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ABC MIÉRCOLES 21 s 3 s 2007 Tribuna abierta ECONOMÍA 51 Juan Costa Climent Presidente de Ernst Young Abogados ANTICIPARSE A LOS DESAFÍOS I no piensas en tu porvenir, no lo tendrás Esa afirmación de John Kenneth Galbraith podría aplicarse perfectamente a la economía española. España creció el pasado año a un ritmo superior al 3,5 por ciento y suma otro buen año en lo que representa el periodo más largo de expansión de nuestra historia reciente. Sin embargo, la economía española se enfrenta a importantes desafíos, desafíos que amenazan nuestro futuro de crecimiento económico y progreso. España sigue avanzando, pero hay una opinión generalizada de que el actual modelo de crecimiento está agotado. Esta realidad debería obligarnos a aprovechar la coyuntura, y prepararnos adecuadamente para los retos del futuro. Nadie duda de que España puede mantener su nivel de bienestar a corto y medio plazo, pero ¿estamos preparados para lo que nos depara el futuro? La economía española se enfrenta a problemas importantes. Los bajos niveles de productividad y el diferencial de precios con la zona euro son desequilibrios que se traducen en pérdida de competitividad y en un elevado déficit exterior. A ello hay que añadir otras cuestiones como la desigualdad entre la progresión de los beneficios empresariales y el estancamiento de los salarios en términos reales o la pérdida de atractivo de España para la inversión internacional. n este marco, el pasado 1 de enero entró en vigor la reforma fiscal impulsada por el Gobierno. La reforma introduce cambios en el Impuesto sobre Sociedades y en el IRPF, algunos en la dirección correcta, pero en general insuficientes para dar respuesta a los desequilibrios que afectan a nuestra economía. Claramente se ha renunciado a utilizar la política tributaria para hacer frente a lo que deberían ser los objetivos de la política económica. Es un hecho que en la economía global, los países de nuestro entorno recurren cada vez más a la fiscalidad como herramienta para atraer inversiones y actividades. Hoy se constata en los países de la OCDE una clara tendencia a la reducción de impuestos y cómo esa política ha contribuido, en múltiples casos, a afianzar tasas de crecimiento económico sostenido. Irlanda, Noruega, Suecia y Dinamarca constituyen ejemplos en este ámbito. La reciente reforma fiscal pretende Nadie duda de que España puede mantener su nivel de bienestar a corto y medio plazo, pero ¿estamos preparados para lo que nos depara el futuro? La economía española se enfrenta a problemas importantes. Los bajos niveles de productividad y el diferencial de precios con la zona euro son desequilibrios que se traducen en pérdida de competitividad y en un elevado déficit exterior S europeo. En mi opinión, España debería apostar a corto plazo por un tipo de gravamen no superior al 25 por ciento. Resulta ilustrativo contemplar cómo en Francia, Chirac ha abierto el debate político proponiendo una reducción del Impuesto sobre Sociedades al 20 por ciento. a reforma, además, suprime en los próximos años la deducciónporinvestigaciónydesarrollo y la deducción por inversión en medioambiente. Estas supresiones van justo en la dirección contraria a las tendencias internacionales y a loquenecesita España. Resulta necesario atraer y desarrollar actividades con un alto componente tecnológico y conseguir mejorar la tasa de productividad de nuestra economía. También debemos promover inversiones que contribuyan a proteger el medioambiente. Porellono sedeberenunciara los instrumentos que ofrece la política tributaria. Si un incentivo no funciona correctamente, hay queanalizar las causas y atajar los problemas, no eliminarlo. En relación con el ahorro, la reforma del IRPF aumenta la neutralidad entre los diferentes instrumentos de ahorro, sin embargo, su capacidad para contribuir a mejorar el nivel de ahorro de nuestra economía es dudosa. Entre otras cosas, porque la reforma supondrá un aumento de la imposición para muchos contribuyentes. En esta línea merece una mención específica la tributación del ahorro a largo plazo, fundamentalmente el instrumentado a través de planes de pensiones y seguros de vida. La merma en el atractivo fiscal de estos instrumentos por la supresión de las reducciones aplicables al cobro de las prestaciones en forma de capital, es una medida inadecuada para un país como España. No debemos olvidar que nuestro país cuenta con una de las tasas más bajas de Europa en ahorro financiero a largo plazo y, al mismo tiempo, con uno de los índices de envejecimiento más elevados. inalmente, la reducción de tipos en el IRPF es más moderada que en las reformas anteriores y no garantiza una rebaja general del impuesto para el conjunto de los contribuyentes. Una menor imposición sobre los salarios es imprescindible para crear las condiciones necesarias para fomentar una mayor oferta de trabajo y, por tanto, de conocimiento en nuestra economía. La política tributaria exige ambición y anticiparse a los desafíos del mundo global. Atender a las necesidades de nuestra economía y tomar en consideración las realidades que ofrece ese mundo cada vez más global deben ser los parámetros que guíen los cambios y las reformas de nuestro sistema impositivo. L ÁNGEL CÓRDOBA E sumarse a las tendencias internacionales, pero es dudoso que pueda contribuir a mejorar la competitividad de nuestra economía. En un contexto cada vez más global, con retos y desafíos también más globales, España necesita un nuevo modelo de crecimiento y, por tanto, una reforma más profunda, con una reducción de impuestos más decidida y con mayor convicción. lmarco fiscal debe afianzar nuestra capacidad para competir y atraer actividades. Debe, además, hacer frente a los nuevos retos y desafíos de la globalización. La movilidad del conocimiento, la integración de los mercados de capitales, la creciente intensidad de los flujos migratorios, el envejecimiento de la población o los cambios que un fenómeno como el calentamiento global producirá en las relaciones políticas y económicas a nivel mundial son realidades a las que no se puede permanecer ajeno. La reforma fiscal no ha contemplado los retos E que derivan de todos estos fenómenos y, aunque introduce algunos cambios positivos, no contribuirá de forma eficaz a dibujar un nuevo modelo de crecimiento. Sin perjuicio de otros desafíos más globales, la reforma debería haber sido más ambiciosa en el apoyo a la inversión, para garantizar el crecimiento a medio plazo, en el fomento del ahorro, como elemento indispensable para invertir en nuestro futuro, y en el aumento de la oferta de trabajo, como variable directamente relacionada con la productividad. En relación con la inversión, la reforma del Impuesto sobre Sociedades fija el tipo de gravamen en el 30 por ciento. Lejos de la media de la Unión Europea, situada hoy en un 25 por ciento y con tendencia a la baja, y aún más lejos de los países de la ampliación, con una media del 18 por ciento. En una economía global, la fiscalidad es un elemento relevante para decidir dónde ubicar las inversiones, sobre todo en el marco de un mercado único como el F