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34 ESPAÑA VIERNES 16 s 3 s 2007 ABC Concepción Dancausa Presidenta de la Asamblea de Madrid LAS MUJERES DESPUÉS DE LA LEY NA conquista? Ayer el Congreso de los Diputados aprobó la ley de Igualdad, con la abstención del Partido Popular. ¿Qué razones puede tener alguien para oponerse o, como en este caso, abstenerse en la votación de una ley que, supuestamente, va a hacer efectiva, de una vez por todas, la igualdad entre el hombre y la mujer? Hay unas cuantas de suficiente peso. Empezaré por lo más obvio. Nadie se atreve a negar hoy en día que, si bien los hombres y las mujeres somos iguales ante la ley (como reconoce expresamente la Constitución) ni en España ni en otros países desarrollados lo son en los ámbitos de la vida cotidiana. Las cifras son elocuentes. Comenzando por el ámbito político, la democracia paritaria sólo se cumple en estos momentos en el Consejo de Ministros, en cuatro parlamentos regionales y en siete Gobiernos autónomos. La representación femenina en el Congreso de los Diputados es del 36 por ciento, la más alta de toda la historia, aunque en el Senado sólo uno de cada cuatro senadores es mujer. n la empresa, la justicia, la universidad, los medios de comunicación... la historia se repite. En los puestos directivos, en los cargos de mayor responsabilidad, las mujeres tienen una presencia minoritaria, cuando no simbólica. Ninguna mujer preside alguna de las empresas del IBEX; sólo hay un 10 por ciento de mujeres entre los vocales del Consejo General del Poder Judicial y un 13,7 por ciento de catedráticas en la universidad. Las mujeres que dirigen medios de comunicación se cuentan con los dedos de una mano. La falta de presencia o representación femenina no es, por tanto, un asunto discutible. Tampoco la discriminación que muchas mujeres padecen, comenzando por una muy evidente, como es la discriminación salarial. l Gobierno ha creído que desigualdad y discriminación se resuelven por la vía que mejor conoce, la del intervencionismo. Por eso en el Partido Popular hemos insistido mucho durante la tramitación de la ley en que en el texto aparecen demasiadas veces las palabras obligación e imposición En nuestra opinión, es más eficaz y más respetuoso con las libertades promover que obligar, La ley no va a resolver por decreto la desigualdad entre hombres y mujeres. Las mujeres no somos hoy, como dijo ayer el presidente del Gobierno, por fin iguales ¿U La ley incluye algunas medidas positivas- -la extensión del permiso por paternidad de 15 días, por ejemplo- pero tiene un problema fundamental, un problema de filosofía. Se trata de una norma que no afronta los problemas cotidianos de las mujeres, problemas que surgen día tras día una vez que se ha disfrutado del permiso de maternidad, o cuando una mujer se plantea reducir su jornada laboral o solicitar una excedencia laboral. a ley de Igualdad renuncia a abordar de manera eficaz el problema de la conciliación, uno de los problemas más importantes que hoy afrontan todos los países europeos. Por ejemplo, mejora los permisos de maternidad y paternidad, pero se olvida de las dificultades que plantea el cuidado de los hijos una vez que han finalizado estos permisos. También deja a un lado el reto del empleo femenino, y por eso no recoge medidas innovadoras para favorecer el acceso de las mujeres al mercado laboral, ni promueve planes específicos de formación, ni incentiva la contratación de mujeres. Esos aspectos, y otros, como la ausencia de medidas para grupos de mujeres específicos- -las mujeres que carecen de formación, las discapacitadas, las inmigrantes, las víctimas de la violencia doméstica o las mujeres en riesgo de exclusión social- están prácticamente ausentes en la ley porque el Gobierno ha descartado por completo la posibilidad de llegar a un acuerdo con el Partido Popular y asumir las enmiendas que, en el Congreso y en el Senado, hemos planteado para corregir tales defectos de fondo. ÁNGEL CÓRDOBA L E E fomentar e incentivar que prohibir. Comenzando por la medida estrella de la ley, la que obliga a la paridad en las listas electorales y en los nombramientos del Consejo de Ministros. Para empezar, ¿por qué limitarla sólo a las listas de los partidos y a los nombramientos del Gobierno? Puestos a imponer, ¿no debe guardarse ese mismo equilibrio entre hombres y mujeres en todos los órganos de decisión del Gobierno, las empresas, las fundaciones, las ONG... Que ese equilibrio sea un objetivo deseable y compartido por todos no significa que el mejor camino para lograrlo sea el de la obligación. Por eso, el Gobierno no ha tenido más remedio que suprimir la polémica obligación de que las empresas tengan el 40 por ciento de mujeres en sus consejos de administración. Volviendo a la paridad electoral, un apunte más: la ley de Igualdad modifica una ley tan importante como es la ley orgánica 5 1985, de Régimen Electoral General, rompiendo un acuerdo tácito de veintiún años de antigüedad, según el cual todas las modificaciones de la LOREG se han realizado con amplísimas mayorías. Un consenso mayoritario más, roto como tantos otros en esta legislatura. El Gobierno ha creído que desigualdad y discriminación se resuelven por la vía que mejor conoce, la del intervencionismo. En el texto aparecen demasiadas veces las palabras obligación e imposición diferencia de las normas respecto de la igualdad entre mujeres y hombres aprobadas durante la etapa de los gobiernos del Partido Popular, que salieron adelante con la unanimidad de todos los grupos parlamentarios (me refiero, concretamente, a la ley de Conciliación de 1999 y a la ley de Órdenes de Protección) en esta ocasión, como en tantas a lo largo de esta azarosa legislatura, el Gobierno socialista no ha querido llegar a ningún pacto y ha optado por el intervencionismo y la demagogia. La ley no va a resolver por decreto la desigualdad entre hombres y mujeres. Las mujeres no somos hoy, como dijo ayer el presidente del Gobierno, por fin iguales Primero, porque carece de instrumentos de apoyo; segundo, porque obligatoriedad no es sinónimo de eficacia, y, tercero, porque las cosas no cambian con sólo desearlo, como le gusta creer (en esto y en tantas cosas) a Zapatero. Eso sí, es políticamente correcta. Faltaría más. A