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76 TOROS www. abc. es toros LUNES 5- -3- -2007 ABC FERIA DE OLIVENZA Ponce desayuna con diamantes Plaza de toros de Olivenza. Domingo, 4 de marzo de 2007. Segunda corrida (matinal) Lleno de no hay billetes Toros de Zalduendo, de distintas hechuras, terciados, con un notable fondo de calidad; destacaron el excepcional 2 y también el frágil 3 el 4 rompió en la muleta. Enrique Ponce, de agua de mar y oro. Estocada fulminante (oreja) En el cuarto, pinchazo y pinchazo hondo en todo lo alto (dos orejas) Morante de la Puebla, de grana y oro. Aviso, pinchazo y estocada (oreja) En el quinto, media (división de opiniones) Alejandro Talavante, de rojo y oro. Estocada trasera y atravesada (dos orejas) En el sexto, estocada (oreja) Ponce y Talavante salieron a hombros. Sensacional Mariano de la Viña con capote y banderillas. ZABALA DE LA SERNA OLIVENZA (BADAJOZ) Los diamantes con los que se desayunó Enrique Ponce son de su propia colección. Talla y pulido. La joya de la corona, el de incontables quilates, en plan el de DiCaprio de su última película, se escondió en una faena, la lidia entera diría yo, de perfección. El toro de Zalduendo no quería caballos, ni uno ni otro. Y Ponce hizo con el capote por embeberlo y fijarlo. En las primeras dobladas ya lo había metido en la muleta. Poderoso imán el de sus telas. Después fue todo suavidad, temple, toreo natural. Una obra de arte, ligada, plena, magistral. En lo fundamental y en los adornos: los cambios de mano genuflexo, con el reverso de la muleta, para dejársela en la cara e hilvanar el viaje con un nuevo muletazo habrá que bautizarlos con nombre propio. E. P toreó más puro que nunca, con los vuelos, sin toques ni desplazamientos, ceñido. Brotó la magia, y si no pincha una vez le corta el rabo, que bien que lo hubiera merecido. Fue una mañana de toros sensacional. Los pupilos de Zalduendo- -incluso los reticentes, como el anterior- -tuvieron un fondo de calidad importante. Así el segundo fue. Morante de la Puebla dibujó un toreo perezoso, lento, como de cama de fin de semana, cuando uno no quiere levantarse. Y poco a poco la faena se desperezó ante los ojos pitañosos del torero, que se abrían a la luz. Una pieza íntima la que construyó Morante, de ésas que se llevan en la cartera, cerquita del corazón. En su dejadez se pasó de faena un tanto que no importó. Apuntes añejos de todo tipo quedaron por la arena como un reguero de recuerdos. Ponce había exprimido al máximo al huidizo primero, al que no centró de terrenos hasta que no lo recluyó, o casi, en los Enrique Ponce y Alejandro Talavante salieron a hombros por la puerta grande alrededores de toriles. También el viento molestó constantemente. El último tramo de faena tuvo lógicamente más continuidad que los anteriores momentos interrumpidos y salpicados de calidad. Morante en el quinto abrevió por la cara. Fue el peor, con brusco genio. Hirió en banderillas a Lili: sólo por un milagro no le sacó un ojo. Alejandro Talavante se transfiguró y se creció en su tierra para dar un aldabonazo que necesitaba como el agua después del fin de temporada pasado, cuando lo precipitaron. Hay todavía muchas lagunas. El capote, por ejemplo. Lo suple con atragantones, de gaoneras o chicuelinas. Pero eso no es. No sabe volarlo a la verónica tampoco. Más su predisposición en los dos de su lote, su disciplina para quedarse quieto, su manejo a CASIMIRO Una pieza íntima construyó Morante, de ésas que se llevan en la cartera, cerquita del corazón veces de la izquierda se deben valorar. Templó mucho casi desde el principio al muy flojito tercero, que se sostuvo sobre una frágil y divina calidad. Naturales largos y en un palmo de terreno. Y luego derechazos que se fueron acortando conforme se encorsetó en su concepto tardotomista de media muleta. El arrimón y las bernadinas finales fueron bestiales. Mérito y perseverancia los suyos para superar las cosas bastas del sexto, que se volvía al revés. Y fe también para funcionar, sin mucho estilo, con la espada. Los mató, que con su currículo ya es. DEL LUTO AL ROSA ROCÍO PRESENTE Z. S. OLIVENZA. Qué días de ajetreo han vivido las cámaras y micrófonos del corazón en Olivenza para pasar, con su filtro de elegancia sui generis en rosa la reaparición de luto de José Ortega Cano. El hecho de su vuelta ha amplificado el sonido de la megafonía taurina de Olivenza a otros espacios. A la entrada de la plaza la gente se agolpaba como en las procesiones de Semana Santa, esperando el paso de los toreros, a Ortega bajo palio. Los escaparates de las dos o tres librerías del pueblo se habían adornado con las memorias de José, que en buena parte son las de Rocío: las fotos sobrepuestas de los dos forman la portada de la obra del maestro Tico Medina. La sensación de tristeza se transformó en un cielo pardo, nazareno y llorón: llovía sobre Olivenza y un viento desasosegante se presentó con más fuerza que durante el día. El pueblo llano, muy dado a supersticiones y santerías, enseguida empezó a rumorear que la más grande se manifestaba así y podía aparecer en cualquier momento. Se corrió la voz ante la intranquilidad de cámaras y micrófonos del Tomate que aterrizaron parabólicas de Encuentros en la Tercera Fase para captar el fenómeno o algo mórbido y escabroso, algo sobre la herencia que pudiese decir Amador Mohedano, fiel apoyo en fecha tan importante. A los tomateros el público bárbaro de los toros los ha respetado mucho para los ataques continuos que perpetran contra la Fiesta. En el fútbol y con sus ultras me gustaría verlos tras una campaña similar. A esto apareció Ortega Cano vestido entero de luto, de negro y azabache. Solo en el redondel, destocado de montera, y los tendidos se conmovieron en una ovación como la que le tributaron por la mañana a Ponce por su gesto, pero más sentida y profunda, porque los motivos eran más sentidos y profundos. Se repitió el homenaje al romper el paseíllo. Pero el momento más emotivo subió como un géiser en el brin- dis de Ortega a Rocío. Largo el silencio de la íntima conversación. Lo cierto es que Rocío no se apareció como esperaba el populacho ni los carroñeros. Simplemente, estuvo toda la reaparición presente. Presente y pendiente. Al quite. Por el teórico palco de prensa los reporteros del cuore no hacían más que moverse con inquietud para buscar el plano o focalizar su imperceptible presencia. En los lomos del agua se sintieron notas de pasodoble: Ortega Cano en la arena... Nada más. Después se sucedieron otros brindis. De Enrique Ponce y Antonio Ferrera a Ortega Cano; de Ortega Cano a Curro Romero, el Faraón de Camas, que aportó su buen bajío para que Ortega volviese sano y salvo al hotel.