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36 INTERNACIONAL 50 aniversario del Tratado de Roma s La geopolítica VIERNES 23 s 3 s 2007 ABC El ocaso del eje franco- alemán, o la insoportable levedad de Chirac Berlín y París no han sido capaces de sacar ninguna iniciativa europea desde la llegada de Merkel a la Cancillería JUAN PEDRO QUIÑONERO CORRESPONSAL PARÍS. Durante el último medio siglo, la historia, el interés y la determinación política de Francia y Alemania contribuyeron de manera determinante a negociar los pilares fundacionales de la construcción política de Europa. La caída del Muro de Berlín, la reunificación de Alemania, el declive francés y la demagogia irresponsable de los dirigentes franceses y alemanes han contribuido a paralizar indefinidamente la ambición de una arquitectura política continental común. A la fundación de la CECA y la primera CEE siguió el Tratado del Elíseo (1963) donde se fundan las relaciones diplomáticas de Francia y Alemania, firmado por De Gaulle y el canciller Adenauer. Desde entonces, las relaciones franco- alemanas estuvieron dominadas por sucesivas parejas de gobernantes, Pompidou- Brandt (1969- 74) GiscardSchmidt (1974- 1981) Mitterrand- Kohl (1982- 1995) ChiracSchröder (1998- 2005) Entre 1963 y 1995, Francia y Alemania estuvieron en el origen de la gran mayoría de las históricas iniciativas donde se funda la actual UE: primera ampliación de la CE al Reino Unido, consolidación de la Política Agraria Común (PAC) Sistema Monetario Europeo (SME) elección del Parlamento europeo a través del sufragio universal, Acta única, entrada en vigor del mercado único, antiguo Pacto de estabilidad y crecimiento económico, entrada en vigor del euro y el Banco central europeo (BCE) Esa herencia, fruto de la concertación diplomática multilateral, bajo liderazgo franco- alemán, tiene muchos matices, puntos oscuros y gloriosos. Durante varias décadas, el antiguo eje franco- alemán funcionó como evidente motor de la construcción política europea. Esa dinámica se rompió entre 1995 y 1998, con la elección de Chirac y Schröder a la presidencia francesa y la cancillería alemana. La caída del Muro de Berlín ya había comenzado a agrietar las relaciones entre Francia y Alemania, como recuerdan con mucha precisión las Memorias de Helmut Kohl. Mitterrand fue uno de los primeros y más firmes adversarios de la reunificación alemana. Libre, reunificada y unida, Alemania comenzó su reinserción en la más alta diplomacia mundial, en detrimento de una Francia menos influyente. La puesta en práctica y posterior traición de los programas electorales de Chirac y Schröder aceleró el proceso de resquebrajamiento y ruptura del antiguo eje malparado. La demagogia política franco- alemana hundió la versión original del Pacto de estabilidad y crecimiento, que había sido concebido por Alemania para imponer su propia disciplina a países como España. A la indisciplina presupuestaria franco- alemana siguió un largo rosario de malentendidos, divergencias, ambiciones y desencuentros franco- alemanes, agravados por la cohabitación, en Francia, entre un presidente conservador (Chirac) y Mitterrand y Kohl simbolizaron los tiempos de gloria del binomio franco- alemán un primer ministro socialista (Lionel Jospin) (1997- 2002) El fruto de aquellos años de tensiones, divergencias y traiciones de diversa especie fue el Tratado de Niza (2000) que instalaba a España en el grupo de los siete grandes, confirmaba a Alemania como líder absoluto y relegaba a Francia a un inconfesable segundo puesto. Sin embargo, la proliferación de demagogias nacionales (franco- alemanas) las reticencias inglesas, la sucesión de ampliaciones, aceleraron la agravamiento sin solución de varias crisis superpuestas. La crisis institucional se arrastraba desde año atrás y se fingió exorcizarla con un nuevo Tratado de Roma (II) (2004) que preveía la adaptación de un proyecto de Tratado constitucional europeo. La falta de liderazgo alemán y el penoso declive francés precipitaron la crisis que todavía mantiene empantanado el antiguo proyecto de construcción política de Europa. La elección de Angela Merkel como