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ABC VIERNES 23 s 3 s 2007 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA QUE NO SE RESFRÍEN ESPUÉS del sainete de la Fiscalía con Otegui y de la ignominia de De Juana Chaos, el Gobierno va a necesitar bastante más que un comunicado al uso de ETA para recuperar la dignidad que está tirando por el sumidero del Proceso Porque no es que se haya postrado de hinojos ante los terroristas, implorando de ellos un gesto de conmiseración- -que debería ser al revés, por cierto- -para gozar de un respiro político, sino que se ha bajado los pantalones y se ha puesto como los musulmanes cuando rezan mirando para La Meca. Todo un Gobierno IGNACIO democrático, todo un EsCAMACHO tado al fin, pendiente de que coma De Juana, que no adelgace, que no le falten sopitas ni mimos familiares en el hospital donostiarra, y cuidando de que no se enfríe Otegui por esos nevazos de Dios, arropado por la Guardia Civil con mantitas para que no se vaya a acatarrar el diálogo. Y el fiscal, obligado a comerse su propio escrito de acusación con patatas, usted perdone las molestias, don Arnaldo, nos hemos equivocado, cómo hemos podido pensar mal de usted, que es hombre de paz. Puede irse, se trataba de un malentendido, y abríguese bien, que hace mucho frío ahí fuera. Y no se le olvide decir donde usted sabe lo bien que le hemos tratado. Hombre, después de todo eso no basta con un comunicado de los que gastan los etarras, llenos de proclamas dogmáticas y reproches, en los que acaban perdonándonos provisionalmente la vida con arrogancia jactanciosa. Para que Zapatero pueda recobrar algo del prestigio perdido en este ridículo vodevil en que las instituciones se han arrastrado por el polvo de la humillación, le van a tener que compensar con un favor muy gordo, contundente e inapelable. No vale con continuar el alto el fuego o insinuar el abandono de la violencia: se van a tener que presentar los encapuchados cargaditos de grilletes y flagelándose, ahora que se acerca la Semana Santa, como los penitentes de la Vera. Pero en vez de eso va y sale el tal Fernando Barrena y agradece con una coz los servicios prestados y los arrumacos dispensados a sus colegas, con la añadidura de denunciar el incumplimiento de compromisos firmados se supone que por el Gobierno y ETA. Si se trataba de fruncir el ceño para fingir cabreo y echarle un cable a la Moncloa, como mínimo ha sobreactuado el batasuno, y el cable lo ha atado al cuello del presidente como si fuera la soga de un ahorcado. Sabemos quiénes fueron los agentes que firmaron ese compromiso y acordaron esas cláusulas ¿Qué es eso de compromisos firmados? ¿Quién ha suscrito qué cosas? A lo peor se refería Barrena a unos presuntos papeles presuntamente guardados en una presunta caja fuerte de Ginebra, que naturalmente no existen, porque Zapatero y sus ministros sostienen que jamás nadie ha firmado nada. Y Zapatero y sus ministros no mienten porque ya se sabe que los españoles merecemos un Gobierno que no nos mienta. Pero con amigos así, para qué querrán enemigos. D EN FIN LA HISTORIA REESCRITA N ra. Segundos pensamientos que quedaron reflejados en las ambigüedades de la resolución. El fiasco de las armas de destrucción masiva se ha convertido, a toro pasado, en la principal pieza inculpatoria contra quienes emprendieron la guerra. Ahora sabemos que, en efecto, no existían. ¿Pero quién osó afirmarlo entonces de manera taxativa? Nadie. No sólo los americanos y británicos, también los servicios de información europeos, incluidos los de los países opuestos a la intervención, estaban convencidos, a la luz de los embustes con los que Bagdad toreó a los inspectores durante más de una década y del uso de armas químicas contra sus propias poblaciones, de que Sadam ocultaba armas inconfesables. La cuestión no consistía, pues, en si había que desarmar a un régimen inicuo, sino cuál era la mejor manera de hacerlo. El informe final de los inspectores, tan ambiguo como la resolución, ofrecía argumentos a ambas partes. Los detractores de la guerra ponen sobre la mesa, exclusivamente, el argumento de la legalidad internacional. Pero esa es una acusación de consecuencias insospechadas para quien la formula si el único criterio que define tal legalidad son las resoluciones de la ONU. Aplicando ese precepto, Kosovo es un caso de intervención ilegal y Somalia lo es de una acción legal Sin embargo, nadie pide cuentas por la primera y todos censuran la segunda. ¿Por qué? Porque la una fue eficaz y proporcionada, y la otra, un desastre como el de Irak, salvadas las distancias. Luego, al margen de la cuestión de la legalidad, en la que no sería un disparate conceder un empate tras una lectura menos sesgada de lo que ocurrió a orillas del East River hace cuatro años, había otros dos debates cruciales: el de la oportunidad, y el de la eficacia y la proporcionalidad. Y en estos dos últimos aspectos el gravísimo error de los que se lanzaron a la guerra sí se ha confirmado por los hechos posteriores. Por tanto, la ocupación habrá sido un desastre, pero no porque fuera ilegal, sino porque no parece que vaya a resolver los problemas que la motivaron y sí ha creado otros nuevos de igual o mayor gravedad. O sé si aún les dice algo aquel capicúa, 1441, que tanto dio que hablar en vísperas de la guerra de Irak. Se trata, lo habrán recordado, del número de la resolución del Consejo de Seguridad de la ONU en cuyos ambiguos párrafos sustentaron sus posiciones tanto el partido de la intervención como el de la contemporización. Pues bien, no estaría de más que volvieran a leerla, si es que alguna vez lo hicieron, quienes en estos días reescriben la historia de ayer con los datos de hoy. Tampoco lo estaría que rememoraran el mercado persa que se instaló en los pasillos de la ONU en aquellos meses finales de 2002, en el que cada negociador logró introducir en el texto elementos lo bastante polisémicos como para poder convertirlos en cartas marcadas en la partida que necesariamente se iba a jugar cuando, en vista del empecinamiento del dictador de Bagdad, no hubiera más remedio que pasar a la acción. A poco que realizaran ese ejercicio con un mínimo de buena voluntad, llegarían a juicios mucho más matizados de los que formulan cuatro años después, de forma ventajista, cuando ya casi nadie discute que la ocupación de EDUARDO Irak va camino de convertirse en un SAN MARTÍN desastre sin paliativos. Para empezar, el 8 de noviembre de 2002, fecha en la que aprobó la 1441, la cuestión que se dilucidaba, una vez acordado advertir a Bagdad de las serias consecuencias a las que se enfrentaba si seguía desobedeciendo, no era guerra sí- guerra no, sino guerra cuándo y bajo qué condiciones. Para los que finalmente fueron a la guerra, la resolución aprobada autorizaba por sí misma a intervenir sin más trámites, si el trabajo de los inspectores de la ONU seguía sin obtener resultados; para los otros, era necesaria una segunda resolución que autorizara la aplicación de lo convenido en la 1411. Esa, y no otra, era la discusión en la primavera de 2003. Es cierto, sin embargo, que unos estaban decididos a intervenir ocurriera lo que ocurriera y que otros se habían conjurado para evitarlo pasara lo que pasa-