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54 AGENDA Tribuna abierta SÁBADO 17 s 3 s 2007 ABC Ana Rosa Carazo Catedrática de Lengua y Literatura Españolas MODALES UESTROS vecinos, los franceses, tienen la suerte de contar, entre los aspirantes a la presidencia de su país, con un hombre con sentido común y con una visión muy clara de algo tan esencial como la educación en las aulas. No se trata de que pertenezca a uno u otro partido político ni de que le caiga bien al personal, es que posee el don de la sensatez y es capaz de proclamar sin miedo sus puntos de vista sobre una cuestión tan debatida y tan espinosa como la educación. Me refiero naturalmente a Nicolás Sarkozy, que ha osado asegurar sin empacho que es necesario y conveniente recuperar los buenos modales, la cortesía, como, por ejemplo, que los alumnos se pongan en pie cuando el profesor entra en la clase, entre otras propuestas igualmente aceptables, a las que se les puede aplicar el viejo refrán que nuestras abuelas proclamaban con absoluto convencimiento ante cualquier muestra de mala crianza: Buen porte y buenos modales abren puertas principales Si lo que ha incluido en su programa como aspirante a la presidencia de Francia lo hubiera propuesto un ministro de educación español o N La disciplina bien entendida es una cortesía del alma y no un acto servil y mansurrón como algunos, desde su postura progre o voluntariamente miope, quieren juzgarla que si el señor Sarkozy accede a la presidencia del país vecino y propone un plan educativo que integre esta y otras propuestas de su programa, le va a resultar sumamente difícil, se diría que inviable, que se cumpla su proyecto. Está tan maleada la grey estudiantil, tan descarriadas las ovejas, tan integradas la adolescencia y la juventud en una sociedad sin valores y sin principios, en Francia, aquí y en todas partes, que me cuesta trabajo imaginar que un día las aguas vuelvan a su cauce por mucho que se lo proponga un político francés con clarividencia y sentido común. digo volver a su cauce porque hasta mi jubilación, hasta el último día de mi vida docente, mis alumnos, tanto los de primero de bachillerato como los de COU, se ponían en pie cuando yo entraba en el aula. Lo declaro con orgullo y satisfacción; y, como ya he comentado en otras ocasiones, esta muestra de respeto no menoscabó nunca una hermosa y fructífera relación ni entorpeció para nada un trato afectuoso y cordial. T o d a v í a después de muchos años, aquellos muchachos, que hoy serían tachados de pelotas o cosas peores, me visitan o me llaman por teléfono y me comentan: Qué bien lo pasábamos en clase. Y un posible presidente de nuestro gobierno, no quiero ni imaginarme la que se hubiera armado. Lo hubieran tildado de fascista, retrógrado, troglodita y no sé cuántos piropos más. Pero los franceses parecen tener un criterio más certero y una visión más clara del asunto y prueba de ello es que las encuestas le van dando ventaja a monsieur Sarkozy en su carrera electoral hacia la presidencia de la República. Y no es cuestión baladí la que motiva estas palabras. Levantarse y guardar silencio a la entrada de un profesor en el aula es un síntoma, una señal, un referente de que la enseñanza funciona, de que el alumnado tiene conciencia de lo que representa la figura del profesor, del maestro, del que les va a entregar lo mejor de sí mismo, sus conocimientos intelectuales y su experiencia vital, pues enseñanza y educación son inseparables. La disciplina bien entendida es una cortesía del alma y no un acto servil y mansurrón como algunos, desde su postura progre o voluntariamente miope, quieren juzgarla. Implica respeto, no vasallaje. Lo que sí puedo asegurar es Lola Santiago Escritora BANDERAS A tarde del sábado fue una fiesta de banderas españolas, constitucionales, roja y gualda. Ya nadie se avergüenza de exhibir con orgullo la enseña nacional, la bandera, y eran más de dos millones de españoles sin complejos ondeando banderas al aire de la tarde, y no dirán que fue un grupito de extrema derecha, no, sino la otra España, la que nos quieren negar, a la que ignoran, a la que humillan a diario contándole historias del pasado ni tan siquiera mal contadas, sino inventadas; los mismos españoles que tienen aún pudor y vergüenza ajena, y, sobre todo, un sentido de la historia y de la dignidad que se quiere ultrajada ante tanta villanía, ante tanta cesión al chantaje, y lo que es peor a tanta permisividad por parte de un gobierno que cree que irá más lejos que los anteriores con el problema vasco, por la ley del sí a todo lo que pidan y la genuflexión ante la presión etarra y su brazo político: Herri Batasuna, en L Pero se ondean las banderas y suena la Marcha Real, y en la tarde casi primaveral estas notas se unen a aquellas otras todos los órdenes: Judicial, territorial y autonómico, pidiendo que se les ceda hasta la leal Navarra, el rico granero del norte por lo que tanto es codiciada... Banderas... banderas para la historia en una tarde de decir ¡basta! tros, con la libertad, con el orgullo de llamarnos España, con las banderas de todos, con nuestras banderas, la banderita española, la roja y gualda, la constitucional, al aire de la tarde, sin ira, pero sin dar un paso atrás, banderas, banderitas, banderas l domingo, por la mañana los Reyes inauguraron el monumento a las 192 víctimas del 11 M. Un monumento de cristal para reflejar una lágrima, cien, miles de lágrimas, o simplemente, otra más; las otras 800 víctimas yacen también dispersas por todo el suelo patrio, como un rosario de claveles rojos. Alguien esa noche en un debate televisivo quiso torpemente ignorarlas porque cayeron una a una o en grupos menos numerosos que las del 11 M, y rápidamente un contertulio saltó ligero diciendo que no, que son ochocientas, y me sentí orgullosa de que la gente no se calle, de que ya estén, estemos hartos de tanto disloque, de tanto querer cambiar las cosas o hacernos comulgar con ruedas de molino, de paso levantando los ánimos con Y E luego fue el Concierto presidido por los Reyes en el Auditorio Nacional en homenaje a las víctimas del terrorismo con su presidenta, y un coro de notas subió al cielo llenándolo de un breve texto: no os olvidamos, a pesar de todo, no os olvidamos; vuestra muerte, a pesar de todo, no es inútil, a pesar de que os ignoren, de que os quieran ningunear, de que ni se os tenga en cuenta y mientras los asesinos se engolfan y chulean cada día más espoleados por una política que les viene de maravilla. Pero se ondean las banderas y suena la Marcha Real, y en la tarde casi primaveral estas notas se unen a aquellas otras: no, no os olvidamos, aquí estamos con voso- mentiras en su loca y a destiempo cruzada en seriales, películas, reportajes o entrevistas, en su intento de ganar una guerra que ya ha pasado aún a costa de mentir sobre la tan traída y llevada memoria histórica, hechos que sólo sirven para dividir España por su médula en vez de emplear esos esfuerzos en dirigirla bien, uniéndola no separándola, y en enriquecerla cultural, económica y políticamente, sin querer dejar a nadie a un lado ni humillarlo pretendiendo así acabar con los que callan pero no claudican, y ahí están defendiendo con orgullo la libertad no el chantaje que sólo conduce a un nuevo chantaje, a costa de cualquier sacrificio, incluso siendo víctima pero no se cede; rindiendo culto a los que cayeron, no olvidándolos; y defendiendo la integridad de España no cediendo ante el chantaje, no, sino con coraje o echándose a la calle, como el sábado, todos juntos, serenamente, sin ira, con un himno común y un lazo azul y banderas, banderas, muchas banderas, toda una sinfonía de banderas... banderita roja y gualda, banderas.