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ABC JUEVES 22 s 3 s 2007 CULTURAyESPECTÁCULOS 91 Meryl Streep se disfraza de dama de hierro La versátil actriz norteamericana podría meterse en la piel de Margaret Thatcher, la férrea política conservadora inglesa, en una película que, evidentemente, llevaría por título el de La dama de hierro POR MANUEL DE LA FUENTE MADRID Tendrá todo el glamour y todos los oropeles de la gloria y de la fama que ustedes quieran, pero lo de ser cómico (de la legua, de la milla o del kilómetro) tiene lo suyo, y a menudo es un trabajo duro de veras. Ya de antiguo, a los comediantes les estaba prohibida la sepultura en tierra de cristianos, y aunque afortunadamente los tiempos han cambiado, cuando a uno le caen ciertos papeles se le debe poner cara de velatorio o, por lo menos, de resignación cristiana. Pero es lo que tiene el vivir de meterse en la piel de otros. Esta vez, el papelón tiene toda la pinta de irle a caer a Meryl Streep, camaleónica actriz que va a a tener que echar mano de todos sus colores y todas sus epidérmicas aptitudes para dar vida en la pantalla a Margaret Hilda Roberts o, lo que es lo mismo aunque no sea necesariamente igual, Margaret Thatcher, aquella dama de hierro de la política británica que metió en vereda y puso firmes a los ingleses (y a medio mundo) en los años ochenta. Según informaba ayer el diario The Times la otra agraciada, tal y como ha explicado el productor de la futura película, Damian Jones, sería Cate Blanchett, con un cometido tan difícil si no más que el de la Streep, dar vida a la líder conservadora en sus años de juventud, que aunque algunos, sobre todo los hombres de la rosa, pudieran creer lo contrario, parece ser que la tuvo. Además de ocuparse de algunos aspectos de su vida pública en la política, ambientados especialmente en los días previos a la Guerra de las Malvinas, el filme, que por supuesto se titulará La dama de hierro también indagaría en diversos y bastante desconocidos aspectos de la vida íntima y privada de la que ha sido una de las grandes figuras en toda su historia del partido de los tories, y única mujer que ha alcanzado la jefatura del gobierno inglés. Aunque todavía no hay atisbos del guión, Jones ha confesado que se decidió a poner en marcha la idea después de releer la afilada observación de Mitterrand sobre doña Margaret: Tiene los ojos de Calígula y los labios de Marilyn Monroe El proyecto es un encargo de la rama cinematográfica de la BBC y la productora Pathé, precisamente una de las compañías que pusieron en pie The Queen película basada en Isabel II de Inglaterra, que supuso el Oscar para su protagonista, Helen Mirren, en la reciente y última edición. Además, añade The Times parece ser que el próximo en pasar por el altar cinematográfico puede ser Ian Paisley, el reverendo y líder de los unionistas protestantes del Ulster, en cuya piel (y sotana) se metería Liam Neeson. De momento, en España nos conformamos con el papelón de cada día: Talantes lejanos EFE El laberinto del fauno arrasa en México La película de Guillermo del Toro El laberinto del fauno logró nueve galardones en los premios Ariel (entre ellos el de mejor filme) los más importantes del cine mexicano. Maribel Verdú (en la imagen, llorando al recibir su reconocimiento) fue galardonada junto con Elizabeth Cervantes como mejor actriz TEATRO ¡Ay, Carmela! Autor: José Sanchis Sinisterra. Dirección y vestuario: Miguel Narros. Escenografía: Andrea D Odorico. Iluminación: Juan Gómez Cornejo. Música: Luis Miguel Cabo. Coreografía: Teresa Nieto. Intérpretes: Verónica Forqué. Lugar: Teatro Fígaro. Madrid. Fantasmas de la memoria JUAN IGNACIO GARCÍA GARZÓN De un tiempo a esta parte, vivimos en los escenarios madrileños tiempo de recuperaciones, de mirar hacia atrás no sé si con nostalgia pero sí sin ira, para asomarse a obras o montajes que tuvieron notable repercusión en su día. La de ¡Ay, Carmela! es