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102 CULTURAyESPECTÁCULOS DOMINGO 4 s 3 s 2007 ABC TEATRO Homebody Kabul Autor: Tony Kushner. Traducción: Carla Matteini. Dramaturgia y dirección: Mario Gas. Escenografía y vestuario: Antonio Belart. Iluminación: Paco Ariza. Intérpretes: Vicky Peña, Gloria Muñoz, Roberto Álvarez, Elena Anaya, Jordi Collet, Mehdi Ouazzani, Hamid Danechvar, Mohamed El Hafi, Hamid Krim, Mostafa El Houari y Driss Karimi. Lugar: Teatro Español. Madrid. Laberinto de dolor JUAN IGNACIO GARCÍA GARZÓN Conmocionado, acongojado, reconfortado, emocionado hasta casi el temblor, el público sale del Teatro Español y aspira profundamente el aire de la plaza de Santa Ana después de más de tres horas de intensa experiencia teatral. Homebody Kabul -título traducido como En casa en Kabul -es un laberinto de dolor, un largo paseo por la Historia que devora las historias, una obra sobre la lejanía insondable entre culturas y la proximidad lacerante de los sentimientos. Tony Kushner (Nueva York, 1956) es, tal vez junto a David Mamet, el más interesante y complejo de los dramaturgos norteamericanos de nuestros días, en su pulso laten al tiempo la memoria combativa de Brecht, la hondura tumultuosa de O Neill, el compromiso de Miller y el psicologismo torturado y certero de Williams. Homebody Kabul es un trabajo de enorme complejidad, muy documentado, de laborioso encaje de elementos, que pone en evidencia la rutina simplista y con frecuencia arrogante con que nos asomamos a la realidad de los otros. Habla también de conflictos internacionales y personales, de fundamentalismos y de rabia generacional, del viaje como ceremonia de transformación, de desconciertos y certezas, de odio y de piedad, de la infelicidad y de cómo pueden matar la incertidumbre y la fe ciega. Kushner hace arrancar la obra en el Londres de 1998, con una prueba de resistencia: un monólogo de una hora en el que una mujer inglesa madura (Vicky Peña) con una antigua guía de Kabul entre las manos, habla de su fascinación por la capital afgana, de su frustrante vida matrimonial, repasa la historia y la sucesión de pueblos que han pasado por el país centroasiático (arios, sasánidas, persas, griegos, mongoles, soviéticos... imagina un en- Mehdi Quazzani y Elena Anaya, en una escena de la obra cuentro erótico con el vendedor afgano de una tienda... El segundo acto transcurre en Kabul, donde el marido y la hija de esa mujer han acudido a buscarla y donde las autoridades talibanas les informan de que ha sido asesinada tras el bombardeo de la ciudad por deci- ABC sión del presidente Clinton. La hija, que nunca se entendió con su madre, no acepta la versión oficial y emprende una terca búsqueda en medio un caos de ruinas y terror talibán, ayudada por un guía tayiko, confusa en un mar de lenguas que no comprende. Hay una tercera parte que arranca con otro monólogo portentoso, multilingüe, rabioso, el de una mujer afgana (Gloria Muñoz) contraespejo de la londinense: la biblioteca donde trabaja ha sido cerrada y quiere viajar a la capital británica en una suerte de trueque por la madre desaparecida. La obra concluye con un epílogo en Londres un año más tarde. Un emocionante paseo por la vida. Mario Gas dirige un reparto multicultural y heterogéneo que transmite muy bien la atmósfera de la obra por encima de las dificultades para cohesionar a actores de tan diversa procedencia; su dirección es brillante y mantiene la tensión de esta larga y exigente obra hasta el final, ayudado por el buen trabajo en escenografía y vestuario de Antonio Belart. Soberbia la interpretación de Vicky Peña, que da calor y vida a su difícil monólogo, y Gloria Muñoz, absolutamente creíble como mujer pastún, y un aplauso también para Elena Anaya, que debuta en el teatro con el peliagudo papel de la hija y que, aunque denote cierta falta de tablas, lo solventa con nervio y sensibilidad. Estupendos Jordi Collet en una suerte de cooperante buscavidas, Roberto Álvarez como el marido perplejo y Mehdi Ouazanni en el papel del guía. Un gran espectáculo.