canciller de Alemania, el otoño del 2005, confirmó la defunción del antiguo eje Merkel y Chirac tienen visiones distintas de las relaciones trasatlánticas y el diálogo con la Europa del Este. Desde su llegada al poder, la canciller no ha conseguido articular ni una sola gran iniciativa común con el presidente francés. Por su parte, el presidente Chirac, cediendo a sus tradicionales tentaciones demagógicas, creyó que un referéndum europeo podría salvar su hundida credibilidad personal. Y la convocatoria de ese referéndum, el 29 de mayo del 2005, sumió a la UE en una de las más ABC La era de las demagogias imprevisibles crisis de su historia. ¿Qué podía o puede hacer Alemania con una Francia caída de hinojos ante las cenizas de su historia. Está por ver cómo influirá en el futuro de la UE la sucesión a la cabeza del Estado francés. Ségolène Royal, socialista, y François Bayrou, centrista, proponen convocar un nuevo referéndum francés sobre Europa, en unas condiciones que debieran negociarse, si es que el resto de los miembros de la Unión lo consideran oportuno. Nicolas Sarkozy, conservador, propone la aprobación francesa, a través de un voto parlamentario, de un proyecto de Tratado constitucional europeo ligeramente reducido Está por ver cómo reaccionaría el resto de Europa ante tal proyecto, presentado como un mal menor Italia y España vuelven a explorar la vía mediterránea 20 años después JUAN VICENTE BOO CORRESPONSAL ROMA. Italia perdió su ocasión de sentarse entre los grandes de Europa en 1963, cuando se negó a formar con Francia y Alemania el eje de los tres estados grandes entre los seis fundadores de lo que hoy llamamos Unión Europea. Ya en 1958, cuando regresó al poder, el general De Gaulle se dio cuenta de que la nueva entidad daba a los países pequeños -Bélgica, Holanda y Luxemburgo- -un poder de decisión superior a su peso demográfico y económico. Para reequilibrarlo, De Gaulle propuso el eje de los grandes que, a falta del interés de Italia, quedó constituido el 22 de enero de 1963 como eje franco- alemán destinado a durar hasta el fin de la Guerra Fría. La idea de formar al menos un mini- eje con España- -sirviéndose del peso del nuevo Estado miembro para aumentar el propio- -contribuyó a que Italia apoyase decisivamente la entrada de nuestro país en el club el 1 de enero de 1986. Pero el comportamiento español no fue el previsto. Felipe Gonzalez prefirió después alinearse con Francia y Alemania. Una decepción similar sufriría años más tarde Prodi cuando propuso a Aznar una rebaja en las condiciones de entrada en el euro y se encontró con una seca negativa. El eje del Sur, o Mediterráneo, que algunos intentaron articular con Portugal, España, Francia e Italia- -Grecia era demasiado errática- nunca llegó a consolidarse, y lo único que queda es una vuelta a la idea de un eje hispano- italiano después de la victoria de Prodi, cuya sintonía con Zapatero es mayor que la de Berlusconi. La primera cumbre bilateral, celebrada en Ibiza el 20 de febrero, hizo aflorar de nuevo las promesas. Justo al día siguiente, el Gobierno Prodi caía de modo estrepitoso al perder un voto de confianza en el Senado, precisamente sobre política exterior. Pero, a diferencia de los gobiernos- -frágiles y efímeros- las empresas italianas tienen potencia y estrategia de futuro. España es tierra de conquista- -o tierra conquistada- -en el sector de prensa y televisión, con una presencia masiva y asimétrica como en ningún otro país. Al control de Mediaset en Telecinco se sumó el del grupo De Agostini en Antena 3, mientras que el grupo Rizzoli- Corriere della Sera, propietario de El Mundo ha añadido a sus trofeos el grupo Recoletos. El eje España- Italia del que se habló a raíz de la cumbre de Ibiza, es de una sola dirección. El sector italiano de los seguros, y ahora el de la energía- -Enel es estatal al 32 por ciento- tienen una fuerte presencia en España, mientras queelintento de desembarcar en Italia sólo ha traído desengaños a los españoles. El proteccionismo impidió al BBVA hacerse con el BNL y frenó la fusión de Abertis con Autostrade, como ocurrió en el caso de Telefónica con Telecom.