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20 ESPAÑA Hacia un nuevo proceso s El cerco a Navarra VIERNES 16 s 3 s 2007 ABC (Viene de la página 18) pal, en una plazuela del casco urbano, está la casa familiar de los Ulayar. Cerrada a cal y canto, silenciosa en su soledad de manos blancas huérfanas y pintadas brutales. Deshabitada por decreto del terror. Nada más bajar del coche, Salvador señala en un punto bajo de la fachada, junto al zaguán de una de las dos puertas gemelas del número 4 de la calle Maiza, la perfecta geometría de un pequeño orificio. Como llevaba tiempo amenazado, mi padre solía decir que un día le iban a pegar cuatro tiros. Se equivocó por uno. Éste Aunque- -reconsidera- -quizá acertó, porque uno no le dio. Atravesó el bidón de gasóleo que llevaba en la mano y se incrustó en esta pared Cuando el fotógrafo toma las primeras imágenes de Salva delante de su casa, justo en el mismo punto donde contempló cómo asesinaban a su padre, se empieza a percibir el asedio de miradas hostiles y desafiantes; primero, desde una furgoneta, después, de algún viandante; incluso desde alguna terraza. Luego, varias calles más arriba, junto a la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción, donde se casaron sus padres, donde él mismo contrajo matrimonio. Ya ves, todavía le tuve cariño suficiente a mi pueblo Ahora se aprecian en la fachada banderas de España pintarrajeadas y tachadas después con ferocidad: Eso lo hicieron- -explica- -a raíz de que el párroco aceptó oficiar el funeral en el homenaje a mi padre en 2004 El templo también le evoca otros pasajes oscuros: No había pasado ni un año desde el asesinato cuando mi tío, un hermano de mi madre, me preguntó un domingo en esta iglesia si yo consideraba que estaba ya en condiciones de comulgar. ¡Y me lo decía él, que junto a otros, había contribuido a señalar a mi padre como objetivo, insultándole en la misma puerta de nuestra casa, llamándole fascista y enemigo del pueblo vasco, difamándole! Y es que Jesús Ulayar, como tantos otros, había sido un alcalde durante el franquismo, no del franquismo. Un vecino emprendedor y extrovertido, un enamorado de Echarri que reprendía a sus hijos cuando les hablaba en euskera y ellos contestaban en castellano. Munícipe vocacional hasta que un ambiente cada vez más enrarecido le llevó a apartarse de la política y a dedicarse sólo a sus negocios, los seguros de deceso, una funeraria y una pequeña tienda de electrodomésticos. No fue suficiente para extinguir el odio y la mentira. En el camino de vuelta ha- Miradas hostiles cia la antigua carretera nacional, junto a la escuela, Salva se topa, tropieza casi, con un individuo de aspecto hosco. Es el hermano de Juan Ramón Carasatorre explica, un etarra a quien se atribuye, junto a Valentín Lasarte y Txapote el asesinato de Gregorio Ordóñez. Ahora está encarcelado en Francia. A una distancia prudencial, algunas mujeres identifican a Salvador y le saludan tímidamente, sin aspavientos y sin ganas de llamar la atención. Menos retraído, otro vecino le da conversación, a punto de subirse en su coche. Es un héroe- -aclara Ulayar cuando ya se ha marchado carretera abajo- No sabéis lo que ha tenido que aguantar ese hombre cuando ha asistido, a veces prácticamente él solo, a las protestas de Gesto por la Paz después de los atentados, ahí en la calle principal. Le han insultado, escupido, vapuleado. Qué buena persona De los cuatro hermanos Ulayar, sólo José Ignacio, el segundo, se ha mantenido vinculado al pueblo, al frente de los negocios familiares, aunque ahora vive en Pamplona para no asfixiarse, junto a su madre, su mujer y sus hijos. Precisamente, fue el último en marcharse de allí, y el primero que se tropezó por las calles de Echarri con el etarra Nazábal cuando lo pusieron en libertad. Al verlo crecido y desafiante, le llamó asesino y la respuesta del etarra, jaleado por su cuadrilla, consistió en propinarle una patada en el pecho, en presencia de su mujer y de su niño de dos años. Durante un tiempo, José Ignacio mantuvo abierta la tienda de electrodomésticos y en cierta ocasión los munícipes batasunos tuvieron el cuajo de pedirle dinero para financiar el folleto de las fiestas: Fue el colmo- -recuerda