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ABC MARTES 6 s 3 s 2007 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA LA OLA ESPUÉS del atentado de Barajas, Zapatero estuvo durante unos días groggy, noqueado, contra las cuerdas, bloqueado en Doñana sin atreverse a darse la cara, aturdido e inerme. Por las razones que fuesen, falta de pegada, sentido de la responsabilidad o acaso una llamada a la calma de quien podía hacerla, el PP no lo tumbó entonces, declinando la tentación de agitar masas. El PSOE reaccionó, convocó la manifestación del 13 de enero y permitió que el presidente tomase oxígeno, recibiese de ETA el mensaje que esperaba y recuperase el aliento y la iniciativa. De qué manera, por cierto: crecido hasta reabrir el Proceso y sentirse con IGNACIO fuerzas para desafiar a CAMACHO la opinión pública con la excarcelación de De Juana. Ahora, ante la inflamación de rabia y estupor que la victoria del chantaje etarra ha desencadenado en la calle, el partido de la oposición ha decidido apretarle al Gobierno las tuercas del descontento antes de perder comba por segunda vez. Hay dudas en el PP sobre si hacerlo con guante de seda o con puño de hierro, pero parece que, visto el incandescente clamor de las encuestas, prevalece la decisión de no soltar presa. Aquí se va a ver si, además de partido, los populares tienen una organización capaz de permeabilizar la ciudadanía más allá de los límites de la política convencional. Porque no se trata sólo de convocar una manifestación de gente convencida, que ya ha habido muchas, sino de hacer que cale un mensaje. El de que hay que cambiar de rumbo antes de que el desvarío sea irreversible. Esa clase de mensajes que llegan a la playa de la opinión pública navegando bajo la espuma de la política, entreaguas del ruido mediático y parlamentario. En el boca a boca, en la tertulia, el café, la oficina, el mercado, el correo electrónico, los móviles, la cena de los viernes por la noche. Para eso se necesita una estructura, una organización engrasada y capaz que vaya mucho más allá del canutazo ante la prensa en la mañana de los lunes, más allá de las estrategias de medios y de la conspiración cortesana, que son cajas de resonancia limitada. Se necesita un partido, un trabajo y un método. Como mínimo, a la altura del PSOE, verdadero especialista en la articulación de estrategias de agitación social. Si al PP se le escapa esta oportunidad, como se le escapó la de enero, no volverá a tener una igual. La verdadera moción de censura la tiene que plantear en las elecciones locales y regionales de mayo, y si las gana le quedará el debate del Estado de la Nación para dejar al Gobierno triturado y exánime antes del verano. Pero el sorpasso se lo juega ahora. No tanto en la movilización callejera como en el silencioso espacio social en que cuajan los estados de opinión. El reto es complicado para Rajoy porque le obliga a hacer surf sobre una ola gigante y afilada, con riesgo serio de batacazo y voltereta. Su problema es lograr que el partido le sostenga la tabla por debajo de la espuma. D ATREZO HUMANITARISTA PARA ZAPATERO E todas las seguridades que pueda dar el enemigo, ninguna mejor que su fundamento sea más el no poder atacarnos que el no querer hacerlo. Lo decía el maestro Guicciardini hace siglos. No ha sido esa la prioridad de Zapatero en el tratamiento penitenciario de De Juana Chaos. Si hay que creerle literalmente, al terrorista se le cambió de hospital por humanitarismo, en virtud del bien superior que es la vida. Lo que falla es la relación silogística entre salvar una vida y el cambio de hospital. Más bien es que De Juana Chaos reanuda su normalidad digestiva al conseguir que se le traslade de hospital. Si es así, el humanitarismo de Zapatero viene a ser lo mismo que el conjunto maniobrero de su estrategia buenista y, en consecuencia, De Juana Chaos se convierte en otro beneficiado de una tesis del mal menor que bascula en detrimento de mal mayor, que es el deterioro manifiesto del bien común de todos los españoles. Zapatero no retira el pie del acelerador, la sociedad española se encrespa, la ilegal Herri Batasuna trastoca el mapa de Navarra y De Juana Chaos legitima su idilio. El humanitarismo buenista, si fueVALENTÍ se el caso que De Juana Chaos ha sido PUIG la solución a un problema, es solución que fácilmente generará nuevos problemas, no menos difíciles que el presuntamente resuelto. Se traslada unos kilómetros el núcleo del conflicto, en la suposición de que un simple trayecto en ambulancia difumina ese conflicto, lo aparta del corazón de la vida pública y queda en manos de otras fuerzas exteriores a las que atribuirle el mal: la política antiterrorista del PP, por ejemplo. Tenderle la mano a ETA y darle la espalda al PP: aparece incluso un personaje del socialismo que atribuye al centro- derecha de Mariano Rajoy la siniestra intención de agitar negativamente la conciencia de las salas de armas. Es un gesto que el PSOE recompensará cualquier día, aunque de todos es sabido que lo que ocupa a las Fuerzas Armadas es, entre otras cosas, saber qué hay que hacer en Afganistán. D Para los poderes del buenismo zapaterista, es anacrónico invocar de nuevo precedentes como la línea de firmeza que fue la política del Estado italiano cuando las Brigadas Rojas secuestraron a Aldo Moro. En aquellos años caóticos, a las Brigadas Rojas- -según sus estrategas admitieron a posteriori -la política de firmeza les cogió por sorpresa: en primer lugar porque no se lo esperaban, y en segundo lugar porque no creyeron que el Estado la mantendría hasta el final. Siendo una situación muy distinta al caso de De Juana Chaos, cabe la suposición de que ETA esté operando con las mismas hipótesis, incentivadas con la actitud desconcertante de Rodríguez Zapatero. Lo terrible es que, en este caso, la realidad por venir las confirme de forma definitiva. La osadía de la apuesta de Zapatero y su forma de arropamiento humanitarista tiene algo de miembro del Ejército de Salvación jugándose las cejas en un garito clandestino. El cajero le ha cambiado el valor de la línea de firmeza por un puñado de fichas que va deslizando sobre la mesa de la ruleta. Claro que no faltará quien diga que la apuesta vale la pena. También puede aducirse que el buen gobierno requiere calibrar el sentido de la proporción más allá del posible rédito electoral. Lo decía Guicciardini: busca del enemigo disponer las cosas del tal modo que el fundamento de tu seguridad sea, dada la mala condición de los hombres y las variaciones de los tiempos, más el no poder atacarte el enemigo que el no querer hacerlo. ETA puede cuando quiera. Aquí el buenismo no sirve, porque la manipulación del sentimentalismo expansivo es practicable con las buenas gentes y las masas, pero no con el terrorismo etarra. Sin línea de firmeza, el buenismo no convierte a De Juana Chaos en un ser más crédulo e influenciable, sino que lo justifica como guardián implacable y feroz al cabo del laberinto de la violencia organizada. Ese proteccionismo light que es el buenismo no cunde cuando se trata de afrontar el terror. Desafortunadamente, el talante y el diálogo muy pronto se desustancian porque corresponden a un estadio muy posterior a la barbarie. vpuig abc. es