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ABC DOMINGO 18 s 3 s 2007 CULTURAyESPECTÁCULOS 89 Juventudes musicales Haydn: Las estaciones Intérpretes: Rebecca Evans, James Gilchrist, Dietrich Henschel, Monteverdi Choir, English Baroque Soloists. Director: John Eliot Gardiner. Lugar: Auditorio Nacional, Madrid Pasa la vida A. G. L. Cada día se hace más innecesario mirar al cielo. El reloj ya no es el sol, apenas cae agua y el frío es escaso. Pero hubo un tiempo en el que la vida venía ordenada desde las alturas. Por eso se pintaba, se escribía y hasta se cantaba a las estaciones. El asunto fue muy popular en la primera mitad del siglo XVIII, e incluso después. En buena medida porque tras su devenir se adivinaban las edades del hombre. Había un cierto simbolismo metafísico y sagrado en la observación del tránsito de la primavera, donde todo revive al invierno, lugar de la tumba que se muestra abierta Hay que tener en cuenta el asunto para comprender el trabajo de John Eliot Gardiner quien, bajo su impecable compostura, ha vuelto a Madrid para dirigir Las estaciones de Haydn. Tímida la primavera, hermoso el verano, entrañable el otoño y recogido el invierno; marcando como punto culminante el momento de beber, cantar y bailar tras la cosecha otoñal. También es cierto que el gran arco dibujado por Gardiner fue comprensiblemente humano, al surgir desde muy abajo, cuando los intérpretes todavía buscaban el equilibrio, especialmente el Coro Monteverdi apocado a la espera del despertar del verano y su anuncio mediante un muy interesante efecto tímbrico de la cuerda. Fue ahí donde comenzaron las sutilezas de todos y no sólo del estupendo grupo de metales y timbalero. El sol trajo la vida a esta interpretación accidentada por el estornudar del oboe esporádicamente aquejado de alergia ante la majestuosidad ignea Y decir todos incluye al barítono Dietrich Henschel dueño de un estilo muy elaborado. Por su propia idiosincrasia, se le vio cómodo sumergido en la contención vocal a la que Gardiner lleva a sus solistas. De ahí, también, el buen hacer del tenor James Gilchrist, cantante de voz trabajada y con recursos, capaz de muchos detalles en su cavatina veraniega. En otra dimensión se situó la soprano Rebecca Evans, por calidad y ejecución. Sus pianísimos mezclados con los pizzicatti previos al invierno lo dijeron todo. Una vista del café emplazado en pleno corazón de la Ciudad Prohibida de los emperadores AFP La cafetería Starbucks de la Ciudad Prohibida quita el sueño a los chinos La opinión pública china se rebela contra un establecimiento de la cadena americana instalado desde hace siete años dentro del antiguo Palacio Imperial PABLO M. DÍEZ CORRESPONSAL PEKÍN. Para asombro de los más de siete millones de turistas que visitan cada año la Ciudad Prohibida de Pekín, una cafetería de la popular cadena americana Starbucks se levanta en medio de los pabellones de madera que componen este histórico palacio imperial. Desde 1421 hasta 1911, durante los cinco siglos que alojó a 24 monarcas de las dinastías Ming y Qing hasta la caída del último emperador Pu Yi, nadie podía entrar en este colosal recinto de 720.000 metros cuadrados que estaba reservado exclusivamente para la corte. Pero las cosas han cambiado tanto desde que la otrora China comunista abrazó el capitalismo que la Ciudad Prohibida ya no está abierta sólo para los visitantes, sino también para las multinacionales extranjeras. Y es que justo al dejar atrás el Salón de la Armonía Preservada, donde se celebraban primero grandes banquetes y luego exámenes imperiales, los turistas pueden recuperar fuerzas saboreando un Frapuccino un chocolate caliente o un sándwich en un Starbucks enclavado a la mitad del recorrido por el monumento. El establecimiento se sitúa a la derecha de la impresionante calzada de mármol con dragones esculpidos por donde el emperador era trasladado en palanquín a lo largo de su único bloque de 25 de metros de largo, que fue transportado a la Ciudad Prohibida sobre hielo para que no se rompiera. En esta explanada que comunica el Salón de la Armonía Preservada con el Palacio de la Pureza Celestial, el Starbucks se ubica en un pequeño rincón dentro de uno de los muchos pabellones de madera que, ocupados por tiendas de souvenirs pueblan el recinto. El hecho de que la Ciudad Prohibida, que fue declarada en 1987 Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, albergue un local como Starbucks levanta ampollas entre los chinos desde que, hace siete años, abrió sus puertas. Para evitar controversias, sus responsables decidieron retirar los letreros de su fachada, pero ni por ésas han podido acallar las voces que claman por su expulsión del antiguo palacio imperial. El último en abrir este debate ha sido el diputado Jiang Hongbin, quien ha aprovechado la celebración de la Asamblea Nacional Popular, el máximo órgano legislativo de China, para pedir su cierre. Starbucks debe salir de la Ciudad Prohibida inmediatamente porque no se le puede permitir que siga mancillando la cultura china por más tiempo aseguró el parlamentario, que recoge el testigo de la cruzada contra la marca estadounidense lanzada por el presentador de televisión Rui Chenggang. Aunque resulte bastante chocante, el caso de Starbucks no es el único, ya que entre los 800 edificios y casi 9.000 habitaciones existentes en el recinto hay numerosas tiendas de regalos, salones de té, cantinas y hasta otra cafetería de la cadena Jazz Island, situada dentro del Jardín Imperial. Por otra parte, todas las señales indicativas lucen la marca del patrocinador, American Express, y hasta el reverso de la entrada al palacio lleva publicidad. Para defenderse, los responsables del recinto argumentan que los ingresos aportados por dichos locales y anunciantes sirven para el mantenimiento de las instalaciones. Una buena prueba de que en la nueva China comunista todo es negocio, incluyendo, por supuesto, valiosos patrimonios culturales como la Ciudad Prohibida o la Gran Muralla, uno de cuyos tramos era alquilado hasta hace poco para celebrar cada verano una multitudinaria fiesta rave que provocaba graves desperfectos al monumento. Pero ésa, aunque parecida, es otra historia... La apertura del Starbucks en Palacio levanta ampollas entre los chinos, agitados por el presentador de TV Rui Chenggang Todas las señales informativas lucen la marca de American Express, y hasta el reverso de la entrada al palacio lleva publicidad