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S 6 10 3 07 EL DIARIO DE JENNIFER ZAMBUDIO 16 S 6 LOS SÁBADOS DE ROSA BELMONTE La patrulla armen, la hija mayor de Julia, llama bolsos chichi a los bolsos de Carolina Herrera, a los CH. Nosotras dos, por imitación y por gamberras, también lo hacemos. Tanto chchchchchch impreso no podía llevar a nada bueno, aunque sería peor si cambiáramos las íes por oes. Pero, por suerte, mi hija no tiene tanto vocabulario dijo Julia la primera vez que la niña, cuando estaba aprendiendo a leer, gritó: Mira mamá, pone chichi señalando el bolso de una señora en Embassy. Entonces echamos de menos no haber tenido uno de esos accesorios cuando todavía no habíamos abandonado la lucha armada. Hombre, muy armada no era. En realidad nuestra delincuencia era teórica. Hace años fundamos la Patrulla Chichi. La misión social de la unidad paramilitar (y para hacer el tonto) consistía en vengarnos de todos los tíos que iban dando por saco a sus mujeres o novias. Normalmente amigas nuestras, o tías, o primas, o conocidas de amigas. Víctimas de la memez de lo que llamábamos el homo tontolculo en general. Eso era cuando éramos feministas. Y cuando teníamos mucho tiempo libre. Si todo ese tiempo libre de nuestros veinte lo tuviéramos ahora seguro que haríamos algo en internet, que es donde se entretienen los desocupados actuales. Algunos tienen mucho mérito (por ejemplo, esos que cuelgan en la red a Pepe Domingo Castaño cantando Neniña pero, sobre todo, tienen tiempo. Nuestros planes nunca se llevaron a cabo, sólo alguna broma pesada como robar la ropa en el vestuario del club de tenis, para lo que teníamos algún cómplice masculino, previamente sobornado. Pero cabrear al homo tontolculo no era bueno porque luego pagaba siempre la misma, la supuestamente vengada. Preferíamos la teoría a la práctica. Sólo acabar con ellos de verdad habría servido a nuestros propósitos, esos que ahora (las ciencias adelantan) nos podrían leer con un scanner cerebral. Pero nuestra maldad era del todo diletante. Escribíamos a dos manos (una cada una) como en una tormenta de ideas. Investigábamos qué venenos eran más ade- C Entonces echamos de menos no haber tenido uno de esos accesorios cuando todavía no habíamos abandonado la lucha armada. Hombre, muy armada no era. En realidad nuestra delincuencia era teórica cuados para no dejar huella. Pensábamos en dar un golpe mortal con una pierna de cordero congelada y luego en comérnosla haciendo un asado, como Barbara Bel Geddes en aquel episodio de Alfred Hithcock presenta escrito por Roald Dahl. Hitchcock nos inspiraba mucho. No nos sentíamos superiores intelectualmente como los estirados de La soga pero lo pasábamos bien y le dábamos mucho al coco antes de que existiera el Brain Training. Ahora uno de nuestros mayores desafíos intelectuales, que nos lleva de dos a tres minutos (y ya es mucho) es intentar averiguar qué crema se debería poner antes, si la antiestrías o la anticelulítica. Todavía no hemos llegado a una conclusión satisfactoria, más allá del convencimiento de la casi inutilidad de ambas, se restrieguen en el orden que se restrieguen. El casi nos mantiene en juego. Otra gran duda que teníamos era que si José Ignacio de Juana Chaos lleva (llevaba) tanto tiempo en la cárcel, cómo demonios, cuándo demonios, se hizo novio de esa chica con gafas Dolce Gabbana, siendo la moza 22 años menor. Ya hemos averiguado, pese a la falta de pro g ra m a s de corazón para etarras, que, como milita nte de Etxerat, el colectivo de familiares, lo empezó a visitar en Algeciras y allí empezaron a pelar la pava. Claro, es comprensible, quién se resiste a un hombre semejante. Julia dice que deberíamos retomar la Patrulla Chichi para acabar con tíos como ese. Tendríamos que refundarla y renombrarla. Podría ser la Patrulla TxiTxi. La diseñadora venezolana Carolina Herrera