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ABC SÁBADO 10- -3- -2007 El Gobierno cede al chantaje de De Juana s Las víctimas ESPAÑA 15 A la manifestación de hoy debemos asistir tanto gente de derechas como de izquierdas La familia de Miguel Ángel no va a rendirse ni a permitir que tanto sufrimiento sea despreciado por un Gobierno Creemos injusto que la vida de un chantajista asesino justifique una cesión al chantaje. Debemos recuperar la unidad frente al terror ¿Va a asistir la familia de Miguel Ángel a la manifestación de hoy? -Ahora es prácticamente imposible. En la manifestación que recorrió Bilbao el 12 de julio de 1997 había gente de derechas y de izquierdas, nacionalistas y no nacionalistas. En realidad, estábamos todos a excepción de HB. Todavía recuerdo las palabras del entonces lendakari, José Antonio Ardanza, diciendo que no sólo serían perseguidos los asesinos de Miguel Ángel Blanco, sino también los cómplices. Aquellas palabras tan esperanzadoras para la sociedad vasca duraron muy poco. La familia Blanco en el balcón de su casa de Ermua; su hijo sería asesinado horas después miento a ETA, dando por supuesto que el Gobierno mantendría la firmeza democrática. de que ETA lo matara. TELEPRESS ¿Pidió en algún momento su familia al entonces presidente del Gobierno que cediera para salvar a su hermano? ¿Sugirió en algún momento el Gobierno a sus padres que fuera a trasladar presos? mento de que se trataba de salvar una vida? -Queríamos que mi hermano volviera a casa, pero sabíamos perfectamente que el Gobierno no podía ceder al chantaje, porque si lo hacía para liberar a mi hermano, en un plazo corto iba a haber otra persona secuestrada y un nuevo chantaje. Lo que sí pedíamos y exigíamos es que las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado encontraran a mi hermano antes -No recuerdo todo lo que se habló en aquellas cuarenta y ocho horas en mi casa, donde había representantes del Gobierno, pero lo que repetían una y otra vez es que estaban haciendo todo lo posible para salvar a Miguel Ángel, aunque estaba claro que eso no incluía la cesión al chantaje. En ningún momento pedimos al Gobierno que cediera, ni nos dijo que fuera a hacerlo. -Creemos injusto que para este Gobierno la vida de un chantajista asesino justifique una cesión al chantaje. El miércoles, Zapatero reconoció en el Senado que había cedido y es muy triste ver que para el Estado de Derecho la vida de este terrorista tiene más valor que la de un joven inocente de 29 años como era Miguel Ángel. ¿Qué les parece que ahora el actual Gobierno explique su decisión sobre De Juana con el argu- -Debemos recuperar ese espíritu que representaba la unidad social frente a los totalitarios y, sobre todo, la unidad po- ¿Cree que la sociedad puede reaccionar con la vuelta al espíritu de Ermua lítica frente al terror. Creo que recuperar esa unidad política es, en la actual coyuntura, prácticamente imposible, pero podríamos recuperar la unidad social. Es muy importante recuperar las movilizaciones cívicas porque, al fin y al cabo, es la única vía que la mayoría de los españoles tenemos para derrotar a ETA y lo único que puede volver a situarla en el lugar donde estaba hace apenas tres años, hasta que el Gobierno débil y cobarde que tenemos ahora le diera oxígeno. ¿Qué cree que fue lo que movilizó a seis millones de personas a salir a la calle tras el secuestro y asesinato de su hermano? -Desde luego, y creo que debemos asistir tanto gente de derechas como de izquierdas. Hay un partido que nos convoca, pero ahí debemos estar todos los que vemos que se está cometiendo una gran injusticia contra las víctimas del terrorismo. No caben más cesiones, ni que demos justificación a tantos crímenes cometidos. ¿Pudiera producirse, como ocurrió en Ermua en julio de 1997, un movimiento social que impulsara la unidad política? -Aquello fue la gota que colmó el vaso. La gente estaba harta de tanta imposición del totalitarismo a través de las armas y yo creo que ahora la excarcelación del terrorista De Juana ha sido también la gota que ha colmado el vaso. Las víctimas vemos en los últimos tres años un abandono total por parte del Gobierno y cómo se iba posicionando más cerca de los verdugos que de las víctimas. ¿Acusa al