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17 3 07 ENTREVISTA El autor de Cazador blanco. Corazón negro revive desde Marbella, el paraíso soñado junto a su mujer Deborah Kerr, el Hollywood de la edad de oro, repasa su relación con estrellas de la talla de Chaplin, Huston o Eastwood, rememora su descubrimiento de España de la mano de Hemingway y asiste a la publicación en español de Una bicicleta en la playa (Edit. Berenice) con la que regresa a la California de su adolescencia y al cine de los años 30. Fanático surfista, Viertel (Dresde, 1920) afronta su vida de 86 años a lomos de una ola perfecta Viertel junto a su esposa, Deborah Kerr, en el jardín de su casa de Marbella, en 1980. Hoy la actriz padece los estragos del parkinson Peter Viertel Guionista de Hollywood y escritor No seguiría a Eastwood en su carrera con la muerte POR VIRGINIA RÓDENAS FOTOS ABC Olas en Biarritz Él trajo el surf Preparo un nuevo volumen de memorias porque 86 años es una buena edad para escribir sobre los momentos excitantes y dramáticos que he vivido en los marines, en el cine y el surf. Fuimos nosotros, Dick Zanuck y yo, quienes a mediados de los cincuenta trajimos la primera tabla a Biarritz, donde nos prohibían meternos en el agua cuando había olas grandes. Fue con motivo del rodaje en España de Fiesta de la que yo hice el guión. El surf es fuego, es pasión -Desde pequeño, y gracias a las veladas que organizaba su madre, la escritora Salka Steuermann Viertel, en su casa de Mabery Road, se codeó con la Dietrich o Chaplin. ¿Cómo fue aquella infancia de cine? -Tuve la oportunidad de aprender mucho y tal vez por eso fuera un escritor precoz, ya que escribí mi primera novela con 18 años. Porque por la casa de mis padres pasaron desde Joan Crawford a Chaplin, pero también escritores como Mann o Huxley. Por eso no fue un ambiente totalmente de cine, y sí de interés. De joven yo estaba más impresionado con Huxley que con Chaplin, porque el primero pudo ayudarnos a hacer mejor los problemas del colegio. La juventud de mi generación estuvo sobre todo tocada por la política de Hitler. Mis padres tuvieron la suerte de irse de Alemania antes del nazismo, pero lo que latía en aquellos días era el peligro de la guerra que vendría seguro mientras que en EE. UU. más ensimis- mado que ahora, se ignoraba la catástrofe que estaba en marcha. -Se ha dicho que la casa de los Viertel fue un refugio de la intelectualidad europea cuando el Viejo Continente convulsionaba. ¿Cómo fue su relación con aquellos visitantes ilustres? ¿Le marcó alguno en especial? -Refugio es mucho decir. Mi madre fue, además de simpática y generosa, excelente cocinera, y su casa fue un centro no sólo para acoger a la gente de Alemania y de Austria que huía de Hitler, sino una referencia para los americanos que se interesaban por Europa y su talento. George Breitman también vino una o dos veces. Y no sólo letras y cine sino música, porque mi tío era pianista concertista y mi primo es ahora un reconocido director de orquesta. Realmente era un mundo completo. El que John Huston era de enorme talento pero tan egoísta que hasta tenía un punto peligroso más me marcó fue Christopher Isherwood, íntimo amigo de Auden, más cerca de mi edad, escritor inglés homosexual, aunque ése no fue nunca mi caso, y no digo gracias a Dios porque esas cosas están mal vistas ahora. Él se interesó por mi primer libro y me dio consejos. La única cosa de Isherwood que siempre me molestó es que se fuera de Inglaterra con Auden cuando empezó la guerra. Luego vendría la influencia de Hemingway, más física que literaria, con el que vine a Madrid, por primera vez, tras la guerra civil. -Ha trabajado con muchos directores épicos (Huston, Hitchcock... ¿Su favorito? -Un talento enorme ha sido el de Huston, que yo creo que no pudo realizarse en plenitud salvo en un par de películas. El cine siempre es una lucha entre la gente de talento y la gente de dinero, los productores, y ése ha sido el problema no sólo de Huston, sino de todos los grandes. William Wyler ha sido una excepción. La gente habla mucho del