Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
56 AGENDA Necrológicas MARTES 13 s 3 s 2007 ABC Gabriel Cañadas Nouvilas s Diplomático Un defensor de los más altos intereses de España Marcelino Oreja Aguirre He conocido pocas personas tan inteligentes, tan brillantes y tan generosas como él. Fue muchas cosas en la vida pública: Director de Gabinete del Ministro de Asuntos Exteriores, Secretario General Técnico del Ministerio de Información, Secretario de Estado de Cultura y representó a España como Embajador en Turquía y en Roma. Después de una brillante actividad al servicio exterior fue destinado a Zurich como Cónsul General lo que no dice mucho a favor del Gobierno que le nombró. Pero todos estos cargos y destinos son muy insuficientes para reflejar la personalidad de Gabriel Cañadas, y el papel tan importante que jugó en momentos cruciales de nuestra vida pública. Hombre de vasta cultura, conocedor como pocos de la política exterior de España a lo largo de su historia, dotado de una extraordinaria capacidad de trabajo, de una gran sensibilidad política y de una enorme intuición, se adelantó siempre a su tiempo oteando el horizonte con gran finura y manteniendo sus principios y convicciones por encima de cualquier oportunismo o conveniencia. Fue siempre un ejemplo de dedicación y entrega y un profesional íntegro que sólo supo trabajar sin descanso al servicio de los intereses de España. Gran conocedor del tema de Gibraltar prestó una valiosísima contribución a los logros alcanzados en Naciones Unidas para conseguir Resoluciones favorables a nuestra reivindi- Gabriel Cañadas Nouvilas ABC cación secular. Guinea fue también uno de los temas al que dedicó una atención preferente en horas extraordinariamente difíciles y contribuyó a organizar la Conferencia constitucional para su independencia defendiendo el principio de libertad política en un ambiente ciertamente poco propicio. Recuerdo también su constante preocupación por decantar y formular unos principios básicos que reflejasen nuestros intereses como Comunidad en relación con los restantes países y su intento constante por contrastar opiniones, ponderar los medios y los objetivos y conseguir un entendimiento que permitiera asegu- rar las líneas esenciales de la acción de España en el exterior. Pero no sería justo limitar la acción de Cañadas a su buen hacer internacional. Cañadas era un político de cuerpo entero con una clarísima visión de la realidad y en la época de la transición e incluso antes, en la última etapa del Régimen anterior contribuyó con sus ideas y con su pluma a marcar horizontes que nos ayudaron a los que tuvimos una participación más activa en la vida política. Fueron muchos los artículos que a él se deben bajo la firma de Tácito, y son inolvidables sus intervenciones llenas de fuerza y de talante en aquellos momentos del tardo franquismo preparando el camino del futuro. Con su apariencia incorformista y el aparente radicalismo de sus afirmaciones encerraba siempre un ideario coherente y poderoso que le convirtió en uno de los pensadores más destacados de la transición, aunque su pensamiento no trascendiera muchas veces por su modestia y su discreción. En estos dolorosos momentos pido a Dios por este hombre bueno que a lo largo de su vida fue capaz de defender con fuerza y convicción los más altos intereses de España y la reconciliación entre los españoles. Octavio Mesa Ha fallecido en Medellín (Colombia) el cantautor campesino colombiano Octavio Mesa, admirado por su compatriota Juanes, a quien inspiró en algunas composiciones. Tenía 73 años y era conocido como el rey de la parranda Estaba considerado como uno de los más destacados compositores de música guasca (campesina) y parrandera. Juanes reconocía que había escuchado sus canciones de niño y que algunos de sus grandes éxitos, como La camisa negra se inspiraron en canciones de Mesa, que hizo populares temas como La pelea con el diablo El paraguas y El jornalero Ambos trabajaron a dúo el año pasado, en la última producción discográfica de Mesa. Funeral por José Luis Coll La familia de José Luis Coll quiere expresar su agradecimiento por el gran número de muestras de cariño recibidas, ante la imposibilidad de digirse a todos los que han comunicado su pésame. La misa funeral se celebrará el día 16 de marzo, a las ocho de la tarde, en la basílica de la Merced (General Moscardó, 23, en Madrid) Sir John Akehurst- -Subcomandante supremo de la OTAN Un inglés que salvó Omán Akehurst mandó la Brigada Dhofar, clave para cortar 