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34 INTERNACIONAL LUNES 5 s 3 s 2007 ABC Alberto Sotillo NUNCA GANA LA MENTIRA A menudo el político juega con la ilusión, la quimera y las fantásticas promesas. Nadie se escandaliza por las licencias disparatadas que suelen darse en campaña electoral o en el fragor parlamentario. Asunto diferente es cuando se instala en la mentira permanente que, como cualquier político responsable sabe, es un cáncer que termina destruyendo al Estado. La URSS fue el más claro ejemplo de Estado instalado en la mentira que acabó desmoronándose sin remedio. Sus dirigentes inventaban cada día un embuste para justificar el del día anterior. Su Prensa era un universo virtual. Y su historia oficial, un puro enredo paranoico. En EE. UU. se puede discutir si alguien engañó deliberadamente con las armas de destrucción masiva en Irak. Lo cierto es que, cuando se indagó en su existencia, nadie se sintió en la obligación de mentir para respaldar lo que hasta entonces había sido la doctrina oficial del partido en el poder. Republicanos, demócratas, la CIA, el Pentágono, especialistas y periodistas constataron que las armas no aparecían. Y en ningún momento inventaron enredos. Ni marujearon con el explosivo, ni jugaron con el testimonio de facinerosos. Ni se le ocurrió embarullar con la mentira, ni se les pasó por la imaginación enredar a cuenta de que los atentados del 11- S fuesen una conspiración judía como cuentan las teorías más paranoicas. El universo soviético no habría dudado en inventar una realidad paralela y difundirla con sus medios afines. Pero un Estado que aspira a pervivir con dignidad no consiente esa irresponsabilidad. Tal vez por ese motivo la URSS cayó ignominiosamente, en tanto que EE. UU. conserva intacta su fortaleza. La mentira corroe al Estado. Y ningún político estadounidense osa mentir ni contratar a mentirosos profesionales para enfollonar o justificar su fracaso en Irak. Intuyen que ese sería su final. Ningún partido que aspire a rehacer un Estado maltrecho debería coquetear con mentirosos. Porque el embuste, con tal de justificarse, acaba siendo suicida. Y todos los embusteros terminan siendo víctimas de su paranoia autoinducida. Banderas de la Unión Europea ondean en la entrada de la sede del Parlamento Europeo, en Estrasburgo AFP Un libro común de Historia La presidencia alemana de la Unión Europea quiere concordar un manual de Historia para los colegios europeos. Los medios ingleses ya hablan de la hidra continental, que aspira a dominarlo todo con su dirigismo cultural RAMIRO VILLAPADIERNA CORRESPONSAL BERLIN. Si algo hay divisivo en Europa es la historia: ella hizo las fronteras. Pero ahora que se transparentan cada vez más, ¿no deberían los europeos conocer una misma historia y no sólo unos mismos productos? Es el propósito que ha movido a la presidencia alemana de la Unión Europea a sugerir por primera vez que es difícil pretender una ciudadanía europea con lecciones de historia dispares en las aulas. Si no hay una idea totalmente clara del pasado, se trata al menos de intentar que ésta sea común y no hasta contradictoria; esto sucede típicamente con el proceso histórico que responde al término liberación que posee una lectura radicalmente opuesta entre el sujeto y el objeto de la misma. El día en que los 27 miembros de la Unión podamos concordar un libro de historia común para todos nuestros colegiales habremos alcanzado un gran objetivo dijo el viernes a sus homólogos la ministra federal de Educación, Annette Schavan, en la histórica ciudad universitaria de Heidelberg. La Comisión Europea se ha encariñado ya con un proyecto que sería diseñado y coordinado por expertos internacionales. Como es leyenda, la filosofía alemana creó las categorías a fin de compensar su pánico al desorden y esta iniciativa personal abrigada por la ministra Schavan bien puede ser un fleco más de esa necesidad administrativa. Idéntico pero opuesto tópico puede haber activado un nuevo proceso alérgico en el Reino Unido ante la propuesta. Las sospechas y acusaciones han saltado como venablos, pues si el futuro de Europa se antoja incierto, su pasado no recaba muchas más certidumbres. Los ministros polaco y holandés se dijeron en contra y medios londinenses se apresuran a invocar a Karl Popper frente a la hidra continental que todo lo quiere dominar. La prensa escribe del otro lado del Canal de dirigismo cultural, cuando no de intentar reescribir la historia. tieuropeo. El ministerio Federal de Educación en Berlín se apura en los últimos días en disipar dudas, sobre toda sospecha de intentar lavar su historia, bajo una común en la que no escribiesen sólo y exclusivamente los vencedores. El portavoz del Gobierno, Rainer Rudolph, negaba el viernes toda intención de reescribir la historia no habría en ningún caso sugerencia alguna de dejar fuera algo que resultase inconveniente para los alemanes, o para cualquier otro. Eso sería ridículo No sin razón alega Berlín entre dientes que pocos- -por no decir ningún- -Estado europeo ha empleado tanta intención verdadera y didáctica en reflexionar y enseñar a los nuevos alemanes sobre los horrores de su pasado. En Heidelberg, el gran escritor suizo Adolfo Muschg fue el invitado a glosar la idea ante los ministros, es una idea maravillosa, pero que exigirá un nuevo grado de madurez entre los participantes Pero si no ha sido posible fijar en una mera frase el asiento greco- latinocristiano de la cultura occidental, difícil parece concordarse sobre el Gran Cisma de 1054, la Guerra de los 100 Años, la desmembración de Austrohungría o la entrega de Checoslovaquia a Hitler. El hundimiento de la Armada Invencible se lee distinto en un manual británico o en uno español. Además, en España y en Alemania son las regiones las que tienen la competencia educativa, no el Estado. El Sacro Imperio Un gran objetivo Para Londres, la UE no ha dejado de ser un remedo del carolingio Sacro Imperio Romano de la Nación Germánica, el eje franco- alemán no sería sino conjura vaticana. Comprensible desde este ángulo que la propuesta fuese alemana. Que la derrotada de 1945 se haya convertido en potencia europea, bajo las plumas de la UE, es dardo antigermánico preferido de quien suele resultar an- El consenso histórico es que la escuela forma naciones... y divisiones Napoleón advierte que la historia es a veces una fábula por todos aceptada. Pero donde se acepta a pie juntillas es en la escuela, de ahí la batalla- -sanguinaria en la formación de nuevos estados- -por el control escolar y, así, del discurso nacional. La iniciativa alemana de un manual europeo sigue a la del primer libro escolar germano- francés, a partir de una iniciativa del Taller Juvenil Franco- Alemán, que ahora el ministro polaco quiere imitar. En Heidelberg se concluyó que la UE necesita una mejor educación preescolar, pues esa etapa sería clave en la formación y transmisión de los valores democráticos y cívicos. La UE es más que una sociedad de accionistas dijo Schavan, es una comunidad y la cultura es su fuente de fortaleza