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ABC VIERNES 23 s 3 s 2007 VIERNES deESTRENO 95 Tara Road Irlanda 2005 100 minutos Género- -Drama Director- -Gillies MacKinnon Actores- -Andie MacDowell, Olivia Williams, Stephen Rea, Brenda Fricker, Iain Glen, Jean- Marc Barr, Ruby Wax BANDA SONORA Cartas desde Iwo Jima Milan Kyle Eastwood y Michael Stevens Todo queda en casa. Si en Banderas de nuestros padres era el propio director, Clint Eastwood, quien firmaba la banda sonora, en el envés nipón del filme, Cartas desde Iwo Jima ha confiado este trabajo a su hijo Kyle, que ha contado con la ayuda de Michael Stevens, su colaborador habitual. Bajista de jazz- -la pasión por esta música le viene también de su padre- Kyle Eastwood ha editado ya varios discos, tres de ellos con su propia banda. En Banderas de nuestros padres ya intervenía, POR JULIO BRAVO pero su bautismo de fuego cinematográfico como compositor ha sido Cartas desde Iwo Jima Su partitura se basa fundamentalmente en el piano y en los sintetizadores, a los que se añade en ocasiones una trompeta, que le otorga el toque militar. La banda sonora es amarga, con un leit motiv triste, afligido, que asoma durante muchos momentos. Es, en fin, una música que busca sobre todo la creación de sensaciones y de climas. Tragedias con sabor a nada J. M. CUÉLLAR Hay proyectos que se pergeñan con más o menos habilidad, incluso con un plan previo atrayente. Luego lo mezclas todo, le echas sal y no sabe a nada. Le echas más sal y sigue sin saber a nada. Tara Road parte de una idea a destiempo, un cruce de casas de unas mujeres que buscan en su huida olvidar tragedias presentes. Es algo que ya hemos visto en The Holiday con nefastos resultados por cierto, aunque estos no vengan dados directamente por dicha idea. El problema de Tara Road es doble, uno principal, es que te deja indiferente. Se modulan bien los personajes, pero casi ninguno logra involucrarte seriamente en su drama personal a pesar de que son tan evidentes y reales que se pueden oler y hasta palpar. El segundo es el desenlace, que es pueril y se pone de parte decidida, tanto que resulta gro- Ian Glen y Andy McDowell, en una escena del filme sero, de la parte femenina. Y resulta dantesco, no porque no den razones para ello (las dan todas) sino porque está cogido con alfileres y es tan irreal que aparece tronchado, doblado una y otra vez para poder introducirlo en la película. Hay, empero, detalles interesantes, la historia de MacDowell está bien matizada en ciertos momentos, con silencios y miradas estremecedoras, aunque al final esos breves instantes ABC sean arrastrados por el tono insulso que MacKinnon ha deslizado en la película. Probablemente contribuye a esto las escenas poco corrientes que ha introducido en la narración: cenas de hijos con nuevas novias, con nuevas suegras, amantes escondidos, inquilina metida con calzador en dichas reuniones y una permanente sensación de que más me da que atraviesa la película de pecho a espalda. Toni García UN AMERICANO EN PARÍS E Pocas exposiciones me han dejado tan sorprendido como la que le dedica la fundación Cartier en París a David Lynch scribo esto acabado de aterrizar de la capital del universo conocido (siempre que le preguntes a un parisino) y donde parece que la cultura sigue ocupando un lugar básico: colas para entrar en los cines, interminables librerías, una programación musical impresionante y exposiciones para empezar y no acabar. Empecé la semana con un concierto del gigantesco Damien Rice, un hombre llamado a ser uno de los muy grandes si consigue perpetuar ese tormento personal en el que parece vivir (por algo es irlandés, como Van Morrison) Para los que no conozcan a este músico basta decir que es el hombre que compuso la banda sonora de Closer con lo cual le otorgó dignidad a una película más falsa que un billete de 800 euros. Lamentablemente no pasará por España, por lo cual hace ya meses que planeé mi vida en torno a este evento... El otro evento que me fascinó (sin ser un gran fan) es la exposición que la Fundación Cartier dedica a David Lynch. El director de Terciopelo azul Mulholland drive o Una historia verdadera declaró hace poco en una entrevista a un servi- dor para este periódico que él no encajaba en los parámetros de sus películas entendiéndose por esto que no es un tipo oscuro, misterioso o simplemente desasosegante. Bueno, después de ver la exposición en cuestión estoy listo para decir que mentía. Pocas ex- posiciones me han dejado tan sorprendido como esta, que empieza con un montaje más bien cutre donde entre cortinas de colores hay colgados unos cuantos cuadros del propio Lynch. Lo de cutre se te pasa en cuando empiezas a mirar los cuadros, en los que se mezclan los mundos de Bacon, Joel Peter Withkin y hasta Neckface (este último un artista gráfi- David Lynch, en Roma AFP co muy conocido en el underground neoyorquino. Además, la música de fondo (diría que Baladamenti, pero aún no he tenido oportunidad de disfrutar del- -fabuloso- -catálogo, que incluye dos cedes de una entrevista con el realizador) Después de visionar (me cuesta encontrar otra palabra mejor) las primeras obras y comprobar que son francamente aterradoras uno accede a una sala con fotos eróticas vintage que han sido distorsionadas para el evento y un escenario de cuento de hadas con centenares de notas, dibujos, teléfonos y pensamientos de Lynch, impresos en servilletas, tarjetas y papeles de todo tipo (y de todo el mundo) Después bajas las escaleras y puedes ver cortos inéditos, muchos otros de su colección Dumbland y rarezas de todo tipo y pelaje, junto a una recopilación de fotos de muñecos de nieve, que en ojos del sr. Lynch resultan realmente preocupantes (léase dan miedo Y llegados hasta aquí mi pregunta es: ¿Alguna vez veremos esto aquí? ¿Alguna institución, fundación o museo nos dará la oportunidad de no tener que coger un avión para ver algo realmente rompedor? A ver si nos vamos espabilando...