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ABC LUNES 19- -3- -2007 El dominicano Juan Luis Guerra regresa con el disco La llave de mi corazón 71 López Rubio y Neville, de pie, junto a Charlie Chaplin y Ugarte sarse, quieto en su asiento bajo un amplio toldo para eludir el sol californiano, bebiendo ginebra con limonada, mientras comentaba que para él era mucho más fatigoso ver que jugar. No sé si la residencia del genial intérprete de Luces de la ciudad sería la última que tuvo antes de regresar con Oona O Neill y los entonces niños a Europa para quedarse hasta su muerte, la de 1085- Summit Drive, que años más tarde compraría George Hamilton con dinero digamos que caído del cielo, y donde yo he vivido mientras lanzábamos Amor al primer mordisco Sin embargo, el primer grupo español que se abrió paso en Hollywood fue el del madrileño Antonio Moreno, Temptress al lado de Greta Garbo, y el mallorquín Fortuno Bonanova, que intervendría en Ciudadano Kane junto a Orson Welles. También aparecieron Conchita Montenegro, que abandonó el cine en la década de los cuarenta, al casarse con el diplomático Ricardo Giménez Arnau, y que hoy debe de vivir en su residencia situada en una de las calles de los Comuneros, lejos del mundanal cine, parte distinguida de la capital. No se debe tampoco olvidar a Catalina Barcena, Gregorio Martínez Sierra y Rosita Díaz Gimeno, que acabó siendo una total neoyorquina. De Neville, a quien menos me acerqué de esa otra Generación del 27, le brotaba a raudales su ocurrencia, como definir al pingüino como un mamífero desdentado, llamado así porque siempre va vestido de noche. Enrique Herreros Escritor NEVILLE, EL EMBAJADOR EN HOLLYWOOD Ugarte, Stan Laurel, Oliver Hardy, López Rubio y Neville, en Hollywood en 1929 ña habría resultado estridente En Hollywood, Neville trabajó- -junto con José López Rubio, José Crespo, Conchita Montenegro o Eduardo Ugarte- -en las versiones hispanas que estudios como la Metro realizaban de sus primeros filmes sonoros. En Hollywood conoció y mantuvo amistad con figuras como Charles Chaplin (Neville llegó a trabajar como actor en Luces en la ciudad aunque la escena en la que intervenía fue eliminada) Stan Laurel, Oliver Hardy (El gordo y el flaco) Douglas Fairbanks o Mary Pickford. Neville volvió a España el 13 de julio de 1936, un mal día según lo describe el propio autor del libro. Por entonces, Neville tenía treinta y siete años, contaba con una fortuna familiar, acrecentada gracias a su matrimonio, y era reconocido en los ambientes culturales por sus colaboraciones periodísticas y sus primeras obras literarias, teatrales y cinematográficas El libro recorre a lo largo de sus once capítulos más un epílogo, sin afán cronológico y sí con pinceladas que tratan de elaborar un retrato lo más completo posible, la trayectoria vital y profesional de Neville desde su regreso a España en vísperas de la guerra civil. Son muchas las caras del prisma que trata de iluminar el autor, y que muestran a un Neville que vio esperanzado la llegada de la República, aunque más tarde le defraudaría la llegada al poder del Frente Popular FOTOS: ABC En Hollywood, Neville se hizo amigo de figuras como Charles Chaplin y Douglas Fairbanks el régimen se convirtió en una dictadura policíaca y el individuo se vio desasistido del apoyo del Estado un Neville que se afiliaría a la Falange, al que trató con animosidad y del que receló en principio el régimen franquista- algunos nunca le perdonaron su pasado y, sobre todo, su sentido de la independencia del que fue finalmente, según el autor, un eficaz propagandista en algunos momentos. Sin embargo, escribe Ríos Cataralá, lo suyo era la literatura y el cine; con humor, sin pretensiones trascendentes y, ni mucho menos, afán proselitista o de combate. Y, sobre todo, el disfrute de una vida que le había recompensado sin demasiados sacrificios. Pronto las circunstancias le llevaron a un cambio de orientación: los objetivos prioritarios pasaron a ser la seguridad personal y la conservación de su privilegiada situación dgar Neville era el embajador de Charlot en Hollywood; así lo asegura el actor Julio Peña en una entrevista publicada en la buscada revista Cinegramas, en el número 92, del 14 de junio de 1936, cuya opinión refrenda el decorador Santiago Ontañón. Neville comandaba el grupito español que cayó por la entonces Meca del Cine a principios de los años treinta, formado principalmente por él, Antonio de Lara Tono Enrique Jardiel Poncela y José López Rubio. Fueron a la ciudad de las descomunales palmeras para intervenir en las versiones españolas de algunas superproducciones Metro que obtenían la doble versión, cambiando técnicos y reparto, como por ejemplo en El presidio cuya versión española protagonizaban Juan de Landa y la americana Wallace Beery. Neville hablaba inglés perfectamente y cuando el grupo iba a casa de Chaplin era quien traducía las geniales ocurrencias que soltaba Tono sobre la marcha al observar una interminable partida de tenis sin can- E