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ABC LUNES 12 s 3 s 2007 ESPAÑA 21 EL OBSERVATORIO Germán Yanke Y EL ENEMIGO Las víctimas del terrorismo, del yihadista y de los demás, no tienen una razón derivada automáticamente de su dolor, sino que representan otro tipo de verdad: que son víctimas, y víctimas inocentes, porque hay verdugos. El enemigo son los verdugos y conviene identificarlos UANDO Tony Blair dice que los ataques islamistas a ciudades e intereses occidentales pretenden acabar con nuestro modo de vida algunos despistados piensan que es sólo una frase. Pero es una frase que refleja una realidad, porque ese modo de vida no son unas costumbres particulares, sino lo que se ha convertido en el verdadero enemigo del yihadismo: la democracia. Y con ella, como ocurre en Occidente desde los griegos, aunque sea a trancas y barrancas, la constante puesta en cuestión de nuestro modo de hacer y de nuestras leyes. En la teocracia totalitaria en la que se alimenta el terrorismo islamista, todo eso constituye una herejía desgarradora que es preciso eliminar. Por eso, al igual que otros países similares al nuestro, seguimos estando en el punto de mira. Los atentados del 11- M, que ayer se conmemoraron en Madrid con la sobriedad propia de los recuerdos emocionados y dolorosos, no son por tanto un hecho aislado, un acontecimiento irrepetible por ser únicamente fruto de las circunstancias españolas del momento. Que se pretendiera influir en las elecciones y en la vida política de entonces, como sin duda se pretendió, no significa que ese fuera el único y concreto objetivo de un terrorismo que, como hemos ido sabiendo desde entonces, intentó antes y ha seguido intentando golpear a España. El mito de Al- Andalus y Ceuta y Melilla, que a menudo se citan como factores de riesgo, son las disculpas para un empeño creciente: destruir lo que ha devenido en el territorio de los derechos individuales para convertirlo, por la fuerza de las armas, en el infier- LAS VÍCTIMAS DEL 11- M C no de la ley religiosa totalitaria. Es conveniente subrayarlo, porque se diría que no somos conscientes de ello. Tras el 11- M pudimos constatar no sólo negligencias policiales, sino, sobre todo, que esas negligencias y otras deficiencias más estructurales respondían a que, aun cuando la alerta se acrecentaba, no habíamos tomado las medidas oportunas para nuestra seguridad. Ya se sabe que la seguridad total es una utopía, pero estábamos lejos de lo razonablemente exigido, sobre todo tras los tremendos atentados del 11- S y otros menores, en variados lugares del mundo, que constituían una grave advertencia. Y si el Gobierno anterior, más integrado en la sensibilidad angloamericana por la lucha contra el terror que el actual, podía haber incrementado las cautelas y la preparación, tampoco debemos olvidar que prácticamente cada paso adelante era considerado por la oposición de entonces, encabezada por el PSOE, como muestras de un alarmismo exagerado o de un afán por reducir las garantías o las libertades. ero no es sólo eso. En estos días de conmemoración, que coinciden además con el comienzo de la vista oral en la Audiencia Nacional por los atentados, observo que algunos significados representantes de las víctimas yerran sobre la consideración misma de lo que acabó con la vida de sus familiares o les hirió a ellos mismos. Es una cuestión delicada, ya lo sé, hacer referencia a las víctimas, que padecen más que nadie el dolor y el horror de la violencia totalitaria, pero pienso que es necesario porque representan vivamente, a mi juicio, corrientes de opinión que pueden y deben ser analizadas y discutidas. De hecho, las víctimas del terrorismo, del yihadista y de los demás, no tienen una razón derivada automáticamente de su dolor, sino que representan otro tipo de verdad: que son víctimas, y víctimas inocentes, porque hay verdugos. El enemigo son los verdugos y conviene identificarlos. añadequelos detenidos y los considerados responsables en el sumario no parecen islamistas radicales ni por su forma de vida ni por su modo de actuar No conozco que haya aportado prueba alguna de esta teoría. o que me interesa es insistir en que desde puntos de vista tan dispares como los que representan, desde su carácter de representantes de las víctimas de la barbarie terrorista, y como síntoma de opiniones más generales, parece que no se quiere aceptar el peligro del terrorismo islamista, el riesgo que supone para nuestra democracia y, si se me apura, hasta una cierta complacencia con las redes yihadistas ya identificadas en España. El enemigo hay que colocarlo, al parecer, en otro lugar, el que facilite la teoría o la opinión de cada cual, pero distorsionando y no advirtiendo una amenaza evidente, la del islamismo radical y totalitario. Quizá la señora Manjón, y con ella otros, quiera convertir en chivo expiatorio a la derecha. Tiene todo el derecho a criticarla con la dureza que le plazca, pero yerrasinoveque, independientementedequién gobierneen España, el terrorismo islamista pretende terminar con la democracia y los valores occidentales. Para saberlo basta con leer los periódicos y tomar nota de las detenciones realizadas y de las acciones internacionales desplegadas por el Gobierno de Rodríguez Zapatero. Quizá el señor Alcaraz, y con él otros, quieran llamar la atención sobre el carácter antidemocrático e indeseable de ETA. Tiene no sólo el derecho, sino la razón de su parte. Pero se equivoca si piensa que es el único enemigo del Estado de Derecho y las libertades, hasta el punto de despreciar los demás. El honor y la dignidad de las víctimas también tiene que ver con el sentido común y con el realismo. Y las dos cosas nos dicen que el terrorismo islamista es un enemigo al que debemos enfrentarnos con rigor. L E P El honor y la dignidad de las víctimas nos dicen que el terrorismo islamista es un enemigo al que debemos enfrentarnos con rigor n las últimas semanas he escuchado, por un lado, a Pilar Manjón, presidenta de la asociación 11- M Afectados por el Terrorismo, identificar al enemigo en el Gobierno de Aznar, en su apoyo a la intervención militar internacional en Irak. Si piensa que la violencia terrorista tiene su causa y su explicación, en lo que los yihadistas puedan esgrimir como justificación, yerra en el análisis y en el juicio moral. Antes y después del 11 de marzo de 2004, los terroristas islamistas pretendían acabar- -y ahora también- -con la sociedad plural y crítica consigo misma que, Manjón, a pesar de su indecible dolor, sigue disfrutando. Por otro lado, el señor Alcaraz, presidente de la Asociación de Víctimas del Terrorismo, no sólo se empeña en vincular a ETA con elatentado (bien sea por una universal investigación de responsabilidades reducida a la banda, bien sea por alusiones a lo que sabría sobre el mismo) sino que