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84 CULTURAyESPECTÁCULOS www. abc. es culturayespectaculos VIERNES 16- -3- -2007 ABC Tal vez esté en cuestión el modo de garantizar nuestra libertad Francisco Ayala s Ensayista, novelista y académico Hoy cumple 101 años trampeando dice. El lunes inaugura el edificio de su Fundación en Granada, y para culminar su centenario ha querido mantener esta extensa conversación con ABC, diario desde el que he seguido la Historia de España POR ANTONIO ASTORGA FOTOS ERNESTO AGUDO MADRID. Francisco Ayala jamás ha escrito con la altruista intención de brindar al consumo de las gentes un entretenimiento más o menos divertido. Ayala se ha esforzado por formular en imágenes su visión del mundo y proponer al juicio de los demás esa cifra de su realidad. Ciento un rotundos, gozosos, jocundos, felices, deslumbrantes, admirables y envidiables años cumple hoy este hombre de mirada serena, tierna, amable, cercana, generosa, acogedora, feliz. Días antes, su mujer, Carolyn Richmond, y don Francisco abrían de par en par las puertas de su casa en Madrid a ABC. No ha querido conceder demasiadas entrevistas el escritor tras la celebración de su centenario, pero con este periódico hizo una excepción. ¡Adelante amigos! ¡Sean bienvenidos! Don Francisco Ayala abre la puerta de su domicilio, y recibe con los brazos abiertos a sus interlocutores, a los que inmediatamente estruja. El abrazo de Ayala es el abrazo de un ser humano entrañable, que refleja las mutaciones históricas de un lapso de tiempo tan dilatado como agitado, cuyos avatares han modulado la producción de quien se ha aplicado a cultivar las letras compartiendo angustias y esperanzas del mundo en torno suyo, que ha sabido conectar magistralmente sus textos a las circunstancias personales e históricas- -o mejor dicho, histórico- personales- -que pueden haberlos marcado. Hubo, según cuenta en sus Recuerdos y olvidos (1906- 2006) un profesor de cuyo nombre Ayala el grande no quiere acordarse, quien le dijo a sus padres que no iban a hacer carrera del barbilampiño Ayala. Y me llamaba tonto, pero el tonto era él. ¡Ese maestro, qué burro! recuerda sin olvidos don Francisco, que reconoce que fue un completo negado para las Matemáticas, la Geometría, la Aritmética y la Trigonometría: ¿Tiene que ver con el trigo? se preguntaba de niño don Francisco. Sus dos primeras novelas, Tragicomedia de un hombre sin espíritu e Historia de un amanecer reflejan las lecturas, abundantes y variadas, del jovencito provinciano que con entusiasmo tantea y pone a prueba sus propias capacidades de fabulador, en contraste con las subsiguientes piezas de vanguardia, El boxeador y un ángel y Cazador en el alba Entre esas producciones juveniles y las posteriores sobrevino una de las más grandes catástrofes mundiales que nuestro siglo registra: la que se inicia con la guerra civil española Fruto de experiencia tan cruel fueron piezas como las de Los usurpadores escritas por Ayala en el exilio a partir de 1939. Ayala tuvo que exiliarse hacia un mundo en que malamente convivían las viejas democracias, desanimadas y timoratas, con los totalitarismos agresivos instalados en Italia y Alemania. Entendió entonces Ayala que era oportuno ofrecer a la desorientada juventud un texto donde quedara expuesta de un modo claro, sencillo y veraz la doctrina en que LA INMORTALIDAD Ojalá el planeta pudiese pretender la inmortalidad; y más hoy en día, cuando hay máquinas de destrucción que ponen en riesgo la pervivencia de la Tierra EL EXILIO Nada de lloriqueo. ¿Pobres exiliados? No, no. Yo no he transigido con esa falsificación. ¿Ser exiliado es ser una víctima? Hombre, vamos a ver... LA LIBERTAD -El concepto, no; pero puede ponerse en cuestión el modo de garantizar la libertad dentro de las concretas