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88 CULTURAyESPECTÁCULOS JUEVES 8 s 3 s 2007 ABC Consiga con ABC mañana, el sábado o el domingo La bohème de Puccini Llega a los kioscos la segunda entrega de la colección de Grandes Óperas por tan sólo 9,95 euros y el cupón del día ALBERTO GONZÁLEZ LAPUENTE Se ha dicho que Puccini no necesitaba valerse de ningún artificio para dar la impresión de que sus personajes eran algo vivo. Aunque todos sean creaciones de su fantasía. Por eso, el autor italiano fue mucho más que un retratista de la realidad. El sentido naturalista de su obra nada tiene que ver con el crudo verismo. Cualquier detalle, por vesosímil que parezca, está coloreado y ornamentado, como si de la imagen ilusoria de lo cierto se tratase, o, lo que es igual, explicado bajo el narcotizante efecto del encanto melódico y la embriaguez armónica. Convengamos, de entrada, que Puccini fue, antes que músico, un ilusionista y, como tal, alguien capaz de hipnotizarnos hasta transformar nuestra voluntad en deseos y desengaños. Cuando Puccini compone La bohème hace trece años que ha muerto Wagner y con él las historias de leyenda, sólo tres de la desaparición de Chaikovski y su música del infortunio, Cavalleria rusticana e I Pagliacci ruedan desde hace cinco proclamando el valor de la sangre y el honor. Hasta aquí, nada extraordinario. Lo verdaderamente nuevo está al lado de la ciencia. Otro italiano, Guglielmo Marconi acaba de conseguir transmitir la voz por medio de la telefonía sin hilos. Casi al tiempo, los hermanos Lumière hacen la primera demostración comercial del cinematógrafo en el Salon Indien del Grand Café, en el Boulevard des Capucines, de París. Poco después aquellos hombrecillos que salen de una fábrica que sólo existe en la sábana colgada de la pared del café parisino empezarán a contar historias y el teléfono a facilitar la comunicación sin importar la distancia. Para entonces, Puccini vive ya con Elvira Bonturi, casada anteriormente con un comerciante amigo del compositor. Ambos se han fugado a Lucca junto con Fosca, hija de ella. A partir de entonces, Elvira será su musa, compañera, esposa, madre coraje, vampiro y reina. Pero mientras llegan los matices el compositor escribirá, durante el primer periodo de vida adúltera, Manon Lescaut la ópera del pecado. Y al poco La Bohème Lo hace bajo el frío de Milán, en una época en la que ambos se miran de manera dulce y frágil. Puccini es un soñador. Espera la llegada de la notoriedad y la riqueza, y mientras lo hace el pasado se cubre de nieve y con él una historia que está cercana, un argumento íntimo, cuya sustancia apenas traspasa los límites de lo imprescindible. Puccini lee las Scénes de la vie de Bohème de Henry Murger y todo lo suyo se convierte en un espejo tras el que se observa a sí mismo, a su existencia y a sus inquietudes. Lo que en ese momento le rodea está ahí. Con la fuga a Lucca llegó La boheme Compositor Puccini Intérpretes Renata Scotto, Gianni Poggi, Jolanda Meneguzzen y Tito Gobbi. Director Antonino Votto. conservar más blancas que las de la diosa del ocio No hay que decir que el encuentro tiene que terminar mal. Por medio está la enfermedad, la del cuerpo que es mala y la de la desconfianza, que es peor. Puede comprenderse escuchando la versión que ahora ofrece la colección de ópera de ABC. Con un reparto de calado italiano en el que destaca Renata Scotto imponiéndose a través de uno de los mejores testimonios que han quedado de lo que fue su visión del papel protagonista. La versión es de 1961 y junto a Scotto está Gianni Poggi, un ardiente Rodolfo dotado de brillantez y soltura. A ellos se une Tito Gobbi proporcionando a Marcello una precisa definición dramática. Hay que escuchar su encuentro con Mimì al comienzo del tercer acto. Jolanda Meneguzzer, por último, interpreta a Musetta en una lectura muy vívida, insinuantemente codiciosa. Todo ello sin menospreciar el trabajo del maestro Antonio Votto, quien cinco años antes había grabado la obra con Callas, y a quien hay que reconocer ese punto de teatralidad imprescindible a la hora de recrear la ajetreada algarabía de lo callejero y, lo más importante, la emoción de lo íntimo. El alfa y el omega de esta ópera. Reparto de calado Puccini lee a Henry Murger y todo lo suyo se convierte en un espejo en el que se observa a sí mismo la pobreza y la necesidad, pero también la pasión. Por eso en Milán, en Via Verdi, falto de calefacción, espacio y dinero, asume cuanto lee. Es fácil imaginar ese París que es centro de las artes y, en él, a esa gente joven y desconocida que, algún día, será famosa, gente bohemia. Lo dirá el propio compositor: En el libro de Murger está todo lo que siento y amo: la frescura, la juventud, la pasión, la alegría ¿Y quiénes son sus actores? Mimì, la protagonista, es una deliciosa muchacha... Veintidós años, menuda y delicada. Su rostro parece un esbozo de figura aristocrática y sus facciones son de una finura admirable... Su enfermiza belleza seduce a Rodolfo, poeta y soñador. Pero lo que más le hace enloquecer de amor por la señorita Mimì son sus manos, que ella sabía, a pesar de las labores domésticas,