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ABC JUEVES 15 s 3 s 2007 INTERNACIONAL 39 Yo fui responsable de la operación 11- S, de punta a cabo El supuesto cerebro de los atentados del 11 de septiembre de 2001 en EE. UU. el paquistaní Khalid Sheikh Mohamed, admitió su responsabilidad en esos ataques terroristas y otros, según la transcripción de una audiencia en la base militar de Guantánamo difundida ayer por el Pentágono. Yo fui responsable de la Operación 11- S, de punta a cabo declaró Sheikh. El presunto terrorista añadió: Fui el director operativo para el jeque (Osama) Bin Laden (líder de la red terrorista Al Qaida) en lo que se refiere a la organización, planificación, seguimiento y ejecución de la operación 11- S aseveró. La audiencia tuvo como objetivo establecer si Sheikh puede ser considerado en la definición de combatiente enemigo establecida por el gobierno del presidente George W. Bush para los terroristas extranjeros. Khalid Sheikh Mohamed en dependencias militares de Guantánamo AFP La Casa Blanca tropieza en la esquina del poder político y el poder judicial Arrecian las presiones para que dimita Alberto Gonzales, el hispano al frente del Departamento de Justicia, por la supuesta purga de ocho fiscales federales PEDRO RODRÍGUEZ CORRESPONSAL WASHINGTON. No es una buena señal cuando el titular del Departamento de Justicia y fiscal general de los Estados Unidos tiene que salir en la CNN a las siete de la mañana para refutar con vehemencia la necesidad de su inmediata dimisión. En las últimas 48 horas, lo que venía siendo una disputa más o menos relevante sobre el cese de ocho fiscales federales ha terminado por convertirse en un dañino y adicional escándalo para la Administración Bush dentro de la siempre complicada intersección del poder político y el poder judicial. Alberto Gonzales, hombre de confianza del presidente Bush desde la época de Texas y el primer hispano al frente del Departamento de Justicia, se ha limitado por el momento a reconocer que se han cometido errores en el caso de los ocho fiscales cesados. Además de prescindir de los servicios de su jefe de gabinete, Kevin Sampson, por no informarle debidamente del modus operandi en estos cambios de personal estrechamente coordinados con la Casa Blanca pero que los demócratas no han dudado en caracterizar como una politizada purga. Todo el mundo asume que la prestigiosa plantilla de 93 fiscales federales de Estados Unidos, puestos codiciados por servir de trampolín para la política o lucrativas carreras en el sector político, refleja los puntos de vista del gobierno de turno. Y de hecho como antecedente inmediato, Bill Clinton los cambio todos aprovechando que estos servidores públicos con obligación de actuar con independencia son también cargos políticos que sirven al placer del presidente aunque tengan que ser aprobados por el Senado. El problema con estos ocho fiscales, nombrados por el presidente Bush y cesados el pasado 7 de diciembre, es que su partida se ha producido de manera sospechosa en mitad de un mandato presidencial y entre indicios de grandes maquinaciones políticas. Con algunos afectados declarándose esta semana ante el Congreso víctimas de presiones por parte de parlamentarios republicaciones para avanzar en las pesquisas de casos perjudiciales para los demócratas. Junto al comentado caso de Arkansas, donde se ha nombrado como fiscal federal a un ayudante de Karl Rove, el legendario gurú electoral de la Casa Blanca. Para tapar toda esta desagradable trastienda política, el Departamento de Justicia ha intentado argumentar que los fiscales despedidos en Albuquerque, Grand Rapids, Las Vegas, Little Rock, Phoenix, San Diego, San Francisco y Seattle no estaban cumpliendo debidamente con sus obligaciones. Explicación que ha enconado todavía más los ánimos de estos cesados. Sobre todo, al trascender una serie de correos electrónicos incautados por la investigación parlamentaria en curso que demuestran claramente como la Casa Blanca y el Departamento de Justicia han premeditado estas decisiones durante un largo tiempo, contemplándose hace dos años incluso la renovación en bloque de toda esta plantilla de U. S. attorneys Al cierre de su gira por Iberoamérica, el presidente Bush se ha visto obligado a reconocer en México sus reparos con la forma en que se han manejado estos ceses pero reconociendo también que existía malestar con el trabajo de ciertos fiscales federales. Sin dejar de respaldar a su titular del Departamento de Justicia en graves apuros, Bush ha indicado que se han cometido errores y francamente no estoy muy feliz al respecto Insistiendo en que se deben explicar debidamente al Congreso estos despidos a su juicio enteramente apropiados El escándalo de los fiscales se enmarca dentro de una creciente cadena de revelaciones desagradables contra la Casa Blanca documentadas por la nueva mayoría demócrata en el Congreso. Además de todos los problemas de abuso autoridad acumulados por el Departamento de Justicia desde el 11- S. Bush, no muy feliz Bush se ve obligado a reconocer que estos polémicos cambios no se han manejado adecuadamente