circunstancias sociales de nuestros días. Los totalitarismos, tanto aquellos de tipo fascista como los inspirados en el comunismo- -escribe Ayala en el prólogo a la nueva edición de Historia de la libertad -pasaron ya y, tras un período de recuperación general en el Occidente, estamos cayendo ahora en un período de desconcierto, cuyas diversas perspectivas son todas ellas de carácter muy preocupante. ¿Cree usted que está en crisis el concepto de libertad, hoy, en pleno siglo XXI? ¿Seguimos viviendo en el desconcierto? -Seguramente, y quizá de un modo más perturbador que nunca antes. El concepto no está en crisis, pero puede ponerse en cuestión el modo de garantizarla dentro de las concretas circunstancias sociales de nuestros días se había apoyado la democracia moderna, doctrina ésta basada en el principio de la libertad individual de los ciudadanos. Así, escribió un estupendo ensayo, un opúsculo de no demasiadas páginas redactado con máxima sencillez, que fue su gran aportación a la generación joven: Historia de la libertad (Visor) -Cada cual procura en semejante situación soportarla lo mejor que puede, barajando sus recursos dentro de las circunstancias personales en que ha caído. Para los que entonces viajamos a América las posibilidades que se nos ofrecieron fueron bastante favorables; incluso para muchos, el exilio representó subir un escalón: el catedrático de Segunda Enseñanza pasó a ser profesor de Universidad. En México, por ejemplo, los que habían sido en Madrid tipógrafos de El Socialista tomaron la primera fila de su oficio. En Argentina se nos deparó en general a los exiliados una vida material muy satisfactoria. De modo que nada de lloriqueo. ¿Pobres exiliados? No, no. Yo no he transigido con esa falsificación. ¿Ser exiliado es ser una víctima? ¿Cómo vivió usted el exilio? La leyenda del güisqui -Aprovechando que Carolyn sale un momento, le pregunto por un mito a Ayala: ¿es verdad que para llegar a los 101 años es necesario, tal vez preciso, tomarse una copita de güisqui a media tarde? -Bueno, el güisqui se ha convertido en una leyenda mía, pero, como muchas de las leyendas, sin base real. Mire, en un momento dado, cuando yo ingresé en la Academia- -la Academia entonces era más pobre; ahora no tanto- había unas copitas de jerez que se ofrecían en los actos sociales, reuniones, etc... Y yo propuse que por qué no dar otra cosa, y mencioné el güisqui. Lo tomaron en serio y trajeron güisqui. Naturalmente es lo que hoy se pide en la Academia, como en todas partes. Cuando yo era joven era raro; y no me contaba entre los raros. No puedo tomar alcohol: bebo muy poco, una cantidad pequeñísima de güisqui, a la tarde generalmente, y eso es todo. Pero todo el mundo, cuando voy a cualquier sitio: Ayala, güisqui, Ayala, güisqui Bueno, no está mal. Yo me alegro; mejor eso que otra cosa. -Esa es una bonita frase; pero, sin ponerse trágico, cabe decir que fue duro por cuanto supuso larupturade unacontinuidad vital, pero las circunstancias loimpusieron, y ya está. Lo acepté, como se aceptan todas las cosas de la vida por desagradables o penosas que puedan ser; hay queaceptarlas, hacerles frente y superarlas o procurar superarlas. Yo en cierto modo creo que he superado esa circunstancia porque no me he convertido en el exiliado perpetuo. He seguido viviendo en nuevos ambientes, y me he apoyado en la realidad que tenía enfrente de mí, y a mano. ¿Le rompió el corazón esa larga noche del exilio? Hombre, vamos a ver... ¿Se arrepiente de algo? -No tengo un recuerdo de haber cometido una falta de la que tenga que arrepentirme. He hecho lo que creía que debía hacer, mal que bien. ¡Vaya pregunta! Según lo que se entienda por inmortalidad; pero puede uno pensar que el concepto implica una pretensión desmesurada. Ojalá el Pla- ¿Cree en la inmortalidad?