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32 INTERNACIONAL En busca de una salida al laberinto de Oriente Próximo LUNES 12 s 3 s 2007 ABC UNA REGIÓN AL ROJO VIVO GRECIA TURQUÍA MAR MEDITERRÁNEO TURKMENISTÁN TAYIKISTÁN 0 Km N 200 Gaza y Cisjordania: Conflicto interno palestino LÍBANO ISRAEL SIRIA Conflicto interno libanés IRAK Peligro de guerra civil Enfrentamientos con la guerrilla kurda IRÁN AFGANISTÁN Guerra de la OTAN y Kabul contra los talibanes JORDANIA Israel: Conflicto entre Israel y Palestina LIBIA EGIPTO Nayaf KUWAIT PAKISTÁN Enfrentamientos con la guerrilla baluchí INDIA ARABIA SAUDÍ: Impulsada por unos ingresos petroleros récord, Riad se erige en principal interlocutor de Washintong y de las capitales árabes SUDÁN Darfur: guerra entre etnias árabe y negra musulmanas YEMEN OMÁN OCÉANO ABC ÍNDICO Arabia Saudí desplaza a Egipto como principal mediador en el mundo árabe El colchón financiero de las nuevas rentas del petróleo y la imperiosa necesidad de frenar a Irán devuelven a la monarquía absoluta saudí el protagonismo en la región FRANCISCO DE ANDRÉS MADRID. La cumbre de la Liga Árabe prevista para finales de este mes en Riad marcará, según todos los indicios, un momento estelar de la diplomacia saudí, que desde hace meses muestra una actividad- -y una eficacia- -asombrosas en su propósito de erigirse en mediadora imprescindible de todos los conflictos del mundo árabe. Con más pragmatismo que entusiasmo, Washington parece plegarse a la nueva situación, y las últimas visitas a Oriente Próximo de la secretaria de Estado, son un buen botón de muestra. Condoleezza Rice visitó en todas las ocasiones la capital saudí, saltándose la tradicional parada y fonda en El Cairo, el aliado tradicional de Washington en el viejo conflicto árabe- israelí. Riad dio además la sorpresa al lograr convocar a los líderes palestinos de Al Fatah y Hamás en la capital saudí, y arrancar a la fuerza un acuerdo de gobierno de unidad cuando los territorios ocupados parecían abocados sin remedio a la guerra civil entre los islamistas y los nacionalistas radicales. El último éxito diplomático de la monarquía saudí fue la visita oficial del presidente iraní, Ahmadineyad, a Riad. Más allá de la retórica de las declaraciones conjuntas, las autoridades saudíes quisieron demostrar que son las únicas capaces de negociar con el régimen de Teherán, empeñado en apariencia en alcanzar la energía nuclear, y con ella el arma atómica, a cualquier precio. de los territorios ocupados en la guerra de 1967, tanto palestinos como sirios. Arabia Saudí tiene su propia agenda, distinta de la estadounidense. Nunca aprobó la invasión norteamericana de Irak y no oculta su inquietud por el actual apoyo de Washington a un régimen de supremacía chií instalado en Bagdad y fortalecido por el apoyo iraní cuando, tarde o temprano, se vayan las tropas norteamericanas. Pero hoy los objetivos de las diplomacias saudí y norteamericana coinciden en un punto capital: frenar las ambiciones del régimen iraní de los ayatolás, que pueden no sólo enconar la actual batería de conflictos armados en Oriente Próximo sino además cambiar el actual equilibrio de fuerzas en la región. La rivalidad entre Riad y Teherán es política y religiosa. Arabia Saudí es una monarquía absoluta, de etnia árabe, devota de la secta musulmana suní, la mayoritaria en el islam, y entregada a su ala más radical, la wahabí. Irán es una república islámica, de etnia persa, controlada por el clero de la secta musulmana chií, la segunda en importancia del islam y enemiga histórica de los suníes. Arabia Saudí, como guardiana de La Meca y Medina, sufre periódicos ataques paranoicos sobre presuntos complots chiíes para apoderarse de los lugares santos musulmanes, alimentados ahora ante la perspectiva de que Irán se convierta en el primer país de la región en poseer el arma nuclear, además de Israel. Para medir las costillas del régimen iraní, la diplomacia saudí utiliza un palo de tres dimensiones. La primera, la económica. Como primer productor mundial de petróleo, el régimen saudí tiene en sus manos la posibilidad de inundar el mercado, bajar radicalmente el precio del crudo y hundir la frágil economía iraní- -cuarto productor mundial- ya hostigada por las sanciones norteamericanas, y las que están por llegar. Por otro lado, los recientes rebrotes violentos de las guerrillas separatistas kurdas y baluchíes dentro de Irán han despertado la sospecha de que Riad pueda estar rearmando y financiando a esos grupos suníes. Finalmente, Irán tiene frontera con Pakistán, un estado suní y nuclear con el que Arabia Saudí dispone de una estrecha alianza militar. Algunos analistas recuerdan la última jugada de Riad para boicotear al representante iraní, que no pudo acudir a la reunión de ministros de Exteriores musulmanes celebrada en Pakistán. ¿Cómo explicarse el súbito esplendor de la diplomacia saudí? Con no poca malicia, en algunos medios diplomáticos se apunta la teoría de la fuerza del chorro de petróleo. Cuando el precio del crudo baja- -como ocurrió hace años- la economía saudí se descompone, el malestar social acogota a la familia real saudí y el régimen se siente acometido por la necesidad de hablar de reformas. Si el precio del barril se dispara, como es el caso desde hace tiempo, las reformas internas se frenan y el régimen saca pecho en la esfera internacional. Matrimonio de intereses El rey Abdulá y su hábil consejero de seguridad nacional, el príncipe Bandar bin Sultán- -durante muchos años embajador en Washington y muy vinculado a Bush padre- -confían en redorar los blasones del prestigio saudí en la próxima cumbre de la Liga Árabe. Según los analistas, Riad pondrá sobre la mesa una versión actualizada de su iniciativa de paz de 2002 en Beirut. En ella se ofrece, a grandes rasgos, que todos los estados árabes normalicen sus relaciones con Israel (a excepción de Irán, que no pertenece a la Liga por no ser un país árabe) a cambio de que el estado hebreo acepte retirarse Riad confía en consagrar su papel con una propuesta global de paz con Israel, que rescataría la de 2002 Los saudíes esperan moderar las ambiciones de Irán gracias a su control de los precios del crudo El poder de la chequera