Salvador- La portada de ese panfleto era la fachada del Ayuntamiento, en la que colgaba la fotografía del asesino de nuestro padre. Imaginaos lo que les tuvo que decir a aquellas hienas El callejeo por Echarri- Aranaz en una tarde templada y luminosa, casi primaveral, no da para mucho. Lo que la naturaleza ha brindado con generosidad a estos parajes, lo aplaca una atmósfera opresiva. María Nieves, la hermana de Salvador, se casó con un catalán y vive en Barcelona. Los demás han recalado en Pamplona, un espacio de desahogo relativo. Un día, Salvador se cruzó con el asesino Nazábal por la céntrica calle Arrieta. Gracias a uno de esos títulos a medida que ha venido expendiendo la Universidad del País Vasco, el etarra cursó Derecho en la cárcel y ahora trabaja en el bufete de Patxi Zabaleta, dirigente de Aralar. Al igual que el cristalero de Azcoitia, este criminal nunca se ha molestado en pedir perdón, en reconocer el daño infligido como principio ineludible para su reinserción. Por eso Salvador, como hizo su hermano José Ignacio en el primer encontronazo de Echarri, no dudó en llamarle asesino. Estás loco, enterrador farfulló el otro mientras se perdía entre los viandantes. Ahora, los amigotes y los cómplices de Nazábal han vuelto a salir de sus madrigueras y llevan otra vez las riendas. Salvador no olvida aquel viaje de 2004, más un trayecto interior que el de la corta distancia entre Pamplona y su pueblo. De aquellos días rescata siempre su gratitud hacia el periodista Javier Marrodán, que sacó del armario el dolor de los Ulayar en Regreso a Etxarri- Aranatz un libro veraz y sobrio, al servicio del relato. Si aquel primer regreso no fue el definitivo, este segundo no traerá el desistimiento. Ni será el último. Encuentro con el verdugo El anagrama de ETA sobre las manos blancas, tres años después Cuando el asesino Vicente Nazábal volvió al pueblo, pegó una patada en el pecho a uno de los Ulayar Ahora, el etarra trabaja en Pamplona en el despacho de Patxi Zabaleta. Jamás se ha arrepentido Juan Cruz Alli Presidente de Convergencia de Demócratas de Navarra LIBERTAD, IDENTIDAD Y AUTOGOBIERNO L a LORAFNA concretó los derechos históricos de Navarra en el marco de la Constitución de 1978. Así, el régimen foral liberal se incorporó al or- den liberal- democrático como exponente de los derechos históricos del pueblo navarro reconocidos por la Constitución. Además, su Disposición Transitoria (DT) IV reconoció a los navarros su libre y democrática capacidad de decidir su encuadre en la organización territorial del Estado, pudiendo optar entre una comunidad diferenciada o incorporarse a la vasca por acuerdo de su Parlamento y referéndum del pueblo navarro. La Constitución fue apoyada mayoritariamente por los navarros. A partir de ahí, los navarros deciden su presente y futuro en cada elección. Con el apoyo ciudadano se configuraron las instituciones y éstas, con legitimidad democrática, apro- baron en 1982 el Amejoramiento. Este instrumento de ejercicio del autogobierno ha posibilitado 25 años de libertad, democracia y progreso social, cultural y económico. Este estatus es constantemente cuestionado por quienes tienen otro proyecto para Navarra. Las opciones nacionalistas vascas pretenden que forme parte de su territorialidad y autodeterminación, pero la sociedad navarra no los secunda. Quienes lo persiguen en las instituciones, respetando sus reglas, son una opción. Pero otros intentan coaccionar a la sociedad con la violencia terrorista para imponer su fórmula a quien mayoritariamente los rechaza. Periódicamente se acrecien- ta su presión y hoy vivimos uno de esos momentos. Argumentan que conseguir la paz pasa por imponerse y doblegar al Estado, a Navarra y al pueblo navarro. Lo han dicho: Sin Navarra no hay nada, nada, nada La oferta al Gobierno es evidente: Acabamos nuestra guerra por la autodeterminación y la territorialidad, si nos ofrecen Navarra La mayoría de los navarros queremos seguir en libertad, sin coacciones, para mantener nuestra identidad en democracia y desarrollar nuestro autogobierno. No aceptamos ni imposición ni entrega, porque sólo el pueblo navarro es dueño de su destino. Nos lo garantizan la Constitución y el Amejoramiento.