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Miércoles 7 de Marzo de 2007 Editado por Diario ABC, S. L. Juan Ignacio Luca de Tena 7. 28027 Madrid. Teléfono: 913399000. Publicidad: 902334556. Suscripciones: 901334554. Atención al cliente: 902334555 Diario ABC, S. L. Madrid 2007. Prohibida la reproducción total o parcial sin el permiso previo y expreso de la sociedad editora. Número 33.321. Depósito Legal: M- 13- 58. Apartado de Correos 43, Madrid Precios de ABC en el extranjero. Alemania: 2,05 Bélgica: 2,00 Estados Unidos: 2,50 USD. Francia: 2,05 Irlanda: 2,10 Italia: 1,75 Holanda: 2,00 Portugal: 1,35 Reino Unido: 1,20 LE. Suiza: 3.40 CHF. Marruecos. 16 Dh. DESDE MI BUHARDILLA Laura Campmany TIP Y COLL S El guitarrista Antonio Solera (a la derecha) durante una representación de Carmen con la compañía de Antonio Gades ABC Un héroe flamenco en Japón El guitarrista granadino Antonio Solera, miembro de la Compañía Antonio Gades, salvó a una joven de morir en un incendio en Tokio. El músico amortiguó su caída cuando ella se arrojó desde un segundo piso POR JULIO BRAVO ntonio Solera es un hombre discreto y tímido- -muy tímido, incluso, dicen quienes le conocen- -al que le gusta hablar sobre todo con su guitarra. Ayer, sin embargo, no pudo escapar al revuelo levantado después de que, en la madrugada del domingo al lunes, salvara de las llamas a una joven en Tokio. Antonio Solera, guitarrista de la Compañía Antonio Gades, que actúa estos días en el Orchard Hall de la capital bipona, salió del hotel alrededor de las cuatro de la madrugada. Tenía hambre y se le antojó un ramen (un plato de fideos japonés) De vuelta al hotel, ya satisfecho su apetito, Solera se encontró con un incendio en un edificio cercano. En el segundo piso, una joven de 26 años- yo pensaba que tenía 15 ó 16 recordaba ayer el guitarrista- -se encontraba atrapada por el fuego en una ventana. Juan Antonio Zafra Moreno (verdadero nombre de Solera) se acordó en ese momento de su hija, que tiene 16 años, y chapurreando unas palabras de japonés, le gritó que se tirara. Me quité la chaqueta- -contaba Solera- una gordita de pelo que tengo, para amortiguar el golpe Aunque recelosa en principio, el miedo y los ruegos del guitarrista- Shimasu (por favor) le gritaba- -hicieron que la joven se decidiera a saltar. Se pegó un buen porrazo, y yo también con ella explicaba. Lo que vino después le está resultando a Solera más fatigoso incluso que el propio salvamento. Primero tuvo que cumplir los trámites lógicos con la Policía y los Bomberos, y le preocupaba no poder volver enseguida al hotel, por si su mujer, la bailarina y directora artística de la compañía, Stella Araúzo, se inquietaba por su tardanza. A Solera le incomoda también el torbellino- el follón dice él- -formado en torno a su acción. Al día siguiente, cuando nos contaba la historia- -relataba ayer María Esteve, hija de Antonio Gades y presidenta de la Fundación que lleva su nombre- lo hacía como si hubiera sido lo más normal del mundo, sin darse ninguna importancia Y Solera no ha terminado todavía, porque el viernes, Etsuo Takahagi, el jefe de bomberos de Shibuya (barrio de Tokio donde sucedió el incendio) asistirá a la función de Carmen y al concluir ésta le entregará a Solera una condecoración. Lo curioso es que el guitarrista granadino, uno de los grandes amigos de Gades, a cuya compañía se unió en 1971, no es el primer miembro de este conjunto condecorado en Japón por su heroísmo. Lo recordaba María Esteve. Hace unos años, otro guitarrista, El Perdi, recibió también una placa honorífica por otro salvamento, aunque no recuerdo exactamente los detalles A e ha muerto José Luis Coll, que era la otra mitad de la historia de un vaso. Primero se nos fue Tip, ese lúcido loco de derechas que a los señores con bigote los llamaba buena mujer y a mí, cuando tuve la suerte de conocerle, me felicitó por estar ya hecha un hombre. Y ahora se nos va Coll, ese cuerdo venático de izquierdas que convertía en cuentos las palabras con tan sólo una letra de cambio bacilar: no saber con qué bacilo quedarse y luego le dedicaba su diccionario a Don Juan Carlos, primero, y a Doña Sofía, después. Coll era de esos cómicos que nunca se ríen de nada, y menos de sus propias gracias. Era un conquense tan grave, que casi se le notaba el acento. Cuando Tip le espetaba el mayor disparate, él ponía mucha cara de eso sí que lo entiendo, y siempre con su gesto de mirar hacia arriba, como quien no se cansa de terminar las íes, añadía su punto inolvidable. Le gustaba parodiarse a sí mismo, y yo siempre le he visto perfecto en su estatura, lo mismo interpretando al hombre más rico de la provincia que jugando a una banda en La Moncloa. Aún me parece verlo en el famoso sketch en que nos enseñaba, con traducción simultánea, a llenar un vaso de agua. Ya saben, aquello de cogemos, cojons. Aquel vaso, que Coll sostenía invertido, o colocaba encima de la jarra, o por debajo pero en distinta vertical, no terminaba nunca de llenarse. Tampoco terminaban, los dos mejores cómicos de una España y un siglo, de hablarnos del gobierno. Quizás no hiciera falta. Ahora el vaso está lleno y la escena muy turbia. Como sin Tip y Coll. Como si no pudieran ya darse la manita. Observen la tontería. Regardez la gilipolluá