Gobierno de estar más cerca de los verdugos que de las víctimas? TOMARON LAS CALLES CUANDO LOS CIUDADANOS Millones de españoles participaron en manifestaciones espontáneas por todo el país para gritar a ETA ¡basta ya! y exigir la liberación de Miguel Ángel Blanco POR M. L. G. F. BILBAO. Nadie había convocado a los vecinos de Ermua que se echaron a la calle nada más conocer la noticia del secuestro de Miguel Ángel Blanco, el 10 de julio de 1997, para exigir a ETA que retirara la amenaza de muerte a fecha fija al joven concejal del PP. La sociedad vasca acababa de ver al funcionario de prisiones José Antonio Ortega Lara salir del zulo donde ETA le había retenido durante más de un año, hasta su liberación por la Guardia Civil, con el aspecto de quien ha estado prisionero en un campo de concentración. Y un nuevo chantaje al Gobierno, con la misma exigencia del reagrupamiento de presos en el País Vasco, fue la gota que colmó el vaso de la indignación de los ciudadanos. En aquellos tiempos, los crímenes de ETA formaban parte del paisaje cotidiano en el País Vasco y, de repente, los ciudadanos pasaron de la aceptación de los atentados terroristas como algo inevitable a gritar en las calles ¡basta ya! El alcalde de Ermua, Carlos Totorica, se puso al frente de los ciudadanos que se habían concentrado espontáneamente frente al Ayuntamiento aquel 10 de julio e inició con ellos un recorrido por el pueblo que sería la primera de una serie de impresionantes manifestaciones que sacaron a la calle a un total de seis millones de españoles, en cientos de convocatorias. Los políticos fueron detrás de esa reacción ciudadana, que unió a la izquierda y a la derecha, a nacionalistas y no nacionalistas, con la única excepción del entorno de ETA, que en aquellos días permanecía callado y casi avergonzado de que aquellos a los que apoyaban fueran capaces de torturar a un humilde trabajador, funcionario de prisiones y, después, amenazar de muerte al hijo de un albañil, que había estudiado Económicas con el esfuerzo de su familia y que había decidido ser concejal del PP para hacer algo por su pueblo. Había tal emoción entre los ciudadanos aquellos días que, según comentó entonces el alcalde de Ermua, parecía que la sociedad vasca necesitaba desde hace tiempo expresar su hartazgo y se estaba desahogando. Se vieron escenas que parecían vaticinar el final del terror: un concejal de Batasuna que se retiraba de la política en Ermua; dos ertzainas que se quitaban los pasamontañas con los que pretendían entonces, y todavía ahora, guardar el anonimato ante la amenaza de ETA; el lendakari Ardanza incluyendo a Herri Batasuna, la marca que tenían entonces los proetarras, entre los responsables de los crímenes de ETA y... tantas otras cosas que no merece la pena recordar porque al cabo de unos meses empezaron a disolverse en el olvido. Pero ETA quedó tocada y el nacionalismo tomó nota de que o se distanciaba del terrorismo o se alejaba del sentir de la sociedad vasca. El PNV tuvo miedo de perder el poder y siguió una estrategia diferente a la apuntada en aquellos días. Decidió subir al monte a buscar a HB como explicó muy gráficamente entonces Xabier Arzalluz. El nacionalismo vasco pactó con ETA y traicionó a la sociedad. Sacó a relucir sus verdaderos genes. ¿Qué ha sido de la familia de Miguel Ángel diez años después de su asesinato? -Hemos tenido que oír al presidente del Gobierno decir que Otegi es un hombre de paz y que los mensajes que daba De Juana eran a favor del proceso mientras que las víctimas somos criticadas, como cuando el secretario de organización del PSOE, José Blanco, reprochó a mi padre que acudiera a una manifestación del brazo de Mayor Oreja. -Mis padres dejaron Ermua porque no podían vivir con el recuerdo tan directo de la presencia de mi hermano. Ahora viven en Vitoria y yo en Madrid, donde siempre he recibido apoyo, solidaridad y cariño. Tengo dos hijas de cuatro años y 19 meses que son nuestra alegría y en las que mis padres han visto la ilusión por seguir viviendo. No quiero dar a mis hijas la educación del odio y de la rabia, quiero que vivan felices y que sepan que hay principios. La familia de Miguel Ángel no va a rendirse, ni permitir que tanto sufrimiento sea despreciado por un Gobierno.