Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
84 CIENCIAyFUTURO MIÉRCOLES 7 s 3 s 2007 ABC Británicos e irlandeses, estirpe española Ni celtas ni sajones. A pesar de sus diferencias, tanto irlandeses como británicos tienen un origen común en tribus del norte de España. Desde allí, según un estudio genético, pasaron hacia sus actuales países POR EMILI J. BLASCO CORRESPONSAL BELFAST. Mientras británicos e irlandeses discuten sobre sus distintas peculiaridades en un lugar tan marcado por las luchas entre ambos pueblos como el Ulster, un nuevo libro lanza la tesis, basada en investigaciones genéticas, de que en realidad las poblaciones de las dos islas tienen un mismo origen, formado hace miles de años y sólo alterado mínimamente, estableciendo algunas diferencias, mediante invasiones posteriores. Todo habría comenzado hace 16.000 años y en la Península Ibérica. Previamente, las glaciaciones habían despoblado el norte de Europa y sus pobladores se habían desplazado a zonas más cálidas. Cuando terminó la glaciación, tribus del norte de España, con un idioma relacionado con el vasco, pasaron a pie hacia lo que hoy es Irlanda y Gran Bretaña, pues entonces éstas aún estaban unidas al continente. Así lo asegura Stephen Oppenheimer, especialista en genética de la Universidad de Oxford, en su libro The Origens of the British: A Genetic Detective Story que relaciona la elevada presencia del cromosoma Y entre los habitantes de las dos islas con esa migración primigenia. Para Oppenheimer, la mayor herencia del ADN de británicos e irlandeses se formó antes de la llegada de las siguientes olas de inmigración: celtas, romanos, anglos, sajones, vikingos y normandos. Todos ellos llegaron después de que subiera el nivel del mar y éste separara Irlanda y Gran Bretaña del continente y también ambos territorios, formándose las dos islas. Según el estudio, esas invasiones alcanzaron en menor medida Irlanda, por lo que el ADN de sus habitantes sólo tiene un 12 de las aportaciones de esos nuevos pueblos. En el caso de los habitantes de Gales, los sustratos añadidos al original suponen el 20 de la herencia genética; el 30 en el caso de los escoceses y cerca del 40 en el de los ingleses. Ninguna de esas sucesivas olas aportó más del 5 de la herencia genética, por lo que la estirpe dominante tanto en Irlanda como en Gran Bretaña sigue siendo el primer pueblo llegado desde España. Sustrato común La tesis de Oppenheimer es discutida por algunos investigadores, ya que parte de conclusiones no definitivas que necesitan más comprobaciones, pero otros se han mostrado de acuerdo. Daniel G. Bradley, del Trinity College de Dublín, comparte que irlandeses y británicos tienen un amplio sustrato genético común. En su opinión, una vez que tienes una población establecida, es muy difícil que sus características genéticas cambien radicalmente por lo que las aportaciones que se sucedieron desde los celtas, llegados hace 6.000 años, se hicieron sobre una base de ADN previa que es la dominante entre las poblaciones de ambos países. En ella apenas habrían incidido la llegada en el siglo IV de las tribus anglo- sajonas, que aportaron unos 250.000 individuos, o la de los normandos, en el siglo XX, con 10.000 invasores. Con ello, Oppenheimer desmitifica la influencia de la herencia anglosajona en la formación genética de los ingleses y que supone la base de su argumentada distinción respecto de los irlandeses. Más información sobre Oppenheimer en: http: www. ox. ac. uk Separación del continente La obesidad altera el sistema cerebral que regula el apetito ABC MADRID. La obesidad puede convertirse en un círculo vicioso para el que la sufre. Científicos estadounidenses han demostrado que esta enfermedad llega a alterar el sistema cerebral que regula el apetito y en el que la hormona leptina es una pieza clave. Esta hormona, segregada por las células del tejido graso puede suprimir la ingesta de comida alterando las células cerebrales que controlan las ganas de comer. En personas obesas se produce una resistencia a la leptina en la que el organismo no responde a los efectos de la hormona para suprimir el consumo de comida. Los investigadores del Oregon National Primate Research Center en Portland (Estados Unidos) han visto cómo en ratones sometidos a una dieta en grasa se alteraba este sistema para regular el apetito. Las conclusiones se publican en la revista Cell Metabolism El estudio identifica también un gen, el SOCS- 3, que participa en el funcionamiento de la leptina y que podría convertirse en una posible diana para nuevos tratamientos farmacológicos dirigidos a la pérdida de peso. En el estudio los investigadores analizaron dos grupos de ratones que fueron alimentados con una dieta alta y baja en grasas respectivamente. Con el paso del tiempo, el grupo alimentado con la dieta alta en grasas desarrolló síntomas de diabetes y obesidad, como a menudo se produce en los humanos. El grupo alimenta- do con una dieta baja en grasa no mostró tales problemas de salud. Según los investigadores, los resultados muestran cómo una porción del hipotálamo cerebral denominada núcleo arqueado se ve afectada de forma negativa por un exceso de leptina. Al observar este grupo especializado de células los investigadores observaron que se comportaban como si la leptina no estuviera presente, incluso cuando sus niveles eran 40 veces superiores a los observados en las de animales normales. Los científicos también observaron cómo se revertió el proceso cuando los ratones perdieron peso al volver a la dieta baja en grasas. ABC Fernando Rubio