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34 INTERNACIONAL LUNES 19 s 3 s 2007 ABC AUGE Y CAÍDA DE CONRAD BLACK El magnate de los medios de comunicación internacionales tendrá que comparecer ante los tribunales para defenderse de unas graves, oscuras y quizá poco fundamentadas acusaciones ba sus propinas como gastos, y Conrad hizo lo mismo con la fastuosa fiesta de cumpleaños de su mujer en La Grenouille. La famosa fiesta de cumpleaños (a la que- -tengo que confesar- -asistí) tuvo lugar después de una reunión de dos días con directores de Hollinger. Entre los invitados estaban esos directores, altos cargos de Hollinger, clientes, famosos de los medios de comunicación, y sus mujeres. En resumen, la fiesta de cumpleaños en realidad fue una cena para directores y, como tal, corrió legítimamente por cuenta de Hollinger. Pero Black sufragó un tercio de los costes de la velada sólo para curarse en salud. Y al parecer, en vano. ¿Y qué hay de la carnaza? La principal acusación contra Black guarda relación con unos acuerdos de no competencia sumas desembolsadas por el comprador de un periódico para que el vendedor no aparezca más tarde y lance un periódico rival en el mismo mercado. Black y altos cargos de la empresa negociaron varios acuerdos de este tipo, pero lo organizaron de forma que el dinero les fuese abonado directamente a ellos, y no a Hollinger. La acusación dice que éste fue un saqueo ilegítimo de la empresa. Pero, ¿lo fue? El difunto Izzy Asper, el magnate canadiense que realizó la mayor compra de periódicos a Hollinger, dijo expresamente que quería que los pagos de no competencia recayeran en Black y su equipo de dirección y no en la empresa. (Por suerte para Black, también plasmó esta insistencia en una carta) John O Sullivan Investigador del Instituto Hudson de Washington y ex director del National Review l magnate de los medios de comunicación internacionales lord Black de Crossharbour, Conrad Black, está siendo juzgado por varios delitos financieros, desde el fraude de correo a la evasión de impuestos, relacionados con su gestión de las empresas Hollinger Inc. y Hollinger International. Black había erigido un imperio mediático que incluía los dos Telegraph en Gran Bretaña, The Chicago Sun- Times The Jerusalem Post The London Spectator los principales periódicos regionales del grupo Southam en Canadá, y una cadena norteamericana de periódicos locales y regionales, todo ello bajo el paraguas de Hollinger. Su junta directiva incluía a nombres tan señalados como Henry Kissinger y el gobernador de Illinois, Jim Thompson. Es una historia que ha saltado de la sección de negocios a la primera plana de los periódicos sensacionalistas por ser Black quien es y por lo que hace: Par del Reino Británico, biógrafo de Franklin D. Roosevelt y ahora de Nixon, un magnate de la jet- set con casas en Londres, Toronto, Nueva York y Palm Beach, un conservador declarado con un gusto por las profecías de Buckley y, sobre todo, marido de Barbara Amiel, a quien la revista británica Private Eye describió en su día, empleando un raro eufemismo, como una reaccionaria gatita glamurosa El problema de Black cuando acuda a los tribunales es que ya ha sido condenado en los medios de comunicación. La versión de los medios sensacionalistas dice así: turbio canadiense roba The Daily Telegraph se casa con una zorra rica, saquea una empresa para que ella pueda vestir de visón, es descubierto por pequeños accionistas, cazado por un legislador honesto, y ahora afronta una cadena perpetua Aquí hay carnaza y chismorreo. El chismorreo es la alegación del informe de un comité especial de Hollinger que afirmaba que los Black vivían por todo lo alto a costa de la empresa. Por ejemplo, Barbara pasa- E de todos los esfuerzos de Black, el precio de las acciones siguió siendo pertinazmente bajo. Los accionistas de Hollinger estaban cada vez más cabreados. Unos pagos a Black y a altos cargos, que habrían pasado desapercibidos o se habrían aceptado de forma generalizada cuando la gallina de los huevos de oro de repente se convirtieron en motivo de desconfianza. Eso a su vez alertó a los tipos atentos de Wall Street sobre la posibilidad de comprar acciones a bajo precio y propiciar así la marcha de Black, y (eso creían ellos) ver cómo subían fácilmente y daban una buena rentabilidad. supone que el gobierno empresarial otorga a los accionistas un mayor poder en las empresas de las que