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ABC DOMINGO 11 s 3 s 2007 MADRID 71 No puedo con mi hijo... La incomunicación y las malas relaciones entre padres e hijos centran las consultas recibidas en la Unidad de Orientación Familiar de la Comunidad de Madrid s En 2006 atendió a más de 3.600 personas POR M. J. ÁLVAREZ MADRID. No puedo más. No sé qué hacer con mi hijo. No estudia. No obedece. Rechaza sistemáticamente todo lo que le decimos... Éstas son las principales quejas de los padres que se dirigen a la Unidad de Orientación a la Familia ante Momentos Difíciles, un recurso de la Consejería de Servicios Sociales que lleva funcionando dos años en la Comunidad de Madrid. Los problemas de comunicación son especialmente llamativos en las parejas (60 mientras que las malas relaciones intergeneracionales son, en todos los tramos de edad (cinco grupos) las que provocaron el grueso de las consultas realizadas en 1.632 llamadas, que desembocaron en 3.607 personas atendidas. En total, 2.049 familias. De este modo, los conflictos entre padres e hijos alcanzan porcentajes que oscilan entre el 26 en los adultos y el 27 de los ancianos, hasta el 40 en adolescentes y el 43 en jóvenes. Ambas dificultades- -comunicación y relaciones familiares- -se convierten en el trasfondo de las conductas violentas que muestran algunos adolescentes (30 y jóvenes (10 en sus casas. No obstante, esos comportamientos violentos no suelen acabar en agresiones propiamente dichas, al menos no son representativas. A lo sumo, un empujón o manotazo hacia sus progenitores, pero poco más afirma Gabriel Dávalos Picazo, responsable de la Unidad de Orientación. A su juicio, algunos padres no saben cómo ayudar a sus hijos en una época tan difícil como la de la adolescencia. Tienen que enfrentarse a la indisciplina y al desafío de la autoridad propia de la edad; y, en ocasiones, se ven empequeñecidos y enfrentados a sus vástagos. El riesgo que se corre en situaciones conflictivas es que un niño rebelde termine siendo un adolescente tiránico. Los padres ven, con estupor, cómo sus hijos no sólo no aceptan sus normas y las sobrepasan, sino que imponen las suyas y el qué hacer y cómo. De ahí, el consabido no puedo con él En las sesiones a las que acuden juntos, o por separado, a los adultos se les facilitan pautas para cambiar de actitud. Hay que sumar y no restar, y la forma de expresarse y el lenguaje es esencial afirma Dávalos. Lo básico es ayudar a que los hijos crezcan, marcándoles límites y señalándoles las conductas que tengan que cambiar de forma positiva. Así, explica que es contraproducente usar expresiones del tipo: Eres tonta, desobediente, contestona... porque conducen al enfrentamiento abierto. ¡No me hubierais tenido! es la frase favorita de los vástagos, además de otras típicas, por ambas partes: Tú no me entiendes Nada te parece bien Basta cambiar el tú por el yo. Cuando suspendes, yo me siento... con lo que la rivalidad se diluye, dice Dávalos. Tras las sesiones, el 82 afirma que ha aprendido a resolver el problema. Sólo cuando la situación llega demasiado lejos y el nivel de conflicto es muy alto, se impone devolverle la competencia a los padres y rescatar al menor de la indefensión en la que se encuentra provocada por su rebeldía exacerbada, indica el coordinador de la unidad. Son en estos casos extremos cuando las oficinas judiciales pueden dictar la separación del menor de los padres, una medida excepcional que sirve UNA Y MEDIA Jesús Higueras SANTIDAD uando a Jesús le cuentan la desgracia sucedida con unos galileos a los que Pilato ajustició cruelmente, aprovecha para explicar que Dios no reparte la suerte arbitrariamente, de modo que a unos les toca la desgracia y a otros la fortuna por designio divino. Todo lo contrario: el mal que existe en el mundo procede del corazón del hombre, que en el origen de su historia eligió equivocadamente apartarse del amor de Dios y eso trajo consecuencias irreversibles para todas las generaciones humanas. Por eso propone la conversión y la santidad como único remedio para que la humanidad recupere un sentido a la vida y una armonía con su creador. Puede parecer una receta de risa pero para los creyentes la santidad personal es el único camino para regenerar el tejido necrosado de la sociedad. Son los santos, con el poder del amor y de sus obras, los que elevan la temperatura espiritual de una comunidad, de un pueblo e incluso de una nación, pues se convierten en estandartes a los cuales la gente mira y admira, moviendo sus corazones para un cambio interior. Es comprensible que en este tiempo de Cuaresma Dios, por medio de la Iglesia, siga insistiendo e invitando a todos los cristianos a buscar la verdadera santidad, a acoger a Dios en sus corazones para después transmitirlo a manos llenas a todos los hombres. Tenemos ejemplos tan cercanos... Miremos a nuestro alrededor y comprobaremos cómo personas de la categoría espiritual de la beata Teresa de Calcuta o Juan Pablo II han sido los verdaderos artífices de la historia del pasado último tercio de siglo. Cómo el mundo ha visto en ellos una humanidad nueva y renovadora que invita a salir de los egoísmos y mediocridades, para dar lo mejor de nosotros mismos sin sucumbir al cansancio. Y es que la santidad no es un lujo reservado para unos pocos, es una necesidad y un derecho que tienen los no creyentes que esperar de los cristianos. El amor de Dios es un don y un mandato que a todos nos tiene que llegar al corazón para ser cooperadores de la redención, de la superación de todos los males de la humanidad, que sucederá al final de los tiempos, pero que nosotros tenemos que provocar asociándonos a la Pasión y Muerte del único Salvador del mundo. C Separación de los padres La falta de límites, principal causa de los problemas con los hijos para proteger a ambas partes y ayudar al hijo a construir su autonomía sin desafíos en un escenario neutral. El porcentaje es tan escaso que ni aparece reflejado en las estadísticas afirma Dávalos. Otras cuestiones planteadas por los padres tienen que ver con los más pequeños de la casa, que aglutinan el 9,32 de las consultas. Sus principales preocupaciones son los problemas de comportamiento límites (32 y los trastornos adaptativos evolutivos (29 El ABC Escalada de enfrentamientos coordinador del servicio lo tiene claro. Se trata de un problema de competencia de los propios padres y de la dificultad de poner normas, sobreprotegiendo al menor, por exceso de reconocimiento y alabanzas únicamente, descuidando los límites, lo que supone un freno en la autonomía personal y en el desarrollo futuro al causar desequilibrios. Más información: Madrid. org Teléfono: 902150004