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82 DEPORTES Fórmula 1 s Gran Premio de Australia LUNES 19 s 3 s 2007 ABC El filial se subleva ante el equipo titular Super Aguri, el farolillo rojo por decreto de la parrilla, está al mismo nivel que su benefactor Honda J. C. C. MELBOURNE. Si hubiese cursado algún tipo de protocolo, Takuma Sato debería haberse bajado el sábado de su monoplaza rojo y blanco, estirando la ceja en cara de póquer, mientras acudía raudo a transmitir información a los ingenieros para el proceso habitual, reunión- carrera- reunión y prisas, muchas prisas. Sin embargo, el japonés dio rienda suelta a la emoción. Se quitó el casco como quien desgarra un gajo de naranja, se echó encima de sus mecánicos como un cantante en un concierto y recibió como premio a su espontaneidad un manteo interminable de parte de sus auxiliares. Un Super Aguri, la cenicienta, había logrado clasificarse entre los diez primeros- -quinta fila de la parrilla- -para la carrera de ayer. Y el otro, el británico Anthony Davidson, estaba un escalón más abajo, el undécimo. Ayer, en la carrera, se mantuvo la tónica. Sato fue duodécimo, justo detrás del Honda de Barrichello, mientras que Davidson (decimosexto) marcó en corto a Button (decimoquinto) Sinopsis de ese manteo, fotografiado por las agencias de medio mundo: el filial gana al equipo titular. Como si el Castilla derrota al Real Madrid. Super Aguri es la formación B de Honda, la probeta para los experimentos del gigante japonés, el único equipo que se puede permitir el lujo de prescindir de publicidad e ingresos en su bólido. Hay que ver en directo lo que mueve esta escudería. Miles de japoneses se desplazan carrera a carrera para animar al inglés Jenson Button y al brasileño Rubens Barrichello, portadores de las ilusiones de un pueblo. El honor del samurái Sato fue sacado a hombros después de meterse entre los diez primeros de la parrilla No hubo sorpresas. Los japoneses B cumplieron el pronóstico al que estaban predestinados, el pozo de la parrilla. Y lo que chirriaba a los ojos de los veteranos del mundillo: a siete segundos de la cabeza. Tampoco era de extrañar esa caída en desgracia toda vez que Sato e Ide pilotaban un Arrows de 2002, cuatro años de desfase respecto a la híper- tecnología del más ultramoderno de los mundos vanguardistas. La escuadra evolucionó en su periodo nodriza, siempre últimos. Incluso Takuma Sato peleó por los puntos en la carrera de Brasil que cerró la temporada, lejos de Alonso, del oropel. El periodo de pruebas acabó clausurado el año y Super Aguri dejó de ser simpático cuando Honda le cedió su motor de 2006. Un solo curso de desventaja y con un propulsor que era candidato al título en la pretemporada. Ya no tan distantes, dejaron de ser graciosos. Lo que nadie calculaba era el salto de calidad, la primera en la frente para sus hermanos mayores. La experiencia de doce meses con Bridgestone ha puesto en órbita a los nipones, que han exprimido a su favor el trabajo con el único proveedor de neumáticos. El fichaje de un piloto bien considerado como Davidson ha añadido el último AP Según la vieja tradición de los samurái, nada hay peor que el deshonor. Y aunque para Honda ese sentimiento no llegue a ser tan profundo, el sonrojo sí ha subido por su rostro. Super Aguri compite con el motor Honda de 2006 que montaban Button y Barrichello. Es decir, el actual propulsor Honda es peor que el del año pasado. La entrada de Super Aguri en la F- 1 llegó teñida de polémica por parte de los talibanes de la tradición. El farolillo rojo estaba adjudicado por decreto para este equipo impulsado por el ex piloto Aguri Suzuki que puso a última hora los 48 millones de tarifa Ecclestone para conseguir una licencia. tornillo a un engranaje que ha comenzado a andar solo. Ayer por la mañana, en la presentación de la carrera, Fernando Alonso y Giancarlo Fisichella echaron unas carcajadas con Sato a cuenta de su buena clasificación. El japonés inclinó repetidamente la cabeza en gesto típico de su isla, sin soltar un segundo la sonrisa. Mientras Honda sufre con el adiós de Michelín y no adapta su coche anti- cambio climático a las nuevas gomas, su equipo filial se ha subido a las barbas y ya no cuelga los comunicados con chinchetas y escritos a mano en las salas de Prensa de la Fórmula 1. Hamilton presenta sus credenciales Desde 1996- -Villeneuve- -no subía al podio un debutante en su primera carrera J. C. C. MELBOURNE. El tipo más feliz ayer en Melbourne era Lewis Hamilton. No hacía falta recurrir a ninguna unidad de medida, el santasanctórum de la Fórmula 1. Bastaba con ver su cara en el podio, su repertorio de gestos y esa espontánea reacción de rociar con champán a sus colegas según mandan los cánones de este deporte. En los últimos tiempos, el podio y las burbujas han dejado paso a una fría compostura con la que se rellena el formulario. El juvenil inglés no puso reparos a que todo el mundo descubriese su grado de satisfacción. Él mismo elevó el tono vital en las declaraciones. Estoy en un absoluto éxtasis dijo el inglés en el resumen de su primera carrera en F- 1, resuelta con el tercer puesto. El resultado es mucho más de lo que nunca hubiera llegado a imaginar Ningún debutante desde Jacques Villeneuve en 1996 había logrado subirse al podio en su debut. Feliz él y feliz su equipo. El campamento McLaren es la esencia de lo británico y para muestra el botón del sábado en la contrarreloj. Un aplauso cortés saludó el segundo puesto de Alonso en la parrilla. Un aullido frenético, el cuarto de Hamilton. Es la joya de la corona, la apuesta de Ron Dennis desde que era un niño con doce años y se entusiasmó con su arrojo cuando le dijo en la cara aquello de algún día correré en tu equipo Hijo de un emigrante de las Antillas que viajó a Londres para trabajar en el metro en 1950, Hamilton debe su nombre a Carl Lewis, del que su padre era fanático seguidor. Tal fuerza interior emanaba de Hamilton que zanjó de inmediato cualquier atisbo de polémica sobre la segunda parada en el garaje McLaren, que favoreció a Fernando Alonso, a fin de cuentas el que luce galones en el equipo. Fernando me pasó en la segunda parada y luego me encontré con problemas con los doblados Lejos de la controversia, el británico presentó sus credenciales al mundillo, al tiempo que un escalofrío debió recorrer el cuerpo de Pedro Martínez de la Rosa, el catalán que le disputó ese volante. He cometido algunos errores, pero nada ha sido más importante que todo lo que me he divertido. No ha sido fácil tener al campeón del mundo detrás durante tanto tiempo