padre, Creador del Universo entero, como sabemos y sentimos quienes nos consideramos cristianos y, sin embargo, no se exigieron entonces dimisiones, ni se le reclamaron a Aguirre tantas explicaciones como en estos días se han reclamado a Rodríguez Ibarra. Dicho lo cual no hará falta que reitere la opinión que me merecen tan abyectas fotitos. Pero en su carta al director don Joaquín introducía asuntos de mayor calado. Sostenía que, cuando aludía a la utilización política que se estaba haciendo de las jerarquías eclesiásticas, imaginaba que me estaba refiriendo a la emisora de radio conocida por la COPE, que aun dependiendo de la Conferencia Episcopal está dirigida por seglares, con total libertad dentro de la moral e ideales cristianos Para ser más precisos, don Joaquín, me estaba refirien- E do tan sólo a unos pocos programas de dicha emisora. Programas que no sólo acampan extramuros de la moral e ideales cristianos sino que abiertamente los refutan y pisotean. Quiero recordarle a don Joaquín Silos que, desde dichos programas, se han proferido brutalidades sobre los inmigrantes y apologías del liberalismo económico más desenfrenado contrarias a la doctrina social de la Iglesia, y aun al concepto de justicia natural que Dios nuestro Padre inscribió en el corazón del hombre. Quiero recordarle también que en tales programas se ha defendido la Guerra de Irak, que Su Santidad Juan Pablo II condenó sin ambages, como no podía ser de otro modo, tratándose de una guerra injusta. Quiero recordarle, en fin, que desde tales programas se incita al odio y se vierten expresiones de una brutalidad mucho más sangrante que la venial inelegancia que yo deslizaba en aquel artículo; incitaciones y expresiones que, más allá de consideraciones ideológicas, constituyen una negación del ideal de misericordia cristiana, que de forma tan sublime ilustra el pasaje del Evangelio de San Juan que mañana se proclamará en las iglesias católicas, las mismas iglesias que los responsables de dichos programas no pisan ni de casualidad. Creo, como decía en aquel artículo que ha provocado la indignación de don Joaquín, que las jerarquías eclesiásticas están alimentando un monstruo que apartará a muchos católicos españoles de la Iglesia, a la vez que contribuirá a dar alas a una derecha sin Dios al menos igual de adversa a la moral y los ideales cristianos que esa izquierda anticlerical y laicista que soy el primero en combatir. Y creo, además, que las jerarquías eclesiásticas están dejando pasar una ocasión apasionante, en la que los valores cristianos, en su inabarcable Belleza y apetito de Verdad, podrían conquistar a mucha gente desnortada que necesita encontrar un sentido trascendente a sus días. A cambio, sólo encuentran enconamiento e hipótesis rocambolescas sobre el 11- M. Y es que, como nos advirtió Jesús, el hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno; y el hombre malo, del mal tesoro de su corazón saca lo malo; porque de la abundancia del corazón habla la boca