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S 6 17 3 07 EL DIARIO DE JENNIFER ZAMBUDIO 16 S 6 LOS SÁBADOS DE L ROSA BELMONTE Autopista hacia el cielo a primera vez que me subí a un taxi que llevaba de copiloto a la mujer del taxista me pareció rarito. Ahora hasta me siento más tranquila si me encuentro una paya en el asiento de delante, ya sea de simple acompañante nocturna (para que a su hombretón no le pase nada, supongo) ya sea porque está aprendiendo la carrera en plan becaria. Me sentiría más tranquila sobre todo cuando pillo a un chiflado en su loco cacharro. Es que te subes en un coche con un perfecto desconocido, lo que no deja de ser un poco alcassariano, y encima, sin que le hayas dicho aquello de siga a ese coche o 100 euros si me lleva al aeropuerto en diez minutos (que es algo que siempre he querido hacer) arranca quemando gomas, como si fuera Starsky en su Ford Torino. Yo me quedo pegada en el asiento e inmediatamente me pongo el cinturón. Enseguida, me conozco el percal, vendrán los frenazos bruscos y no quiero tragarme el reposacabezas, que a saber de quién es la frente que se ha estampado ahí antes. Seguro que si los del CSI pasaran sus sprays, bayetas y plumeros por uno de esos reposacabezas encontrarían restos orgánicos: granos reventados por choque, sesos, uñas clavadas, restos de cristales de gafas (sí, también los cristales son orgánicos) El pino del espejo retrovisor no llega a estar en posición vertical en ningún momento. Y yo me siento como los periquitos de Tippi Hedren en Los pájaros balanceándome en el coche camino de Bodega Bay a capricho de los bandazos del conductor chiflado. Tal como se las gastan en la conducción, más valdría que llevaran bolsas para vomitar, más útiles al efecto que las tarjetas de radio- taxi. Me evado con el cine, como Mia Farrow en La rosa púrpura del Cairo Y con la televisión, con cualquier cosa que me lleve lejos de pensar en lo cerca que estoy de la muerte, o del hospital de Toledo. A veces me sentiría más relajada subida en el taxi de la abuela de Phoebe Buffet, la de Friends Y hablando de abuelas, lo me reía de la mía enganchada al agarramanos del coche y ahora es mi mejor amigo dentro del bólido. De un carril a otro, y ahora al otro y vuelta al primero. Me dan ganas de gritar a ras, a ras, a ras. Qué daño han hecho Carlos Sainz y Fernando Alonso. Así no se puede trabajar. Ni se puede sacar el ordenador, ni escribir (para apuntarme la licencia para mi lista negra) ni siquie- Thelma y Louise, poco antes de renunciar a una brillante carrera como taxistas ra hablar por teléfono. Me suena el mío. Cuando consigo cogerlo, veo que se trata de Ludmila, mi cliente rusa, mi rica cliente rusa. Que si ya he contratado a Gisela para la comunión de su hija. Mi ABC Alonso, hijo, qué ejemplos nos das... AFP Enseguida, me conozco el percal, vendrán los frenazos bruscos y no quiero tragarme el reposacabezas, que a saber de quién es la frente que se ha estampado ahí antes clienta rusa cree que yo soy la persona indicada para contratar una cantante porque cree que los abogados tienen que ser como el abogado de El padrino Y efectivamente lo soy, qué más me da. En el fondo prefiero eso que ir a los juzgados. 12.000 euros por media hora de canciones de la triunfita. Mira, ahora no puedo hablar, pero no te preocupes por eso. Y si no me vuelves a ver, habla con mi secretaria, que lleva el asunto. ¿Cómo que si no te a verrr, ¿Esss que te vasss del Quizá más lejos. Casi siempre me tocan estos tragos yendo sola. Aunque una vez iba con Julia, que aseguraba en voz baja preferir un conductor temerario que uno apestoso (asentí) pero, eso sí, echaba en falta como banda sonora la música de Bernard Herrmann para Taxi Driver Nos habría gustado para morir mucho más que la COPE, y, además, da menos miedo. Nos cogimos de la mano, como Thelma y Louise. Palmarla nos daba un poco igual, aunque en aquel momento de incierto futuro nos habría molado hacerlo solas, no en compañía de Farru- Taxi.