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14 ESPAÑA LA HORA DE LA VERDAD DEL 11- M EL POZO, TRES AÑOS DESPUÉS MARTES 13 s 3 s 2007 ABC Renfe al que le tocó trabajar el 11- M y que no quiere revelar su identidad. Todo fue muy confuso, sin sentido. Todos los cristales reventaron, todo tembló. El humo y el polvo lo llenaba todo, la gente corría desesperada Este trabajador comenta que ahora ya puedo hablar de ello, pero los primeros meses no podía, era imposible. El espectáculo era horroroso... horroroso, los muertos estaban por todas partes... había cuerpos y trozos... Esta misma persona relata que hubo algún compañero que fue trasladado porque no podía soportar ir a trabajar y ver todos los días el lugar en el que tantas personas habían perdido la vida en un sinsentido. Solidaridad Los vecinos de El Pozo guardaron un minuto de silencio el domingo en memoria de las víctimas del 11- M AP Me salvé por un golpe El Pozo del Tío Raimundo, en la castiza Vallecas, sufrió el mayor número de víctimas del 11- M s Un barrio humilde en el que las personas que iban a trabajar y estudiar vieron cómo se truncaban sus vidas y esperanzas POR PABLO MINGOTE MADRID. La mayoría de los viajeros no quieren decir nada. Sin embargo, tres años no han servido para borrar el amargo recuerdo de los brutales atentados del 11 de marzo. El Pozo del Tío Raimundo, en Vallecas, no olvida a las 67 personas que aquel aciago día fallecieron en la estación de cercanías. El atentado más cruento de la historia de España se cebó de forma especial en una de las zonas con la renta per cápita más baja de Madrid. Nada de teorías de la conspiración ni misterios sobre la tan traída y llevada mochila, sólo hay espacio para el recuerdo de los fallecidos en El Pozo, un lugar humilde levantado a partir de la inmigración de los años 50 desde el campo a la ciudad, un barrio obrero. Sus habitantes son, en su mayoría, gente que al llegar a Madrid no pudo permitirse vivir en otra zona. Si uno se queda un rato observando puede ver la gran cantidad de inmigrantes que acuden a tomar el cercanías: árabes, suramericanos, subsaharianos... En definitiva, la misma gente que hace tres años, a las 7 y 37 minutos de la mañana, se dirigía a tomar el tren para llegar a sus trabajos o para ir a clase. Fue una tragedia que pilló a mucha buena gente, a gente honrada que iba a trabajar y que no tenía culpa de nada lamentaba Ramón a la entrada de la estación de cercanías. Al otro lado, pasando las vías, hay una guardería en la que prefieren no recordar lo sucedido. En el barrio, quien más quien menos conocía a alguno de los fallecidos. Familiares, amigos o vecinos a los que llevaban viendo años perdieron la vida o quedaron heridos y con secuelas irreparables. Lola vive cerca del lugar de los atentados. Aquella fatídica mañana estaba preparando el desayuno, como todos los días, y se oyó un reventón muy fuerte. Me asomé a la ventana y por donde la estación cuenta Lola, quien añade que se quedó muy impresionada y dolida, todo el barrio sufrió mucho Tanto es así, tanto es el sufrimiento, que hay personas que tres años después de la matanza siguen precisando ayuda. Es el caso de Pepe, que una vez por semana acude al psicólogo. Ahora estoy mucho mejor- -nos cuenta- pero aquello no lo podré olvidar en la vida. Me salvé por una cuestión de minutos... no cogí ese tren porque mi hijo se dio un golpe al salir del baño y me retrasó. Salí corriendo de casa y cuando estaba cerca de la estación explotaron las bombas. Me caí al suelo... cuando me levanté, a unos 20 metros de mí, vi una mano... Los ojos se le humedecen y cuando se aleja murmura: Me salvé por un golpe Tampoco podrá olvidarlo nunca uno de los empleados de Los vecinos del barrio se volcaron aquel día con las víctimas. Casi de forma inmediata, mucha gente acudía a la estación de El Pozo a socorrer a los heridos. Algunos llevaban agua, otros mantas... mientras que decenas de personas intentaban sacar a los supervivientes de los vagones. Un ejemplo del fuerte movimiento vecinal de la zona que hizo que las condiciones de vida de la zona mejoraran poco a poco con el paso de los años. Un ejemplo de solidaridad que en algunos casos sirvió para salvar la vida de alguno de los heridos, a la espera de la llegada de los servicios de emergencia. Cuando ya se han cumplido tres años de la matanza, todavía hay muchas personas que esperan respuestas sobre los atentados y sobre lo que sucedió aquel día. Dudas que esperan ver aclaradas durante el juicio que se desarrolla en la Casa de Campo. Germán Yanke SIEMPRE LO MISMO L Un barrio obrero os tipos no estaban cogidos a lazo, como se va viendo, ni sus relaciones son una quimera o una casualidad por pasar por los mismos lugares. Unas y otras declaraciones en la vista dibujan una célula yihadista local- -autofinanciada con el crimen como tantas otras en distintos lugares de Occidente- -que se alimentaba del fanatismo religioso y cuyos responsables tenían contactos habituales con otros líderes del terrorismo islamista. Nada que ver con unos moritos despistados. El hermano de Aglif le aprecia, pero dice no saber con qué gente se juntaba, aunque les veía juntos- disfrutando con el balón de fútbol y la barbacoa- -a casi todos, El Chino El Tunecino otros suicidas de Leganés. Y tiene, al parecer, una alta consideración por El Chino ¿Cómo iba a ser su hermano su lugarteniente, un chaval de 22 años, con la cabeza que tiene? Con El Chino El Tunecino el organizador de los atentados de Casablanca y los demás, incluso con El Egipcio vieron a Mouhannad Almallah Dabas su ex mujer (a la que se pudo ver, con cierto pasmo, fotografiada en la pantalla, a pesar de ser testigo protegido) y su ex cuñado, y le oyeron decir, en medio de tanta reunión yihadista y de tanta violencia islamista, que quería ver caer las Torres Kio. El procesado, tras el cristal, hacía esfuerzos para reírse, pero ya se le habían visto las intenciones a todos ellos. Hablaba siempre de eso dice su ex cuñado. Del 11- S, de Irak, de Afganistán, del yihad. Pero lo que tenían en la cabeza era, no hay duda, destruir todo aquello que fuese o simbolizase la democracia y los valores de Occidente. Justo cuando reía el procesado, justo cuando nos contaban de qué hablaba siempre, se supo que Al Qaida amenaza de nuevo a España y que, en esta verborrea totalitaria e impresentable antes y después del 14- M, es el presidente Rodríguez Zapatero el que, enviando tropas a Afganistán, pone en peligro el país. Para que luego haya quien ría bobamente, y no me refiero ahora a Dabas.