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ABC LUNES 5 s 3 s 2007 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA EL CARTERO ESTÁ DE VUELTA A lección más amarga que dejó el 11- M fue la de que en España se puede cambiar un Gobierno con una bomba. Si los ciudadanos no hubiesen descargado su cólera y su miedo en una sacudida emotiva y rabiosa contra el poder vigente, la amenaza del terrorismo habría quedado amortiguada por la firmeza de una nación capaz de resistir unida el sufrimiento. Pero aquellos días de plomoabrieron una grieta que no se ha cerrado en la sociedad española. Y no porque muchos compatriotas aún sigan desconfiando, más visceral que objetivamente, de la autoría del atentado, sino por una IGNACIO razón mucho más profunda CAMACHO e inquietante: desde entonces todo el mundo sabe que el terror es un arma electoral. Y además, un arma reversible. El primero que lo sabe es el presidente Zapatero, beneficiario indirecto, mal que le pese, de aquella convulsión dramática y conmocionada. De alguna manera, quien llegó al poder gracias a ladivisión generadapor un atentado es consciente de que puede salir del mismo modo. Las cosas habrían podido ser distintas si nada más tomar posesión hubiese emprendido una tarea de reconstrucción anímica y moral de una sociedad quebrada, pero en vez de eso se embarcó en una deriva de ruptura y divisionismo que ha extendido hasta los límites de la memoria de la guerra civil. Y, sobre todo, abrió sin consenso la agenda más osada, la del diálogo con los terroristas, saltándose su propio programa y derramando el tóxico de la discordia en una escena ya envenenada por el enfrentamiento. Todo lo que está pasando, esta atmósfera eléctrica, este clamor de infamias, este chantaje que sobrevuela la nación y proyecta torvas sombras sobre el futuro, es consecuencia de la irresponsabilidad de un gobernante que no ha medido sus fuerzas ni atendido al más elemental sentido de la prudencia política. Y que ahora se mueve bajo el miedo a la reanudación del terror, lo que le convierte en un pelele en manos de los administradores de la violencia. De todas las débiles, casi estúpidas razones con que el Gobierno intenta justificar la excarcelación de De Juana Chaos, esa ignominia que ha sembrado de vergüenza y estupor el país entero, la única creíble es la que sólo circula en voz baja. Si el asesino moría, ETA iba a volver a poner muertos sobrela mesa. Y se derrumbaría el único argumento que sostiene ahora mismo la agenda raquítica y exangüe del presidente, que quedaría a merced de una nación envuelta, como hace tres años, en la desesperación y la cólera. Por eso es tan pavorosa, tan alarmante, tan amenazadora, la cesión al chantaje. Porque ha quedado claro que el Gobierno está temblando ante la mera posibilidad de un ataque etarra, y ha enseñado de forma clamorosa su vulnerabilidad. Ahora no tiene vuelta atrás: los extorsionadores nunca se conforman. Lo más triste es que la lección del 11- M no haya servido para nada. Que tres años y muchas broncas después, el cartero del terror- -da igual de qué terror- -está de vuelta. Con la mano en el timbre y con un Gobierno que suda entre escalofríos, dispuesto a cualquier cosa con tal que pase de largo. L SIN FE, NI FU NI FA ON este calambur titulaba Fernando Savater, quizá el más formidable polemista contemporáneo, un artículo aparecido como es lógico en El País (1- III- 2007) en el que proclamaba la evidente impropiedad de mantener una asignatura confesional en la enseñanza pública En dicho artículo, Savater citaba otro mío, aparecido como es lógico en este periódico. Naturalmente, Savater no comulgaba con mis argumentos, reconociendo sin embargo que le parecían razonables, aunque mi punto de vista se le antojase inquietante o problemático, por contarse él entre quienes desean una educación pública digna de tal nombre y por tanto inevitablemente laica Usando del mismo respeto que Fernando Savater empleaba, diré que también sus razonamientos me parecen coherentes desde su perspectiva; es, precisamente, la perspectiva desde la que los pronuncia la que me suscita hondas inquietudes. Y es que la educación que Savater postula es, simple y llanamente, inconstitucional. Pues lo que Savater defendía en aquel artículo- -aunque se cuidara de expresarlo descarnadamente- -es la derogación de los artíJUAN MANUEL culos 16.3 (donde, al amparo de la liDE PRADA bertad religiosa y de culto, se establece que los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán relaciones de cooperación con la Iglesia católica) y 27.3 (donde se obliga a los poderes públicos a garantizar el derecho que asiste a los padres para que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que este de acuerdo con sus propias convicciones) de la Constitución. Savater, pues, propone un cambio de régimen jurídico que restrinja los derechos de los individuos y que permita a los poderes públicos arrogarse facultades que la Constitución reconoce como propias de los padres. Esta concepción estatalista y radicalmente inconstitucional de la educación que Savater defiende adolece, sin embargo, de cierta inconsistencia jurídica, manifiesta no sólo en la omisión de los C preceptos constitucionales que propone derogar, sino también en las menciones erróneas que hace al acuerdo sobre materia educativa que en 1979 suscribieron el Estado español y la Santa Sede. Afirma Savater en pleno desmelene que dicho acuerdo es una herencia de la época franquista y que su vigencia sólo se extendía a tres años. Ignoro de dónde se ha sacado Savater tan estrafalario plazo conclusivo, pero lo invito a leer el acuerdo, para que pueda comprobar que en modo alguno le corresponde la herencia que le atribuye; por el contrario, está redactado desde el respeto más escrupuloso a la libertad de conciencia y al orden constitucional. Orden que, al parecer, Savater juzga periclitado. Otro extremo de su artículo que quisiera rebatir es aquel que caracteriza la asignatura de religión como una paparrucha que no está relacionada con el conocimiento, sino con la devoción Savater, a quien tanto le gusta jugar y juzgar a un tiempo, se explaya aquí, introduciendo bromas muy ingeniosas que no replicaremos por falta de espacio con otras bromas igual de ingeniosas sobre la educación que él postula. Pero lo que nos interesa es refutar esa imagen tendenciosa y caricaturesca que Savater propone sobre la asignatura de religión, tal vez inspirada por haber sufrido en su infancia como profesor de dicha disciplina a algún epígono de fray Gerundio de Campazas. Para Savater la religión no debe tener hueco en las aulas, por no tratarse de una disciplina científica los interrogantes de la religión- -que son los interrogantes propiamente humanos- -no tienen para Savater lugar en el espacio de la razón común descrita por la ciencia. Sobre esta aversión contra los interrogantes fundamentales de la razón que Savater muestra en su artículo, tan característica del Occidente contemporáneo, ya nos alertaba Platón. Después de haberse referido a muchas opiniones filosóficas erróneas, Sócrates se dirige a Fedón y le dice: Podría ocurrir que alguien a quien molestaran todas estas opiniones erróneas despreciara de por vida y se burlara de toda conversación sobre el ser; pero de esta forma renunciaría a la verdad de la existencia y sufriría una gran pérdida Pues eso.