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ABC SÁBADO 17- -3- -2007 El Festival de Málaga rindió ayer un homenaje al director Bigas Luna 73 Un Manifiesto proclama el fin de la francofonía El documento está suscrito por 44 escritores franceses JUAN PEDRO QUIÑONERO CORRESPONSAL PARÍS. Cuarenta y cuatro escritores franceses de cierta relevancia han publicado un Manifiesto anunciando una revolución copernicana con el propósito de liberar a la lengua francesa de su pacto exclusivo con la nación anunciando el fin de la francofonía y proponiendo el nacimiento de una literatura- mundo, en francés El Manifiesto tendrá la prolongación de un libro colectivo, dentro de unos meses, para elaborar el nuevo concepto francés de literatura mundo que es una versión muy tímida y parcial del concepto español elaborado de manera mucho más sistemática, hasta hoy, por Juan Ramón Jiménez, en su célebre libro Españoles de tres mundos donde se integraban en una misma cultura común a escritores de lengua española y distinto origen geográfico, como Rubén Darío (nicaragüense) José Martí (cubano) Alfonso Reyes (mexicano) Pablo Neruda (chileno) José Asunción Silva (colombiano) etc. hermanos de los grandes patriarcas de las literaturas españolas de España, Rosalía de Castro (gallega) Antonio Machado (sevillano) o Ramón de Basterra (bilbaíno) etc. etc. etc. Varias décadas después de Juan Ramón Jiménez, los escritores franceses descubren que, en verdad, buena parte de la gran literatura francesa de nuestro tiempo está escrita por autores nacidos en Argelia (Assia Djebar) Marruecos (Tahar Ben Jelloum) Martinica (Edouard Glissant) Líbano (Amin Maalouf) o Djibouti (Abdourahman A. Waberi) etc. etc. y toman buena nota, en su Manifiesto, que el español y el inglés de otros continentes son ya grandes lenguas de alcance cultural planetario. El Manifiesto que está llamado a convertirse en un gran volumen- documento comienza por recordar que, en verdad, París ha dejado de ser el centro de una cultura cuyos premios, académicos y creaciones hace mucho que tomaron otros rumbos. El Manifiesto sólo recuerse encontraba en una cita de Rimbaud, escrita tras la Comuna de París, sentenciando en un libro canónico de la poesía francesa contemporánea: Yo soy un negro Desde entonces, sucesivas generaciones de escritores franceses se han interrogado por el futuro de su lengua y cultura. Algunos de ellos, como Saint- John Perse (interlocutor de don Salvador de Madariaga, embajador de España, en el Quai d Orsay) ya sembraron muchas raíces en otras tierras y otros horizontes. Pero nadie, hasta ahora, se había atrevido a escribir en un Manifiesto: Seamos claros: la emergencia de una literatura- mundo, en lengua francesa, abierta a todos los continentes, transnacional, firma el acta de defunción de la francofonía. Nadie habla ni escribe en francófono. La francofonía es la luz de una estrella muerta. ¿Cómo pudiera sentirse nadie concernido por la lengua de un país virtual. El Manifiesto concluye de este modo: El centro (París) queda relegado entre otros centros. Estamos asistiendo a la formación de una constelación. La lengua francesa queda liberada de su pacto exclusivo con la nación y no tendrá otras fronteras que las del espíritu Hace algunas décadas, Juan Ramón Jiménez afirmaba que España y el español viajaban en la maleta donde él llevaba sus cuadernos y poemas, errante entre España y las Américas. Siglos atrás, Sor Juana Inés de la Cruz ya pertenecía a la misma patria cultural que San Juan de la Cruz. Los Españoles de tres mundos juanramonianos avanzaban el concepto cultural que los escritores franceses descubren, sin saberlo, mucho tiempo después. El Manifiesto de los cuarenta y cuatro está encabezado por autores franceses de la metrópoli, como JM Le Clézio y Michel Le Bris, y está firmado muy mayoritariamente por las grandes personalidades de la literatura francesa nacidas fuera de Francia, de Tahar Ben Jelloun a Amin Maalouf. Las fronteras del espíritu REUTERS Lenguas de alcance planetario Amin Maalouf ABC El auténtico tesoro No se puede olvidar la imagen de los talibanes dinamitando los enormes budas de Bamiyan, de más de 1.600 años. Lo que puso en guardia a una comunidad internacional que entonces empezó a darse cuenta de la mentalidad de sus adversarios. Los talibanes arrasaron el arte preislámico, pero no lo destruyeron, le dieron salida a Pakistán para que fuera vendido. Los coleccionistas particulares tienen en Afganistán un filón del que pueden obtener auténticas joyas a precios irrisorios. Lo que los talibanes no pudieron vender fue el oro bactriano. El tesoro, descubierto por el arqueólogo ruso Viktor Sariaridi en 1980, fue expuesto por los rusos para celebrar sus diez años de ocupación y acallar los rumores sobre su supuesto envío a Moscú. Después llegó la guerra civil y la dictadura talibán, pero nunca más se supo de las piezas de oro hasta que en 2003 se encontraron unas cajas de cartón en el Banco Central de Kabul. Hace un año el presidente Karzai y los representantes diplomáticos destinados en Kabul pudieron acercarse al Palacio Presidencial a contemplar veinticinco de las piezas de oro, del siglo I AC, de una colección de aproximadamente dos mil. Fue una exhibición fugaz antes de que las joyas fueran empaquetadas para sacarlas del país rumbo a museos más seguros en Europa y Estados Unidos. El Manifiesto, en uno de sus puntos, asegura: Nadie habla ni escribe en francófono. La francofonía es la luz de una estrella muerta. ¿Cómo pudiera sentirse nadie concernido por la lengua de un país virtual. da de pasada que, en verdad, los grandes autores negros en lengua francesa, Senghor y Aimé Cesaire, ya lanzaron yace mucho tiempo el movimiento cultural de la negritud cuya raíz última, recordaban ellos,