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86 CULTURAyESPECTÁCULOS Francisco Ayala cumple hoy 101 años VIERNES 16 s 3 s 2007 ABC (Viene de la página anterior) eso porque no puedo decir nada muy optimista, y no quiero decir nada pesimista tampoco. Así, como no lo voy a ver, prefiero ignorarlo en principio, ni siquiera como imaginación. -En estos tiempos convulsos, ¿cuál cree usted que debe ser el compromiso del intelectual con los ciudadanos, con la sociedad y con el Estado? -Es, ante todo, un compromiso consigo mismo: mantenerse fiel a sus convicciones fundamentales, y expresarlas con la discreción y oportunidad que las circunstancias aconsejen. -Como profesor de Ciencias Políticas y de Literatura usted se libró de someter la invención poética a las servidumbres de la dura realidad. ¿Cómo lo logró? -Yo nunca he querido vivir de la literatura. En resumidas cuentas, este centenario ha sido una especie de recompensa por lo que uno pueda haber hecho de bueno, si es que he hecho algo bueno. -Me refiero a mucha gente que está viviendo de escribir artículos. Yo he escrito muchos artículos, pero no he dependido de ellos como un modo de vivir. Si yo escribo un artículo es porque quiero ofrecer una opinión. Es decir, por el interés en el tema, no por lo que pudiera cobrar por haberlo escrito. -En efecto, al cabo de un siglo he venido a darme cuenta de que la llamada realidad no existe, pues solamente existe cuando se la toma en cuenta intelectual o intelectivamente al menos. Porque el objeto que está en la calle, el pedrusco, el árbol, si no hay una capacidad humana que lo dé como tal árbol, como tal pedrusco, no existe: es materia inerte; no dice nada, no habla. Hay que hacerle hablar, y solamente el ser humano le presta voz. -Para usted la verdadera realidad es tan sólo aquella que encuentra expresión bajo forma literaria. ¿La vida es la literatura? -No siempre alcanzo bien lo que quiere decirse con eso. Cada cual tiene el recuerdo así como aquello que ha aprendido de un modo u otro a lo largo de su vida. ¿El binomio memoria histórica es correcto? ¿Qué opina de la Ley de Memoria Histórica? ¿Qué sentido tiene para usted la vocación poética, literaria, humana, vital, permanente, conspicua, inmortal? Hoy la gente escribe para cobrar en un oficio cada vez más altruista, ¿no cree? -Es una profesión muy digna y respetable. Ahora, no es que me parezca mal; me parece bien, pero yo no la he asumido como profesión mía. Mi profesión ha sido otra: funcionario, profesor, enseñante... pero no la de literato, la de escritor, que ha sido accidental en mi vida. Pero es un accidente que me ha acompañado a lo largo de todo mi siglo. -Un accidente que le empuja a escribir a diario. ¿De la realidad y el verbo surge el misterio de la creación? -Yo creo que sí. Esos son los caminos secretos de la creación. -Evidentemente, porque crea la conciencia de la realidad de la vida, de que la vida es la realidad. -Bueno, no he tenido ningún reproche que hacerme si no escribía un día o una semana; no pasa nada, pero la verdad es que he escrito con bastante regularidad y frecuencia. He escrito demasiado durante demasiado tiempo. ¿La literatura humaniza la vida? -Mario Vargas Llosa definió de modo sublime la literatura: Es una orgía perpetua Francisco Ayala con su mujer, Carolyn, su más fiel colaboradora hecho en mi caso y lo que cada cual hace en el respectivo. Cuando Francisco Ayala era un niño estalló la Primera Guerra Mundial y su padre, quizás con fines educativos, le pidió cada mañana que le leyera el periódico de Granada con las noticias bélicas. -Yo creo que él lo hacía- -recuerda Ayala- -para estimularme, para probarme. Me pedía que le leyera tal o cual noticia del frente europeo, repletas de nombres de ciudades francesas, que eran extranjeros para nosotros y, claro, ¡con qué pronunciación diría yo esos nombres! Yo le leía El Defensor de Granada periódico principal allí en aquella época. Pasado el tiempo, en mi juventud conseguí hablar varios idiomas. Ahora sólo hablo el español a duras penas, y eso porque no me queda más remedio. Aquellos nombres no me decían nada, pues en 1914, apenas tenía ocho años. Aunque a esa edad, ya había leído yo a Cervantes... Aunque para el niño Ayala esa lectura de nombres y noticias era una especie de tortura no sólo por la dificultad de la pronunciación, sino también por los nombres extranjeros que aparecían en todas las noticias y que yo no sabía pronunciar y ¡quién sabe cómo los pronunciaría! la pasión, pulsión, y curiosidad periodística permanece intacta en él. -Está bien esa definición, sí; está muy bien. ¿Cuál es el compromiso de un intelectual, de un creador, de un sociólogo, de un ser humano ejemplar como Francisco Ayala? -Creo que solamente con lo que su condición natural le pide. ¿Qué le inquieta de la actualidad, don Francisco? -Su compromiso ha sido con los demás, tanto humana como literariamente. -Es que el ambiente literario ha sido la circunstancia- -que decía Ortega y Gasset- -del yo con el mundo en el que vivo. No se vive en el vacío, sino dentro de una sociedad, con la gente. Ahora mismo yo estoy viviendo con usted, y estamos aquí conversando. -No me atrevería a dar ni a hacer un pronóstico o un diagnóstico en este sentido. ¿Qué educación cree usted mejor para el ser humano? No siempre alcanzo bien lo que quiere decirse con memoria histórica. Cada cual tiene el recuerdo La realidad no existe; solamente existe cuando se la toma en cuenta intelectual o intelectivamente ¿Pondría como emblema la educación que usted recibió de sus padres, por ejemplo? -Uno recibe la educación que le dan, y hace con ella lo mejor que puede; creo que es lo yo he -Usted, don Francisco, aclara que no ha sido, jamás, en rigor un escritor profesional, pero por respeto a la literatura evitó vivir de ella. ¿A qué se refiere? -Ahora me lee el periódico mi mujer porque mi vista está muy mal; ella me lo lee, aunque no sé si lo hace muy selectivamente en su propio beneficio... ¡Qué mentiroso, ¡qué mentiroso! responde, presta, Carolyn. Soy liberal. Yo empiezo casi todas las noticias, salvo aquellas que sé que no te interesan ni a ti ni a mí. Y tú me dices: Sigue, o no sigas Y esto último es lo que digo con más frecuencia responde Ayala: No sigas, no sigas! Unas cosas porque son idiotas, otras porque son horribles, desagradables. Carolyn Lo que pasa es que él dice: Ya me lo imagino, no hay que seguir -La novela es un género, un molde que se adopta porque es el molde de la época. Yo he escrito dos novelas, y luego novelas transformadas por mí, que ya no son lo típico. Y se acabó. Todo lo demás que he escrito de imaginación no son novelas. Se les llama novelas, por extensión, pero no son novelas, son otra cosa. Y algunas ya en la última fase de mi producción ni siquiera son cosa estrictamente literaria; es una mezcla de experiencia viva, actual, con la imaginación. Así que mis últimas producciones literarias son sui generis difíciles de calificación. Escribí mi primera novela con dieciocho años; la publiqué con diecinueve, y tuve la suerte de que se publicara con muy buenos auspicios. Eso fue realmente una casualidad afortunada que me dio pie para entrar en el mundo literario, sin resentimiento, más bien satisfecho y tranquilo. ¿Nunca ha perdido (o le han heco perder a) usted la fascinación por narrar, por novelar?