10 años de insurrección contra el Sultán La provincia de Dhofar, al Oeste de Omán, compartía frontera con la República Popular de Yemen del Sur, recientemente independizada, y en 1970 estaba prácticamente en manos de los rebeldes marxistas. Tras cinco años, el Sultán Said bin Taimur había hecho poco por conservar la lealtad de los miembros de la tribu Dhofari, extremadamente independientes, y su hijo, el Sultán Qaboos bin Said, se había hecho con el poder tras un golpe incruento. Cuando los ingresos petrolíferos de Omán crecieron espectacularmente, entre otras cosas porque explotó esa riqueza natural en contra del criterio del anterior Monarca, el nuevo Sultán amplió sus fuerzas, pero tuvo que recuperar el control de la provincia de Dhofar antes de poder empezar a modernizar el país y ganarse el apoyo de su pueblo. Entonces, el futuro teniente general Sir Johnny Watts, del Servicio Aéreo Especial (SAS) presentó un plan para reclutar firqats, bandas de combatientes locales dispuestos a tomar las armas contra sus ex compañeros. Cuando los rebeldes se rindieron, los que estaban preparados para apoyar al nuevo Sultán fueron organizados por el SAS en grupos tribales. Eran avariciosos, poco fiables e indisciplinados. Pero Akehurst creía que si se protegían sus tierras natales y se excavaban pozos para su ganado, regresarían a estas zonas para protegerse de las injerencias externas y convencerían a otros insurgentes de que les interesaba cambiar de bando. Los líderes firqat se mostraron entusiasmados y el plan se llevó a la práctica. El enemigo no Sir John Akehurst al Sultán: Me parece que Su Majestad ha ganado la guerra tardó en darse cuenta de lo que estaba sucediendo; algunas de las operaciones para salvaguardar las regiones chocaron con una feroz resistencia, pero culminaron con éxito. En noviembre de 1975, durante las celebraciones de su cumpleaños, el Sultán Qaboos preguntó a Akehurst cómo iba la guerra. Bien, Majestad respondió Akehurst. ¡Me parece que Su Majestad la ha ganado! John Bryan Akehurst, hijo de un director de banco, nació en Chatham el 12 de febrero de 1930. A los dos años de edad, según le gustaba contar a su madre, Akehurst se cogió una buena borrachera cuando su co- checito fue aparcado por descuido junto a unos cajones de cerveza con montones de botellas medio vacías. Akehurst se educó en la Cranbrook School antes de alistarse en el Ejército en 1947. Después de asistir a Sandhurst, fue destinado al Regimiento Northamptonshire y se incorporó al primer Batallón en Trieste, donde fue oficial de comunicaciones. Representó a su regimiento en críquet y lanzó para su batallón en Bisley. Asistió al Staff College en 1961, y fue destinado al 12 Grupo de Brigadas de Infantería en Osnabruck en calidad de comandante de brigada. La alegría de Akehurst por este nombramiento, obtenido en medio de una dura competencia, se vio empañada por el descubrimiento de que el general de brigada Philip Tower había de tomar el mando de la unidad unos meses después. Tower era un marinero de regatas oceánicas, un buen jinete y jugador de polo, y tenía fama de deshacerse rápidamente de la gente que no se ajustaba a sus elevados criterios. Cuando se reunieron para cenar en el Tower Club, Akehurst confesó que nunca había navegado o presenciado un encuentro de polo, y que los caballos le daban miedo. Es obvio añadió, que va a despedirme al cabo de unos minutos de trabajar juntos. ¿Por qué no nos lo quitamos de encima ahora, señor, y disfrutamos de la cena? Querido muchacho respondió Tower, seamos claros. Yo gobierno los barcos y monto a los caballos, y usted dirige la 12 Brigada Y así fue. En más de dos años apenas hubo un cruce de palabras entre ellos. El día de Navidad de 1975, cuando servía en la Brigada Dhofar en Omán, un helicóptero en el que viajaba Akehurst fue disparado desde tierra. Ocho balas lo alcanzaron y una no acertó por poco en Akehurst. El aparato se vio obligado a realizar un aterrizaje de emergencia. Un helicóptero de rescate llegó rápidamente para recogerles. Más de 100 periódicos de todo el mundo publicaron que Akehurst había resultado muerto, herido o capturado. El último nombramiento de Akehurst fue como subcomandante supremo de las Fuerzas Aliadas en Europa en la sede de la OTAN en Mons. Fue nombrado Comandante de la Orden del Imperio Británico en 1976 y caballero en 1984. John Akehurst murió el 20 de febrero. En 1955 se casó con Shirley Ann Webb, que le sobrevive. Su hijo e hija murieron de niños a causa de una fibrosis quística. Daily Telegraph UK