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4 OPINIÓN MARTES 13 s 3 s 2007 ABC DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA DIRECTOR GENERAL: JOSÉ LUIS ROMERO Área Financiera: Jorge Ortega Área de Márketing: Javier Caballero Área Técnica: José Cañizares Área de Recursos Humanos: Raquel Herrera DIRECTOR GENERAL DE DESARROLLO: EMILIO YBARRA PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO LUCA DE TENA Director Adjunto: Eduardo San Martín Subdirectores: Santiago Castelo, Fernando R. Lafuente, Alberto Pérez, Alberto Aguirre de Cárcer Jefes de Área: Jaime González (Opinión) J. L. Jaraba (España) Miguel Salvatierra (Internacional) Ángel Laso (Economía) Juan Cierco (Cultura, Ciencia y Deportes) Mayte Alcaraz (Fin de Semana) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego y Ángel Collado Redactores jefes: V. A. Pérez (Continuidad) A. Martínez (Política) M. Erice (Internacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura y Espectáculos) J. M. Mata (Deportes) F. Álvarez (Comunicación- TV) A. Sotillo (S 6 y D 7) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) y S. Guijarro EJÉRCITO Y L EMERGENCIAS A política de Defensa exige una adaptación razonable de los medios disponibles a los fines que las Fuerzas Armadas están llamadas a cumplir. De ahí que resulte sorprendente la dotación en medios humanos y materiales de la Unidad Militar de Emergencias, creada por el Gobierno para dar respuesta rápida a las catástrofes naturales, tales como incendios, inundaciones, nevadas o riesgos biológicos o químicos. En plena polémica sobre las retribuciones militares, esta unidad ofrece los más altos complementos salariales y, por su propia naturaleza, sólo actuará de forma ocasional, lo que podría dar lugar- -según algunas fuentes- -a una fuga hacia la misma de múltiples mandos y tropas. Mientras el Ejército no logre cubrir sus expectativas de personal, parece poco operativo dedicar más de 4.000 efectivos a una actividad que solo se desarrolla en situaciones de crisis, lo que supone dejar sin cubrir otras unidades de acción permanente. Además, sin negar su utilidad en tales circunstancias, el auxilio en casos de emergencia no es una misión exclusiva de las Fuerzas Armadas, hasta el punto de que podría chocar en algún caso con las competencias de Protección Civil y de las comunidades autónomas. A todo ello se suma la fuerte inversión prevista en aviones, helicópteros, vehículos y diversas instalaciones permanentes. La eficiencia en la gestión administrativa exige una correcta adecuación entre los costes y los fines. En este caso, no es conveniente mantener ocupados a tantos militares en una función de preparación para actuar sólo en contadas ocasiones. NAVARRA ES LA CLAVE DEL PROCESO L presidente del Partido Popular, Mariano Rajoy, anunció ayer que acudirá al frente de una representación de su partido a la manifestación convocada para el próximo sábado por el Gobierno foral de Navarra bajo el lema Fuero y Libertad Los populares refuerzan así, en la calle, la denuncia contra el proceso de negociación política entre ETA y el Gobierno, en el que es clave la disolución del régimen foral de Navarra y su incorporación a un ente común con el País Vasco. El PSOE insiste en negar que Navarra esté en juego, pero han sido tantos los desmentidos falsos de los socialistas acerca del diálogo con ETA que su mera palabra no basta para eliminar la amenaza del anexionismo nacionalista sobre Navarra. Es más, estando vigente el Acuerdo por las Libertades y contra el Terrorismo, los socialistas se hicieron, tras las municipales de 2003, con alcaldías navarras gracias al apoyo de los partidos firmantes del Pacto de Estella, a pesar de que Unión del Pueblo Navarro había sido el partido más votado. El preámbulo del acuerdo antiterrorista contenía el compromiso de PP y PSOE de no alcanzar acuerdos políticos con el nacionalismo vasco mientras no abandonara la estrategia pactada con ETA en el verano de 1998. Fue Rodríguez Zapatero personalmente quien, en el debate sobre el estado de la Nación que tuvo lugar el 30 de junio y el 1 de julio de 2003, avaló el apoyo del nacionalismo a los candidatos socialistas de localidades como Estella, Tafalla, Burlada o Barañáin. No son conjeturas, por tanto, las advertencias lanzadas desde el Gobierno de Navarra, ni desde Unión del Pueblo Navarro o el PP sobre el riesgo de que esta comunidad perderá su identidad histórica foral si el socialismo y el nacionalismo alcanzan mayoría suficiente para gobernar. El socialismo ya ha pactado con nacionalistas a pesar del pacto antiterrorista, lo que supone un revés para el empeño de Ferraz en forjar la leyenda de Zapatero como un aliado fiel de los gobiernos populares. En cuanto tuvo ocasión de ganar poder y acosar a UPN, el PSOE no dudó en aliarse con los nacionalistas. Los antecedentes de la política de Rodríguez Zapatero sobre ETA no ayudan a calmar los ánimos. Navarra es una E demanda constante de ETA y Batasuna. Es el objetivo histórico del nacionalismo vasco y, especialmente, de ETA. Batasuna se ha dedicado estas últimas semanas a jugar con las palabras y proponer una falsa autonomía vasco- navarra que sería sólo un marco de transición para el ejercicio de la autodeterminación. Cualquier alteración del régimen foral navarro sería un éxito para los terroristas. El problema es que el PSOE, con Zapatero a la cabeza, no ha rechazado esta propuesta de Batasuna. Es más, en el balance de su política sobre