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ABC VIERNES 23- -3- -2007 VIERNES deESTRENO 89 TERMÓPILAS El culto al héroe está en nuestra tradición; y el héroe de 300 es un símbolo de los valores de Europa y de los orígenes griegos de su cultura taña y el mar. No fue siquiera una victoria: Leónidas, el rey de Esparta, dejó retirarse al que así lo quiso e hizo frente al persa con trescientos de los suyos. Perecieron, fueron envueltos por traición. Dieron tiempo, eso sí, a organizar la defensa y a preparar la victoria de Grecia en Salamina y en Platea. O sea, el gran símbolo de la libertad es una derrota. Vivir o morir no era lo importante: Extranjero dicen los versos de Simónides grabados en el mismo lugar, anuncia a los lacedemonios que aquí yacemos obedeciendo a sus palabras La libre obediencia, el desprecio al peligro, la defensa de múltiples patrias unidas frente a un enemigo avasallador: este era el lema. Vivir o morir era secundario. Salvarse pasando de ciudadanos libres a súbdi- Francisco Rodríguez Adrados De la Real Academia Española o he visto la película, pero no dudo de que está en la tradición americana del culto al héroe. Al que arrostra la muerte por algo. Está también en nuestra tradición, después de todo. Y se trata de un héroe que es un símbolo de los valores de Europa y de los orígenes griegos de su cultura. Los valores griegos de libertad fueron defendidos en Termópilas frente a un enemigo infinitamente más poderoso. Murieron, por defender el paso, los trescientos espartanos y su rey Leónidas. La historia es conocida. El gran imperio persa incluía dentro de sí Mesopotamia, Egipto, la India, Escitia, Asia Menor (con las ciudades griegas de la costa: Mileto, Esmirna, Efeso y las demás) Se había extendido poco a poco a medos, asirios, babilonios y a los demás. A su cabeza estaba un rey que poseía todos los poderes. Era un imperio con una poderosa máquina militar, religiosa, administrativa. Se extendía imparable. A fines del siglo VI antes de Cristo, bajo Darío, Rey de Reyes, adquirió su extensión máxima. La ley de estos imperios es extenderse más y más. Grecia era una presa segura. Pues bien, Darío, aprovechando un pretexto, quiso conquistar este conjunto de pequeñas ciudades llenas de rivalidades entre sí y entre clases, partidos y personas. Sus tropas desembarcaron en Maratón, en el 490, y fueron derrotadas por los infantes de Atenas. Y luego Jerjes, su hijo, el nuevo rey, en el 480 invadió Grecia con un enorme ejército de tierra y una enorme flota. Atravesó, pese a los espartanos, las Termópilas, pero fue derrotado en Salamina por mar, en Platea por tierra. Hubo de regresar vencido a Persia. Los griegos estaban divididos. Muchos, con Esparta a la cabeza, se aliaron para hacer frente al persa: antiguos enemigos, ciudades con regímenes diversos. Otros prefirieron aceptar la sumisión. El primer gran choque de los griegos libres con los persas fue este de las Termópilas: un estrecho paso, entre la mon- N Leónidas y los trescientos se convirtieron así en el símbolo de un pueblo que defiende sus esencias. Los que capitulaban hubieron de, al final, integrarse en él. Termópilas abrió el camino para todos La libre obediencia, el desprecio al peligro, la defensa de múltiples patrias unidas frente a un enemigo avasallador: este era el lema tos de un imperio extranjero, olvidando el propio ser, resultó, al final, errado. Porque Grecia vivió y su espíritu de libertad, de un modo u otro, inspiró a todo nuestro mundo. Derrotada un momento, triunfó luego. Y abrió un nuevo futuro. Creó a Europa. Ante grandes peligros, externos o internos o las dos cosas a la vez, existen hoy, con demasiada frecuencia, posiciones blandas. Blanduchas yo diría. Escribí en ABC un artículo, Europa, fortaleza asediada El problema griego es nuestro problema. Termópilas significó la respuesta final de los griegos en una situación de asedio, de angustia. Respuesta decidida en debates democráticos, no impuesta por nadie. Significó la unión de todas las ciudades, sobre todo de aquellas que, como incluso Esparta, cultivaban el respeto a la ley. Respuesta que aceptaba incluso el sacrificio. Leónidas y los trescientos se convirtieron así en el símbolo de un pueblo que defiende sus esencias. Los que capitulaban hubieron de, al final, integrarse en él. Termópilas abrió el camino para todos. 300 EE. UU. 2006 117 minutos Género- -Aventuras DirectorsZack Snyder ActoressGerard Butler, Rodrigo Santoro, Lena Headey La madre de todas las épicas JOSÉ MANUEL CUÉLLAR Una bella salvajada. Una postal de colores aderezada con piernas tronchadas, brazos arrancados de cuajo y cabezas voladoras. En esa continua contradicción se ha movido Snyder para filmar las piezas que Frank Miller puso en sus 300 la historia de la batalla de las Termópilas, donde unos pocos se enfrentaron a muchos Digamos que el director ha sido fiel a Miller hasta el tuétano de cada hueso con que perfiló aquella gesta, y como tal, como cómic en movimiento, la película es pasto de la sangre y el olor a muerte. Pero por encima de todo eso, de la estirada y emperifollada gente que se saldrá de la sala horrorizada ante el homenaje a la violencia, Snyder ha querido hacer una loa a la épica, a la heroicidad, al honor y a la valentía, e incluso a la chulería ¡aquí lucharemos nosotros y aquí morirán ellos! Y lo hace eludiendo con fina astucia todo aquello que encubría y mataba tan altos valores: el sempiterno amor de los espartanos hacia la guerra vuelve con el escudo o sobre él les decían las espartanas a sus hijos) su incipiente y repugnante nazismo masacrando a los niños malformes o su cruel desprecio hacia los cultos atenienses. La película se cuela por algún invisible desfiladero y pasa de refilón sobre estos vastos y bastos matices adentrándose de lleno en la época, en el pecho descubierto y en el venid a mí, que soy el novio de la muerte Una estética crepuscular, con tonos infernales, una oscuridad iluminada por el rojo de las capas espartanas y el carmesí de la sangre, que lo inunda todo, como un río que se lleva en su caudal lo escaso de poesía o civilización que tuviera aquello. Y por ahí llega Snyder consiguiendo ese toque especial por el que logra la transformación del ser humano en auténtica bestia salvaje con miradas de alimañas que ni saben ni conocen sin prisioneros sin piedad ni un solo atisbo de ser racional en esas máquinas de matar no les deis nada, quitádselo... ¡todo! que te hace empequeñecer en la butaca, esconderte abajo, muy abajo, tan abajo que ni siquiera a la salida de la sala has logrado quitarte la capa y la lanza con las que te han ocultado el raciocinio y atravesado el alma. Una reverencia a la épica y una patada a la historia, pero esto es cine, el documental se lo llevópor delante Leónidas ensartado en su mortífera espada. Lena Headey (la reina Gorgo) y Gerald Butler (el rey Leónidas) ABC