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44 INTERNACIONAL VIERNES 16 s 3 s 2007 ABC Macartismo a la polaca Ayer entró en vigor en Polonia la ley por la que muchos nacidos antes de 1972 tendrán que firmar una declaración sobre si colaboraron con la Policía de la época comunista. Demasiado tardía, para algunos. Caótica e injusta, para otros. El lío está asegurado JOSÉ GRAU MADRID. Polonia necesita esta ley dijo ayer el historiador Janusz Kurtyka. El país se encuentra todavía en el proceso de dejar atrás el periodo comunista y de afrontar los efectos políticos y sociales que a largo plazo dejó la época de la dictadura añadió. Ayer entró en vigor la Lustracja que es como se llama en Polonia a la ley para verificar si una persona fue confidente de la policía de la época comunista. Se calcula que unos 300.000 polacos tendrán que someterse a esa norma, si quieren conservar el trabajo. El mencionado Kurtyka es el jefe del IPN, el Instituto de la Memoria Nacional, es decir, el organismo que custodia los archivos que han quedado de la policía y de los servicios secretos hasta 1990. Ha habido, desde 1990, muchas filtraciones de ese instituto, más o menos interesadas, que han dañado la reputación del mismo Kurtyka, un hombre de 47 años al que, según algunos observadores, le supera un asunto tan complicado como éste. La nueva ley sobre la verificación de las biografías establece que los representantes de medio centenar de oficios tienen que firmar una declaración sobre sus relaciones con los servicios secretos. Entre ellos, periodistas, profesores, directores de escuela, diplomáticos, editores, ejecutivos de empresas estatales, etc. nacidos antes del 1 de agosto de 1972. Muchos periodistas se han puesto en pie de guerra por la nueva ley, especialmente del diario Gazeta Wyborcza un medio nacido en 1989 y próximo a la socialdemocracia. Los que confiesen que fueron confidentes podrán seguir ejerciendo su profesión. Pero los que se nieguen a que se les aplique la ley, serán castigados con la exclusión de su oficio. A partir del 15 de mayo comenzará la revisión de las declaraciones presentadas por la gente obligada a hacerlo, operación que realizará el citado IPN. La nueva ley amplía y recrudece otra de 1997, que escrutaba el pasado de políticos y ciertos funcionarios, como jueces; en total, unas 28.000 personas. La Lustracja llega tarde, habría que haberla promulgado a principios de los noventa comentaba ayer una fuente polaca bien informada a ABC. Según esa misma voz, los hermanos gemelos Kaczynski, presidente y primer ministro, están intentando por todos los medios ganar más influencia, controlar más y mejor el entramado estatal. Pero se centran en asuntos que no son los que deberían primar en la Polonia de hoy. Polonia parece que es el país sólo de ellos quieren controlarlo todo decía. La Lustracja ha sido apro- Periodistas en pie de guerra J. Kurtyka, del Instituto de la Memoria Nacional REUTERS Sólo con los archivos comunistas se deforma la verdad dice el secretario de Juan Pablo II bada por los diputados de centro- derecha, y rechazada por los socialdemócratas de la Alianza de la Izquierda Democrática, sucesores de los comunistas, que ya han anunciado que la recurrirán ante el Tribunal Constitucional. Para el cardenal Stanislaw Dziwisz, prelado de Cracovia y durante 27 años secretario personal de Juan Pablo II, la verificación de las biografías basada exclusivamente en los documentos dejados por la policía comunista es una evidente deformación de la verdad sobre el pasado. Confirma esa opinión, por ejemplo, el caso de la ministra de Hacienda, Zyta Gilowska, que fue acusada de haber sido colaboradora de la policía. En realidad, un agente, para que sus superiores se sintiesen contentos, la inscribió como tal sin su conocimiento ni consentimiento. De las conversaciones que tenía con ella, elaboraba informes supuestamente redactados por la mujer. Un caso parecido fue el de Malgorzata Niezawitowska, la portavoz del Gobierno en el primer Ejecutivo democrático de Polonia, tras la caída del comunismo. Fue falsamente denunciada de colaboracionista. Y ganó la partida en los tribunales. Al mismo Lech Walesa le han acusado de espía.