una recuperación con fundamento. Una obra que cuando su autor, José Sanchis Sinisterra, terminaba de escribir hace veinte años, ni por asomo sospechaba que fuera a tener el éxito que tuvo y que fuera de nuestras fronte- ras pudieran funcionar las claves tan españolas de una pieza sobre nuestra guerra civil. Pero lo cierto es que, como comenta Sanchis en el programa de mano de esta función, sus palabras además de conocer una atractiva adaptación ciematográfica, que dirigió Carlos Saura en 1990, con Carmen Maura y Andrés Pajares han resonado, con acentos muy diversos, en horizontes tan dispares como Uruguay, Turquia, Suecia, Brasil, México, Alemania, Cuba, Inglaterra, Argentina, Bosnia, Francia, Chile... y un largo etcétera desde que en 1987 las lanzara a los vientos de la escena la compañía Teatro Fronterizo. Veinte años después, regresa esta desencantada comedia con la misma actriz que la es- Verónica Forqué, la actriz que estrenó la comedia, ha enriquecido su personaje con nuevos matices trenó, Verónica Forqué, que realizó entonces una creación memorable y ahora ha enriquecido su personaje con nuevos matices. Sólo por ella, por la lección de tierno desgarro que imparte desde el escenario, por su sensible composición de la cómica Carmela, atolondrada y con concienca de clase, merecería la pena ver la función. Pero hay más, claro, porque la dirección corre a cago del sabio Miguel Narros que, en un espacio casi brookianamente vacío, convoca los fantasmas de la memoria de Paulino, los espectros de un enfrentamiento que, desventuradamente, aún culebrean en la trastienda de la conciencia nacional; un gran trabajo de dirección, austero, matizado, que mima la atmósfera de duermevela en que transcurre el sueño del viejo cómico vencido. Y está también el estupendo Santiago Ramos, la otra parte de la entrañable empresa de la legua Carmela y Paulino, variedades a lo fino el pedómano que quiere ennoblecer su arte, el actor cobardón demasiado apegado a su piel como para arriesgarla. En fin, que el reencuentro con ¡Ay, Carmela! merece la pena. ROCK Kristin Hersh Concierto de Kristin Hersh y The McCarricks. Lugar: Moby Dick (Madrid) Fecha: 18- 3- 2007. Cuerdas y alambres JESÚS LILLO Nunca se repite y, a la vez, siempre es la misma Kristin Hersh. Desde que al frente de Throwing Muses salió a la conquista de los años noventa, pasando por sus delicados álbumes en solitario o ese desahogo que representó la formación de 50 Foot Wave, trío con el que dio rienda suelta a su visceralidad, la rockera de Atlanta no ha dejado de manifestar en los últimos veinte años, sola o en compañía de otros, la necesidad de modificar el soporte musical de su obra, definida por su sobrecogedor lirismo y una de las voces más personales de su tiempo. Después de utilizar su guitarra acústica para mostrar en los escenarios su soledad y su perfil más vulnerable, Hersh añade ahora a la base rítmica de 50 Foot Wave las cuerdas- -chelo y violín- -de los McCarricks, pareja habituada a quitarle hierro y violencia a repertorios emocionalmente crispados y pasados de adrenalina, como es el caso de Learn To Sing Like A Star último disco y argumento de la nueva gira de Kristin Hersh. Disciplinados, los McCarricks no contribuyen en esta ocasión a templar los ánimos de su anfitriona, a la que, lejos de sedar, estimulan. La puesta en escena del ocasional quinteto alcanza, así, un punto de ebullición poco frecuente en los ya previsibles y amanerados cruces entre instrumentos eléctricos y de cámara. Con la mirada perdida en el horizonte de una sala minúscula, diciendo cosas terribles con las palabras más hermosas del último rock, la compositora reaparece para confirmar el enorme y atípico provecho que sabe sacar de los instrumentos que la rodean, empezando por una garganta que afortunadamente todavía se niega a cantar y terminando por unas cuerdas, chelo y violín, que sabe transformar en afinado alambre de espino.