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20 ESPAÑA LUNES 19 s 3 s 2007 ABC EL OBSERVATORIO Germán Yanke IRAK Y NUESTRO LUGAR EN EL MUNDO L tercer aniversario de las elecciones de 2004 coincide con el cuarto del inicio del conflicto en Irak. El PSOE, que no ha podido celebrar demasiado airosamente el triunfo electoral en medio de la crisis política y la presión de la oposición, sí ha salido sin embargo a la calle- -aunque sin la presencia de sus máximos dirigentes- -para protestar de nuevo contra la guerra y exigir al ex presidente Aznar que pida perdón. No deja de ser una paradoja ver al Gobierno actual (no olvidemos que el presidente Rodríguez Zapatero es secretario general del PSOE) manifestarse contra el anterior recurriendo, ya que no hay otra responsabilidad que dirimir, a la moralina de exigir que se pida perdón, como si eso llevara consigo que, efectivamente, se le fuera a perdonar. José María Aznar, como se sabe, reconoció hace algunas semanas que en Irak no había armas de destrucción masiva, como creyó en el momento en que Estados Unidos y sus aliados comenzaron la intervención militar en Irak. Lo hizo, también hay que recordarlo, más tarde y, si se me permite la expresión, más de pasada que el presidente Bush y el primer ministro británico Tony Blair, por citar a sus acompañantes en la famosa foto de las Azores. Pero si queremos hacernos una idea completa de lo que ocurría en Irak en aquel momento, no estaría de más subrayar que uno de los más agrios críticos de la política exterior norteamericana, el pensador esloveno Slavoj Zizek, ahora de moda, escribió en Irak. La tetera prestada que habría que considerar la razón que había en el argumento de Christopher Hitchens: Sadam Husein era un dictador sanguinario, con un abrumador historial de represión y asesinatos, que merecía una intervención exterior para detenerle. s difícil negar que no se hizo bien, fundamentalmente porque no se organizó adecuadamente la seguridad de un país complicado y tenso como Irak tras el derrocamiento del dictador y porque faltó la consideración adecuada (por otra parte tan straussiana, tan propia al que se tiene por padre espiritual de los neoconservadores) de que una democracia precisa no sólo instituciones sino un entramado de rela- Al parecer, en España resulta más fácil, aunque sea más irresponsable, remitirse a una visión unilateral y simple del pasado o demagógica del presente que ofrecer soluciones eficaces y tener un papel influyente, del tipo que sea, en los grandes problemas internacionales del momento E sulta más fácil, aunque sea más irresponsable, remitirse a una visión unilateral y simple del pasado o demagógica del presente que ofrecer soluciones eficaces y tener un papel influyente, del tipo que sea, en los grandes problemas internacionales del momento. El partido gubernamental se suma a las manifestaciones que bajo la manta de la paz son contra los Estados Unidos y el de la oposición, en vez de proponer una política exterior consecuente que no olvide esta candente cuestión, responde una y otra vez que es un asunto pasado. Si estamos fuera del mundo, me parece, lo estamos ahora doblemente. Entre la calentura de unos y el complejo de otros, doblemente fuera del debate serio y de un papel mínimamente influyente. uelvo a Hitchens: Sadam merecía una intervención internacional. No entraré ahora en la que hubiera sido más eficaz y ajustada. Me interesa su contrario, el triunfo de la idea de que no merecía nada- -o al menos nada por nuestra parte- -como no lo merece ningún dictador, sea cual sea el tipo y el nivel de represión que ejerzan contra las vidas y los derechos individuales de sus ciudadanos. En la manifestación que se celebró el sábado en Barcelona se vio una gran pancarta en la que se leía No al Guantánamo global Suena bien, toda una muestra de moderada visión de los peligros del mundo... La ironía es que la manifestación coincide también con otro aniversario porque, poco después de la intervención aliada en Irak, la dictadura cubana comenzó un nuevo episodio de su reiterada represión en el que fueron encarcelados y torturados un nutrido grupo de periodistas, activistas e intelectuales disidentes. Muchos de ellos siguen en las cárceles, algunos en huelga de hambre, bastantes en las degradantes cárceles que Oswaldo José Payá ha llamado en estas mismas páginas el otro Guantánamo del que dice con un dolor y una rabia que no deberíamos olvidar que supone un escándalo que no sea un escándalo. Junto al artículo de Payá en ABC, una foto en la que aparece el ministro Moratinos con el canciller cubano Pérez Roque da cuenta del buen nivel de las relaciones entre nuestro país y Cuba. No merecen nada, al menos nada salvo parabienes. Y en Venezuela y en Bolivia y en Ecuador (por citar sólo países que nos son próximos culturalmente) sus dirigentes se deslizan hacia la dictadura. No merecen nada. Estamos muy cómodos, pero muy lejos del mundo. V E ciones y costumbres que precisan tiempo, voluntad propia y no sólo una intervención exterior. La crítica legítima a lo ocurrido en Irak no puede hacerse como si fuera el desideratum de la ciencia o un dogma de las relaciones internacionales en el que no caben las opiniones y la divergencia. Y sin reparar en que ese país ha acudido ya en varias ocasiones a las urnas, con porcentajes de participación más que considerables y que los ataques terroristas que sufre día a día tienen como principal objetivo no los militares estadounidenses sino acabar con el empeño de una sociedad, que es la que realmente sufre la violencia, por salir del dogma totalitario y construir un Estado de Derecho. España, bajo el gobierno del PP, apoyó una intervención militar que, según el PSOE (e in- dudablemente muchos con él) era ilegal Pero no participó en ella, por mucho que la vicepresidente De la Vega, más inclinada a sacar fruto del debate que de ajustarse a los hechos, diga que nos metieron en ella Cuando las tropas españolas llegaron a Irak, con Sadam derrocado, contaban ya con el respaldo de la ONU y, por tanto, cuando el presidente Rodríguez Zapatero decidió con urgencia inusitada su repatriación no restauraba la legalidad, son que tomaba una decisión política de las varias que la legalidad sostenía. hora mismo hay un amplio, intenso e interesante debate en el mundo occidental, y en los Estados Unidos de modo más visible, sobre el futuro de Irak y de la presencia de militares occidentales en ese país. Al parecer, en España re- A