terrorismo, se constata que la impunidad judicial que demandan los terroristas aflora en la legalización de hecho de Batasuna; que la excarcelación de De Juana Chaos es lo más parecido a la amnistía que demandan los proetarras; que el reconocimiento del conflicto político reclamado por la organización terrorista está en la aceptación por el PSOE de las dos mesas de negociación del futuro del País Vasco. Quizás a ETA le parezca poco lo que ha ganado, pero es mucho más que lo que tenía hasta el 14 de marzo de 2004, y por eso los navarros no pueden sentir que sus fueros, su amejoramiento y, en definitiva, su singularidad foral histórica estén a salvo. No lo están porque este Gobierno no ha sido capaz de ofrecer garantía alguna de que en su diálogo con ETA habrá líneas rojas, límites infranqueables. Los que anunció- -respeto a la ley, ilegalización de Batasuna, vigencia del Pacto Antiterrorista- -han sido rotos. Incluso ahora se añade la quiebra de la ley de cumplimiento íntegro de las condenas, porque la excarcelación de De Juana Chaos es un fraude de ley para conceder una libertad condicional que este criminal nunca habría obtenido si se hubiera respetado el Código Penal. Navarra no está segura en manos del Gobierno socialista. El resultado de las próximas elecciones municipales y forales será decisivo para mantener a Navarra fuera del trueque entre el PSOE y Batasuna, entre el Gobierno y ETA, o, por el contrario, para entrar directamente en la negociación política con el terrorismo. El dilema está muy claro para los navarros. EL ADIÓS DE CHIRAC UERON diez minutos, pero bastaron para que pudiera dar la medida de sí mismo, incluso en un momento tan delicado como el de su adiós televisivo. El pasado domingo, Jacques Chirac comenzó a apagar las luces de su estancia presidencial en El Elíseo y lo hizo con la maestría escénica que se esperaba en alguien que ha dedicado su vida a la política y que, además, lo ha sido todo en ella: diputado de la Corrèze, alcalde de París, varias veces ministro y en dos ocasiones primer ministro y presidente de la República. Con todo, su discurso traslució la fatiga de un liderazgo político que denuncia el escaso apoyo popular que despierta el balance de su gestión. No en balde, tuvo que hacer una compleja reivindicación de la misma justificándola a través de los equilibrios que ha tenido que ensayar para gobernar un país que no es capaz de seguir el ritmo de los cambios culturales y económicos que exige la globalización. Precisamente por eso su adiós supone algo más que una despedida personal: es el adiós de un estilo de hacer política y, sobre todo, de un conservadurismo gaullista que tiene ya muy poco que decir si Francia aspira realmente a superar el anquilosamiento estructural que padece. FIRMEZA DESDE CASABLANCA A KABUL ASI por casualidad se ha podido impedir que dos terroristas suicidas cometiesen una matanza en la ciudad marroquí de Casablanca, justo el día en que se conocía un comunicado atribuido a Al Qaida en el que la organización terrorista amenaza directamente con atentar contra España por mantener tropas en Afganistán. Tres años después del 11- M, queda de manifiesto que la actividad de los fanáticos persiste y que todo indicio de apaciguamiento es meramente superficial. Nuestro vecino del sur afronta desde hace años- -antes incluso de los sangrientos atentados de 2003 contra la Casa de España y otros emblemas occidentales en la capital económica de Marruecos- una dura batalla contra la emergencia del integrismo islámico. No podemos ignorar que se trata de un conflicto con raíces profundas y cuyas ramificaciones pueden afectar, como ya se ha demostrado dolorosamente, a nuestro propio país o a cualquier otro de la Unión Europea, donde reside una importante colonia de origen marroquí. Todos los informes solventes advierten que el extremismo religioso sigue creciendo en Marruecos y que en las próximas elecciones será prácticamente imposible seguir conteniendo una mayoría bien implantada socialmente en las ciudades de un país vecino. La relación entre lo que sucede en Afganistán y en Ma- F C rruecos es muy sencilla: si la OTAN se retirase y Afganistán volviera a ser el Estado fracasado que fue, los extremistas marroquíes contarían con una gigantesca base de reclutamiento y adiestramiento. Los suicidas de Casablanca han sido descubiertos cuando, según todos los indicios, trataban de contactar con sus superiores, que se mantienen ocultos en otro lugar y que no podrán estar seguros mientras no se hayan apoderado otra vez, como en tiempos de los talibanes, de un país en el que ahora libran una de sus principales batallas. Para los terroristas, Afganistán, Irak o Palestina son meros pretextos para sus propagandistas, puesto que esencialmente el terrorismo islámico tiene que ver con su incapacidad de asimilar la libertad y la modernidad, con un proyecto totalitario vinculado a determinada interpretación religiosa del mundo. En este campo, los análisis del Gobierno se han revelado falsos. Ni era cuestión de estar o no en la reconstrucción de Irak, o en Afganistán, ni de ejercer una política complaciente con el régimen marroquí. Tampoco las invocaciones grandilocuentes a la alianza de civilizaciones han servido para contener la peligrosa expansión del integrismo islámico. El Gobierno tiene que entender de una vez que se trata de una forma nueva de conflicto, en la que lo único que nos puede salvar es la firmeza en la defensa de la libertad.