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ABC MIÉRCOLES 7 s 3 s 2007 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA OTRO ACCIDENTE Como todos los muertos de la Tierra, como todos los muertos que se olvidan en un montón de perros apagados (F. G. L. AN tres. Bajo la alharaca del Proceso y el fragor de la rabia ciudadana, bajo el turbión alborotado de las protestas y el sofocante sentimiento de la infamia, ha asomado quedamente el borroso perfil del tercer muerto de la tregua. Ambrosio Fernández Recio, 79 años, vecino de Mondragón; dos meIGNACIO ses de lenta, silenciosa agoCAMACHO nía pulmonar tras inhalar el humo de un incendio provocado por los chicos de la gasolina en el inmueble de su vivienda. Ocurrió en la víspera del Día de Reyes, cuando Zapatero aún zozobraba bajo el shock de la bomba de Barajas, recién salido del perplejo, ominoso, vergonzante mutismo de Doñana. Ambrosio no tendrá funerales de Estado, ni nadie pondrá sobre su féretro una bandera. Su vida de jubilado se ha escurrido en la UCI de un hospital de Vitoria por los márgenes del camino triunfal hacia el fin de la violencia arrebatada entre una nube de humo tóxico que envenenó su débil tórax de anciano. Como Estacio y Palate, los dos ecuatorianos que dormían en el aparcamiento de la T- 4, Ambrosio estaba en un lugar inoportuno a una hora inadecuada. Como aquellos dos chicos de Ecuador, ignominiosamente pasaportados a su tierra para que no estorbasen la retórica triunfal de la zapateriana, Ambrosio Fernández ha muerto en un limbo de realidad virtual decretada por los chamanes de la política. Su muerte es un infortunio sobrevenido, una eventualidad desgraciada, un daño colateral, un accidente Estamos en tregua, luego no hay atentados, luego no hay víctimas. Los incendiarios que quemaron su casa no tenían voluntad de matar, y la kale borroka es terrorismo de baja intensidad para consumo interno Todo resulta, pues, un lamentable error que ni siquiera han lamentado los profesionales del eufemismo, esos virtuosos próceres del circunloquio expertos en maquillar de optimismo los ángulos más afilados de la evidencia. Acaso un día de éstos, un funcionario de Interior visitará a los familiares del anciano y con gesto de pesadumbre y expresión contrita les comunicará que su deudo va a recibir a efectos indemnizatorios la consideración de víctima del terrorismo. Luego les pedirá que no armen jaleo, que sean prudentes, que no desestabilicen el marco esperanzado de un futuro sin violencia. Que no estorben. Porque en este horizonte de falacias repetidas, en esta atmósfera hipócrita de cuento de hadas, en este carnaval de embustes en el que los asesinos se disfrazan de hombres de paz, lo importante es que nadie estorbe el designio iluminado de la impostura. Que los atentados se conviertan en accidentes, que las víctimas se transformen en contratiempos, que los verdugos se vuelvan inocentes y que los muertos desfilen en silencio por los rincones más sombríos de una Historia que no les pertenece. V LA GENTUZA S alto. Delgadísimo. Como el yogur descremado: cero por ciento de grasa. Elegantísimo. Como un galán maduro de película de Cannes, o un millonario con casa en Beverly Hills y yate en Mónaco. Fue de los primeros en subir a una pasarela para exhibir moda masculina. Luego se hizo anticuario y decorador. Hablo de Bernardo de los Reyes, gran señor de Castilleja de la Cuesta, a quien ha rendido homenaje la hermandad rociera de Triana y a quien, con toda justicia, le van a poner una calle en su pueblo. Donde ya tiene calle y monumento media familia Reyes. Cuánto arte en estos Reyes, que sangre de reyes tartesios tienen en la palma de la mano. Bernardo, dueño de una de las más clásicas y refinadas casas del Rocío, es primo de los Hermanos Reyes, que glorificaron y popularizaron las sevillanas con Manuel Pareja Obregón. Bernardo, chorreón celeste de tradición de la Calle Real, es primo del torero Diego de los Reyes, cuyo capote aún se recuerda; hermano del gran Ruperto, el valentón largo de pata alante al que una cornada gorda en Algeciras le cortó la gloria que se merecía. Tanto son los Reyes en Castilleja de las Tortas que yo creo que la Calle Real se llaANTONIO ma así por ellos... y por Doña María de BURGOS las Mercedes de Borbón, alumna de las Irlandesas que en esa costanilla tienen su colegio, en el viejo palacio de Hernán Cortés, en cuyo jardín, preciosa leyenda, está enterrado el caballo del conquistador. Retirado de las pasarelas de la moda, Bernardo de los Reyes se dedicó a la decoración y a las antigüedades. Un mantón de Manila vendido por la elegancia de Bernardo es algo más que una seda bordada con enrejado de flecos: es una leyenda. Leyenda (no sé si fingida quizá) que cuenta que en ese comercio le llegó un día cierta mercancía que compró creyéndola de ley, cuando robada era. Y aquí empieza la que quizá sea sólo leyenda urbana de Bernardo de los Reyes. Dicen que lo acusaron sin fundamento ni pruebas, ay, de receptación. Y que, no aclarado el error, lo metieron injustamente en la cárcel. Los suyos acudieron en su auxilio. Y un amigo que abogado era lo visitó en el EL RECUADRO E locutorio de la vieja e inhóspita cárcel, casi cervantina, de Ranilla. Preguntó a Bernardo qué podía hacer inmediatamente por él. Y no le habló de la libertad perdida, ni de la injusticia que allí lo tenía. Ni de la celda espantosa con la taza de váter en la esquina y pulgas en las mantas y jergones. Ni le pidió que le llevara ropa limpia, ni comida. Desde su elegante refinamiento, Bernardo lanzó tras las rejas su grito de desesperación: ¡Sácame cuanto antes de aquí, que aquí nada más que hay gentuza! Me he acordado de Bernardo de los Reyes porque no sé usted, pero yo me siento como el elegante y honestísimo rociero en las horas que estuvo injustamente en la cárcel. Aquí en España parece que nada más que hay gentuza. Estamos en manos de la gentuza. Visto lo visto, cómo un Gobierno democrático cede ante el chantaje de los terroristas. Cómo todo un comité federal de un partido que presumía de cien años de honradez se calla enterito la boca, estabulado en el pesebre, ante la excarcelación del asesino de 25 personas que, encima, pedía champán (francés) y langostinos para celebrar las matanzas y se reía del dolor de la madre de Jiménez Becerril. Cómo a la gente le parece natural que en vez de que la oposición controle al poder, como ocurre en las democracias, el poder persiga a la oposición, como pasa en las dictaduras. Cómo nadie se acuerda ya de los dos inmigrantes asesinados por la ETA en Barajas. Cómo en vez de explicar lo injustificable, el Gobierno saca la chulería del Y tú más y se exculpa remontándose a la política antiterrorista de, ¿qué digo yo? Cánovas y Sagasta. Cómo la TV pública manipula las voluntades en una España iletrada. Cómo tiene que salir el líder de la oposición y recurrir a la gente sensata A la gente decente. Estamos rodeados. Rodeados de malvados insensatos indecentes. Que son muy malas personas. Hay que ser muy mala persona para ponerse del lado del Juana Chaos, como se ha puesto Chaves, como se ha puesto González. Hay que ser lo que decía Bernardo: gentuza. Lo malo es que, ante esta desolación nacional, no tenemos a dónde ir ni a quién gritar desesperados: ¡Sácame cuanto antes de aquí, que aquí nada más que hay gentuza!