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ABC JUEVES 8 s 3 s 2007 LA HORA DE LA VERDAD DEL 11- M LAS MENTIRAS DE UN CHIVATO ESPAÑA 19 Cartagena justifica ahora sus continuas contradicciones por presiones de la Policía El presidente del Tribunal advierte que valorará acusarle de falso testimonio, castigado con pena de cárcel D. M. N. V. P. M. MADRID. Abdeldaker Farssaoiu, nombre de guerra del chivato Cartagena prestó ayer declaración como testigo protegido en el juicio del 11- M. Durante su etapa de confidente, el principal estímulo de sus revelaciones a la Policía siempre fueron el dinero y la obtención de favores para su familia. Hay dos factores que matizan su relato: Cartagena que fue imán de la mezquita de Villaverde y ha sido tratado hasta por tres psiquiatras, dejó de colaborar con la UCIE en octubre de 2003, justo el mes en el que, según los investigadores del 11- M, comenzaron a gestarse los atentados; además, durante el tiempo en que fue chivato, Jamal Ahmidan, jefe operativo de la célula y el terrorista que compró los explosivos, estaba encarcelado en Marruecos. Por tanto, Abdelkader Farssaoiu, cuando fue confidente de la UCIE, no facilitó ninguna información sobre El Chino ni sobre el amplio grupo que dirigió. Sí, en cambio, de Serhane El Tunecino de Mohamed El Egipcio y de Mohamed Larbi ben Sellam. La declaración del chivato fue, casi desde la primera pregunta, un rosario de contradicciones con todo lo que había declarado hasta ese momento ante los jueces Juan del Olmo y Baltasar Garzón. Poco le importó que lo hiciera también con asistencia letrada, en presencia del fiscal y que firmara sus comparecencias para dar fe de que estaba de acuerdo con ellas y que las había hecho de forma libre y voluntaria. Si lo hizo fue porque era presionado, amenazado y chantajeado por la UCIE Más aún, aseguró que antes de cada declaración en la Audiencia me reunía con ellos (por la Policía) y me decían lo que tenía y no tenía que decir Afirmó además que era confidente porque la Policía le obligaba y que las notas informativas que elaboraba, muchas de ellas de su puño y letra, las redactaban, en realidad, ellos Incluso llegó a desvelar, por orden del presidente del Tribunal y dado que estaba acusando a funcionarios de un delito grave, el nombre y apellidos de algunos de los agentes que, según dijo, le sometían a esas presiones. Sin embargo, Javier Gómez Bermúdez no permitió cía acudieron a la mezquita donde rezaba y le pidieron que les acompañara a Madrid. Ya en la capital- conducían como locos -me reuní con el agente con el que solía hablar y un supuesto comisario, que me dijeron que fuera a un piso en Leganés porque allí estaba El Tunecino y sus amigos, y así podría averiguar si había alguna persona que no fuera de su entorno. Me negué, porque iban a sospechar de mí y ellos no me insistieron La versión resulta poco convincente porque la rápida salida de Almería no se corresponde con la poca insistencia que mostró la Policía en que fuera a Leganés, cuando era el único objetivo del viaje. Además, situó la reunión a las 12 de la mañana del 3 de abril, cuando a esa hora aún no había sido localizada la vivienda. Y mucho menos el día anterior, cuando le avisan. La última peripecia del chivato tampoco tiene desperdicio: asegura que tenía todas las pruebas- -incluidas grabaciones- -de las presiones de la UCIE y las notas que le obligaban a cambiar. Sin embargo, a petición de los agentes, envió a su mujer a la mezquita de Almería para que recuperara el material comprometedor- -lo tenía en un disquette- -y lo rompiera. A mí me dio los trocitos Es decir; según dice, voluntariamente destruyó las pruebas de que decía la verdad. Dado el despropósito de toda la declaración, Bermúdez recordó que la ley recoge el delito de falso testimonio, castigado con cárcel. Las defensas apenas le preguntaron. Ese es el crédito que dan al testimonio. Los defensores apenas hicieron preguntas al confidente Cartagena que revelara el nombre del abogado que le asesora, porque comprometería la seguridad del letrado Cartagena a pesar de esas supuestas presiones, sí confirmó ante el Tribunal que el piso de Villaverde, al que asistían entre otros Serhane El Tunecino Mohamed El Egipcio Mustafá Maymouni y Faissal Allouch, era un nido de yihadistas donde se visionaban vídeos de Chechenia y Afganistán y sermones del clérigo extremista Abu Qutada considerado el Bin Laden de Europa Además, admitió que había informado a la Policía de que El Tunecino del que constató su papel como líder de la célula, llegó a decir en una reunión a la que él mismo asistió: Lo que queremos son mártires dispuestos a morir donde estén, en Francia o en España. ¿Estáis vosotros preparados? Cartagena como el resto, se mostró dispuesto. El chivato aportó algunas peripecias más que sorprendentes. Explicó que un día estaba en Atocha y vio pasar en moto a Serhane El Tunecino y a Said Berraj. Él, como buen investigador salió tras ellos en su moto, eso sí, con casco para que no le reconocieran. Su sorpresa fue enorme al verlos entrar en la cafetería en la que él tenía sus contactos con los agentes de la UCIE, en la calle POOL Policías sí, abogado no Príncipe de Vergara. Siempre con el casco- -detalle que por lo que se ve pasó inadvertido a los clientes- vio a El Tunecino y al agente que hablaba con él sentados en la misma mesa. Había otro que vigilaba y ni rastro de Said Berraj. Al día siguiente preguntó al agente si Serhane trabajaba para algún servicio de seguridad: No le gustó que se lo preguntara, le cambió la cara dijo ayer. Si insólita es esta historia, la que sitúa el 2 de abril de 2004 no le va a la zaga. Ya vivía en Almería y asegura que por la noche le llamaron porque necesitaban verle con urgencia. A las 7 de la mañana del día siguiente, policías que no cono- NI SIQUIERA EL CHIVATO SE CREE LO DE ETA Sus revelaciones sobre ETA las comparó con la lluvia que cae durante una reunión. Ese es el crédito que da a sus informaciones sobre la banda N. V. D. M. P. M. MADRID. El chivato Cartagena puso al mismo nivel de importancia sus presuntos conocimientos de relaciones de ETA con islamistas que el que durante una reunión pueda ver llover a través de los cristales. Yo lo contaba todo dijo. Y entre ese todo incluyó una presunta confesión que en Suiza le hizo Mohamed Achraf, ca- becilla de la célula islamista que quería volar la Audiencia Nacional. Según Cartagena el islamista le dijo que un etarra (ni siquiera se acordó que se trataba de Rego Vidal) le había dado unos números de teléfonos de gente de la banda: Si necesitas ayuda no dudes en llamar a estas personas le habría dicho Rego. Igual de impreciso se mostró al relatar una supuesta reunión cerca de la mezquita de Estrecho que tuvo lugar mucho antes de que ocurriera el 11- M en la que un tal Mustafa Rifi habría preguntado a otro musulmán si era lícito pedir ayuda a algún infiel para hacer la yihad. Su interlocutor le respondió que sí, e incluso le puso como ejemplo ETA, a quien podían comprar los explosivos. De esta forma la banda se beneficiaría tanto económicamente por ese negocio como porque se realizara un atentado contra un organismo oficial. Y se pondría muy contenta, porque todo eso lo conseguiría sin mancharse las manos de sangre dijo el chivato. La historieta no parece que conmoviera a ninguno de los presentes en la Sala. En realidad, ni el que la relató parece creérsela.