son propietarios, con vistas a garantizar un mejor trato económico por parte de los administradores y directores. En el caso de Hollinger, desde 2003, el gobierno empresarial decidió gestionarla mediante una alianza de directores recién nombrados (hostiles a Black) legisladores y los tribunales. En la medida en que puede discernirse algún principio rector de las acciones de esta alianza, éste era llevar a cabo una venganza legal contra Black más que proteger los intereses de los accionistas. Un ejemplo flagrante de esto se vio cuando la Comisión de Valores de Ontario, presionada por Richard Bredeen (un ex jefe de la Comisión de Bolsa y Valores estadounidense que dirigió la investigación de Hollinger sobre sí misma) falló en contra de que Black privatizara Hollinger, ofreciéndose a comprar sus acciones a un precio de 4,86 euros. Actualmente, esas acciones cotizan a 0,75 euros. En general, tanto los legisladores como los tribunales han considerado más prioritario pararle los pies a Black que enriquecer a los accionistas de Hollinger. En términos generales, las consecuencias para Hollinger han sido desastrosas. Lo que en su día fue un grupo de prensa global hoy es un diario metropolitano estadounidense y una penumbra de periódicos locales más pequeños. El precio de sus acciones, que superaba los 11 euros cuando Black dimitió, ahora ronda los tres. Sus pérdidas en honorarios legales, costes de regulación, sueldos y complementos de sus directores y otros gastos ascienden a 102 millones de euros en tres años. El supuesto desfalco de Black y los demás: 150 millones de euros en diez. (Ahora Hollinger tiene otro nombre y un nuevo consejero delegado) Pero el objetivo principal se ha conseguido, al menos en parte: Black está siendo juzgado ahora; de hecho, es tentador añadir juzgado por su vida Se Conrad Black abandona el tribunal de Chicago que le juzga cil y su elegante mujer fatal. Pero el verdadero responsable del auge y caída de Conrad es otro magnate de los medios de comunicación, Rupert Murdoch. Murdoch echó por tierra el poder de los sindicatos cuando trasladó The Times a una nueva instalación no sindicada. Black y otros propietarios se apresuraron a seguir su ejemplo. En consecuencia, entre 1986 y 1993, The Daily Telegraph fue una gallina de los huevos de oro que complació a los accionistas de Hollinger y posibilitó otras empresas y adquisiciones. No obstante, en septiembre de 1993, Murdoch se embarcó en una guerra de precios. Rebajó un tercio el precio de The Times Tras resistirse, Black tuvo igualar el recorte de Murdoch. Éste rebajó inmediatamente su precio otro tercio. Dado que el periódico suponía cerca de la mitad de los beneficios de Hollinger en todo el mundo, la guerra de precios privó a la empresa de los recursos necesarios para su expansión e impuso una presión a la baja y a largo plazo sobre el valor de sus acciones. Ello supuso que el pago de las deudas corporativas de Hollinger tuviese que ser aplazado. Incluso los detractores de AP la acusación es que Black engañó a su ilustre junta directiva con los acuerdos de no competencia (y otros pagos) aunque por lo demás fuesen legítimos. Eso es algo que tendrán que decidir los tribunales, por supuesto, pero, a juzgar por las apariencias, es poco plausible que Black hubiese podido encandilar con tejemanejes económicos a una junta que contaba con tantos prohombres sagaces si éstos hubiesen estado cumpliendo con su deber. Ahora que Hollinger ha retirado sus demandas contra estos directores, es la única interpretación que le queda al tribunal. Algunas de las más preclaras figuras estadounidenses podrían verse obligadas a declarar que fueron embaucadas por un canadiense de labia fá- Unrecursosecundariopara Black reconocen que mejoró enormemente los grandes periódicos de los que tomó el control. Pero además lanzó un influyente periódico nacional en Canadá en la forma de The National Post Éste tuvo inmediatamente una extraordinaria acogida y alcanzó una tirada de más de 350.000 ejemplares. Sin embargo, lanzar un periódico cuesta dinero. The National Post nació en 1998 y se comió los pocos ingresos que ahora se obtenían de The Daily Telegraph A finales de los años noventa, a pesar El verdadero responsable del auge y caída de Black es Rupert Murdoch, el también magnate editor de The Times Incluso los detractores de Black reconocen que mejoró enormemente los grandes periódicos de los que tomó el control