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72 CULTURAyESPECTÁCULOS www. abc. es culturayespectaculos LUNES 5- -3- -2007 ABC Uno de los conciertos sinfónicos celebrados en el Palacio Euskalduna de Bilbao Bilbao, una Babel musical El Palacio Euskalduna acoge durante cincuenta horas, y 55 conciertos, algunas de las obras más significativas de los compositores de las Escuelas Nacionales europeas que proliferaron a finales del siglo XIX y principios del XX SUSANA GAVIÑA BILBAO. Un gran dilema. Eso es lo que algunos de los asistentes a este sexto maratón sienten al desplegar el programa de Musika- Música. Una especie de mapa geográfico musical que invita a adentrarse en muy distintos lenguajes musicales procedentes de Francia, Rusia, Polonia, Noruega, España... Los Cuadros vascos de Guridi y el Sombrero de tres picos de Falla, por la Sinfónica de Bilbao; el Coro del Patriarcado ruso de Moscú, que con sus espectaculares voces graves entonan canciones litúrgicas de Rachmaninov y Chaikovski; o el Cuarteto para cuerdas en fa mayor interpretado por el Cuarteto Ébène. Esa fue la primera elección a la que el público tuvo que someterse, pues todos ellos sonaban casi simultáneamente en tres de las salas diferentes del Palacio Euskalduna. Ese fue el pistoletazo de salida, el viernes por la tarde, de tres jornadas que concluyeron ayer. Entre el principio y el final de este maratón, carreras, muchas carreras para intentar llegar a todo. Subir y bajar escaleras (el ascensor se empeñó en boicotear los traslados) entre las planta- 2 y la cuarta. En el exterior, una temperatura muy agradable, veinte grados, bajo un cielo algo plomizo, pero ya se sabe, estamos en Bilbao, y el sol es caprichoso por estas latitudes. El sábado ya hay colas en la puerta de acceso. Se puede escuchar al público comentar la jugada del día anterior. Éxito de Antonia Contreras en la sala Kafka (todas llevan nombre de escritores: Ibsen, Mallarmé, García Lorca... La cantaora, acompañada por la Orquesta Poitou- Charentes, bajo la dirección de Jean- François Heisser, puso en pie al auditorio con la interpretación de la Fantasía bética y el Amor brujo de Falla. Hay que apuntarlo (algunos conciertos se repiten) A ver si hoy llegamos. Son las once de la mañana y nos encontramos con Javier Perianes, que acaba de concluir su ensayo con la Filarmónica de Varsovia en la sala Dostovieski. Es, sin lugar a dudas, uno de los grandes talentos del piano que tenemos en nuestro país en este momento, y al que el mismísimo Daniel Barenboim ha puesto ya la vista encima. Juntos nos acercamos a escuchar la Sexta sinfonía Patética de Chaikovski. Perianes se va tras el segundo movimiento, pues debe estudiar para el Concierto para piano y orquesta de Grieg que ofrecerá por la tarde (lo tocaría sin partitura y con la seguridad de quien ha crecido amamantado por el piano) La música de Chaikovski se suma a la de Fauré del día anterior. El haber de nuestro saldo es muy positivo. Cada concierto dura entre 45 y 60 minutos, lo que provoca que siempre nos quedemos con un poquito más de hambre en este inmenso festín donde se ofrecen los productos nacionales de una Europa rica en matices. Me apresuro. Pregunto por la sala Ibsen. En la planta- 2 las colas serpentean y se entrecruzan. ¿Ésta es para la sala 1 o para la 3? pregunto. Para la 1 me responden. El festival, una franquicia del que se celebra en Nantes, tiene por lema este año La armonía de los pueblos y parece que entre los muros del Euskalduna se está cumpliendo, al menos durante unas horas. El auditorio se ha convertido en una especie de torre de Babel donde dialogan medio centenar de intérpretes en distintos idiomas y con distintos formaciones e instrumentos: música sinfónica, de cámara, vocal... La exquisitez de Fauré, la espectacularidad del Bolero de Ravel o el sentimiento jondo del flamenco. Las salas, llenas. Antes de comenzar el festival ya se habían vendido las entradas de 16 conciertos. Si bien el año anterior se superaron con creces los 20.000 espectadores, Bilbao aún está lejos de acercarse a las cifras de Nantes, el primero de los festivales creado con estas características bajo el nombre de La Folle Journée y dirigido por René Martin, quien realiza la programación artística. En la ciudad francesa, en cinco días congrega a más de 120.000 espectadores, mientras que en Antes de comenzar el festival ya se habían vendido las entradas de dieciséis conciertos Algunos de los recitales son gratis, mientras que los de pago cuestan entre cinco y nueve euros Tokio, otra de las franquicias junto a Lisboa y Bilbao, son más de 200.000 espectadores. Bien es cierto que aquí la cita dura sólo dos días y medio, pero llenos de actividad. Entre los conciertos oficiales, y a modo de entremés, los ofrecidos por los conservatorios y escuelas de música (en total 18) que tienen una duración menor, veinte minutos. No hay tiempo para el despiste, pues el menú es ecléctico: obras muy populares y otras menos frecuentes. Cada cual alimenta su paladar como prefiere. Mientras, en el hall del Euskalduna también se celebran otros encuentros. Todo ello a precios muy asequibles, porque el principal fin de este maratón es acercar la música clásica a públicos de toda edad y condición. Solos o acompañados, mayores, niños, hombres o mujeres (éstas son más numerosas) Algunos son gratis, mientras que los de pago oscilan entre los cinco euros- -por ese precio se ha podido escuchar a prestigiosos pianistas como Dezsö Ránki o Boris Berezovsky- hasta nueve euros el más caro- -el precio de un Gin- Fizz o un Cosmopolitan en el hotel de moda de Bilbao, Domine, diseñado por Javier Mariscal- No, no hay excusa para no acudir a uno de estos conciertos. Y ya lo desmintió sir Simon Rattle hace tan sólo unos días en el Festival de Canarias. No es verdad que la música y el arte estén sólo al alcance de las clases pudientes Bilbao lo ha demostrado este fin de semana.