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ABC MARTES 13 s 3 s 2007 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA NAVARRA A sido Batasuna la que ha marcado con una banderita en el mapa el lugar de la próxima batalla política en este toma y daca en que se ha convertido el proceso de paz sin paz: Navarra. Sin Navarra no hay nada que hacer, advierten los ventrílocuos etarras a través de sus monigotes batasunos. Ergo se avecinan dos frentes simultáneos y relacionados entre sí: el del futuro de esa comunidad y el de la presencia de Batasuna en las municipales- forales de mayo. La hoja de ruta de ETA pasa por la reconquista de IGNACIO la Jerusalén del indepenCAMACHO dentismo, que es Pamplona. Empezaron hablando ambiguamente de territorialidad pero a medida que empieza a hervir el aceite en la sartén del Proceso las cosas van siendo nombradas por sus nombres. En el imaginario político nacionalista, Euskadi y Navarra son un solo ámbito, por lo que la anexión- -llámese con el eufemismo que se quiera- -constituye una condición sine qua non llave de cualquier acuerdo pactado. Como existe un portillo constitucional para que Zapatero pueda ceder sin romper la baraja legal, que es la célebre Disposición Transitoria Cuarta, el futuro navarro pasa de forma irremisible por el resultado de las elecciones. Es decir, que la disyuntiva es muy simple: o renueva mayoría la actual coalición UPN- CDN, o ese portillo a la fusión vasconavarra quedará entreabierto, por muchas protestas de lealtad quehaga el candidato foral del PSOE, elegido previa conveniente defenestración de un líder inequívocamente navarrista. Éste va a ser el eje de la contienda electoral, y de algún modo la segunda pieza clave de toda la futura negociación con ETA, tras la reaparición de las listas batasunas, que seda por descontada en el discurso de Otegui y sus compañeros de bando. O de banda. De manera que la ofensiva del PP y de UPN no sólo no es una fantasiosa y exagerada oposición preventiva, sino que constituye la piedra de toque del futuro modelo territorial de España. Ponga el Gobierno todas las cautelas que considere, si desea avanzar en su estrategia de diálogo tendrá que acceder a la demanda anexionista, y la única manera de evitarlo es cerrándole el paso a un cambio de mayoría en el Parlamento Foral navarro. Si esa alternancia se produce, el órgano común se pondrá en marcha, bajo la retórica- -impecable desde elpuntodevista legal- -de la expresión de la voluntad popular. Esto es lo que hay. Y lo deben de saber los navarros, porque son ellos los que van a tomar ladecisión clave. A partir deahí, las manifestaciones, declaraciones y demás técnicas de alharaca política no son más que fórmulas tácticas para activar la tensión ante ese pulso trascendental, que se puede decidir por un escaño. Los dos próximos meses son esenciales para el proyecto de Zapatero, que llega al tramo final con todas las variantes abiertas. La batalla va a ser dura y sin concesiones, pero al menos convendría que cada cuál la empiece con las cartas sobre la mesa. Batasuna las ha puesto. El PP también. Falta por mojarse el Gobierno. LA LLAVE H DEL VINO AL ABSOLUTISMO DIETÉTICO UMAR o beber son elementos de la existencia humana que gobiernos como el de Zapatero pretenden ahormar según un método redentor. Se nos quiere salvar de riesgos y amenazas terribles porque no somos suficientemente adultos para saber lo que nos conviene ingerir o trasegar. Tras la ofensiva frontal contra el tabaco, la primera escaramuza con el vino de momento no ha cuajado. Según se calcula, la embestida reaparecería en caso de un afianzamiento electoral del PSOE. Antes de eso, enfrentarse al vino podría dejar medio descalabrado al zapaterismo. Incluso la Biblia, en general crítica con el exceso, concede al vino la virtud de la alegría. Que no falte en ninguno de los banquetes del Antiguo Testamento. Entre tantas emanaciones proféticas, la mujer amorosa planta una viña para deleite del esposo. Y así ha venido sucediendo por los siglos de los siglos. En paralelo con la ley antitabaco y el amago gubernamental contra el vino, adivinamos el fortalecimiento gradual de una estrategia ideológica y activista que implicaría también graves insinuaciones sobre determinados condimentos, sobre la gula, sobre lo perjudiVALENTÍ cial de la gastronomía, con todo un desPUIG pliegue de estudios estadísticos sobre obesidad, excesos de colesterol y muerte por consumo del salmorejo. Oakeshott dijo que quienes abrazan un extremo en la política llegan a entender sólo una política de extremos. Añadía: Además, cuando nos asentamos en uno de los extremos de la actividad política y perdemos contacto con la región intermedia, no sólo dejamos de reconocer cualquier cosa que no sea un extremo, sino que empezamos a confundir también los extremos mismos En fin, los polos que hasta el momento se habían mantenido separados se abrazan, y el lenguaje se vuelve equívoco. Aún así, una ostra siempre será una ostra. Como recuerda el historiador Leo Moulin en Las liturgias de la mesa el jacobinismo totalitario prefigurado por la Revolución Francesa propone que los niños sean alimentados en común y especialmente de fruta, F legumbres, leche, pan y agua Por ahí comienza la planificación centralizada. En los falansterios de los socialistas utópicos, a la dieta colectiva se imponía el gusto individual. Cuando el sujeto no se ajusta al molde colectivo, desaparece el rabo de buey y pasamos al caldo comunistoide. Son precedentes para la mentalidad de la ministra Salgado, en confrontación con las costumbres y las apetencias de una ciudadanía que no acaba de comprender que la labor de un gobierno deba consistir obligadamente en imponerle un reglamento al bocata de calamares. Hubo una izquierda que descubrió el goce de la buena mesa con la llegada al poder, con el cambio felipista. Aquella izquierda fue feliz con el tacto de los manteles, la carta de vinos. Venían de mayo del 68, si no de algo peor, con la confusa noción de que los restaurantes eran antros del capitalismo salvaje. Fue una relevación, como fue ilustrativo verles manejando el cortapuros y dando lecciones sobre cosechas y catas de vino. Después de aquel aprendizaje intensivo, hay un retorno a la cocina del lugar y del tiempo, a que las cosas tengan más que menos el gusto de lo que son. Incluso para ir a la escuela volvemos a los bocadillos de mortadela. Vemos una resistencia espontánea a la idea de imbuirnos de la lúgubre idea del comer como mal necesario. Se trata de recuperar el espíritu del cocinar y del comer como forma de júbilo y de amor. El paraíso de la infancia tuvo que ver con la cocina de casa, reflejo de una comunidad vital que respondía a un paisaje y a un arraigo. Desearíamos tener a mano un buen salero, la aceitera, una buena botella de vino y un Partagás. Frente a la tesis de la uniformidad, lo que predomina es el aprecio a los guisos de la abuela. Regresamos a la cocina como lengua materna, después del esperanto de la nouvelle cuisine El instinto de lo más noble nos pide regresar a la cocina materna. Por eso recuperan terreno las cocinas regionales frente al pool gastronómico de la trasnacionalidad. Son vínculos y fidelidades que nos rescatan de la impersonalidad, del fast food tanto como de la cocina de laboratorio. Queremos los flanes como los hacía mamá. vpuig abc. es