Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
100 CULTURAyESPECTÁCULOS DOMINGO 4 s 3 s 2007 ABC ÓPERA CLÁSICA Boulevard Solitude Música: H. W. Henze. Orquesta Sinfónica del Liceo. Dirección musical: Z. Pezko. Dirección de escena. N. Lehnhoff. Escenografía y vestuario: T. Hoheisel. Iluminación: P. Pyant. Coreografía: D. Sayers. Lugar: Gran Teatro del Liceo, Barcelona. Fecha: 2- III Ibermúsica Obras de R. Schumann y R. Wagner. Intérpretes: Orquesta Filarmónica de Viena. Director musical: Daniel Barenboim. Lugar: Auditorio Nacional de Música. Pasión y riesgo ANDRÉS IBÁÑEZ ¿Qué es la vida sin pasión y sin riesgo? En la cuarta sinfonía de Schumann, Barenboim va creando sutiles cambios de tempo como para dar a cada frase su carácter. Algunas veces, como Cortot toca dos frases simétricas como si no tuvieran relación entre sí. De este modo transforma la experiencia de la escucha. Vemos fascinados cómo Barenboim, igual que hacía aquel personaje de Peter Handke con el paisaje inmenso de Alaska, va creando lugares en la música, abriendo huecos y refugios en los que parece posible quedarse a vivir una temporada, caminos que se abren y se adentran hacia otras dimensiones. Las notas de la Filarmónica suenan como gotas de rocío en el movimiento lento. El último, poseído por una alegría beethoveniana, se corona con un final triunfal y electrizante como no asociaríamos, en principio, a Schumann. Pero la gloria de esta noche es Wagner. Tengo que decir que no me gusta la unión que hace Barenboim entre el final de la Marcha Fúnebre de Sigfrido y la obertura de Los maestros cantores: ese súbito Do mayor sonaba, de pronto, algo trivial. Y, como siempre, hay una cierta tendencia a irse a los extremos: el viaje de Sigfrido por el Rhin parecía hecho en fueraborda (aunque en mi opinión, esta página casi siempre se toca demasiado deprisa) Sin embargo, la marcha fúnebre... ¡Dios mío! Cualquier wagneriano apasionado, como quien esto escribe, habrá sentido esta noche que se conmovía hasta la última fibra de su cuerpo al escuchar esas tres corcheas amenazantes de la cuerda, Fa, Fa sostenido, Sol, que conducen a los dos brutales acordes iniciales en Do menor. Una versión excelsa, estremecedora, con una Filarmónica de Viena resplandeciente. Momentos de pura felicidad, como la música del Venusberg de la obertura de Tanhäuser, cuando sentíamos físicamente que el aire se llenaba de oro, de magia, de oropel, de centellas, de sueño, de fantasía, y la forma en que todo ese brillo iba desapareciendo para convertirse en el difícil, tembloroso, fulgor de los violines sobre el coro de peregrinos... Impresionante. Henze y la soledad PABLO MELÉNDEZ- HADDAD El estreno español de Boulevard Solitude la obra maestra de juventud de Hans Werner Henze, fue saludado el viernes en el Liceo con una cerrada ovación de varios minutos. Sin duda influyó en el éxito la presencia del octogenario compositor, que ya había visto este montaje sublime firmado por Nikolaus Lehnhoff cuando se estrenó en Londres hace más de un lustro, precisamente para celebrar los setenta y cinco años de este operista fundamental del siglo XX. El director de escena alemán consigue con esta bellísima y dramática producción, de estética gélida, retorcida, elegante y finamente coreografiada, llevar al espectador a un viaje a lo más profundo del alma de un Des Grieux destrozado, que sueña con una Manon Lescaut irreal e inspiradora. Lehnhoff lleva al público a enfrentarse a una imagen divina, producto de un cerebro cuya sinapsis está distorsionada por toxinas de placer, en medio de una atmósfera tratada con una belleza radiante gracias a una iluminación magistral y a AP Spielberg tenía un cuadro robado Steven Spielberg compró en 1989 el cuadro El aula rusa del pintor estadounidense Norman Rockwell, que fue robado en 1973. El cineasta lo adquirió legalmente a un marchante, y hace unos días descubrió, en la página web del FBI, que el cuadro era robado, y enseguida comunicó a la Policía que él tenía la obra. unos vestuarios increíbles. Sin duda alguna, el planteamiento de Lehnhoff ha sido uno de los factores cruciales para la correcta asimilación de esta ópera compleja y fragmentaria, cuya dirección de actores es simplemente magistral. Lehnhoff llena esa estación a ninguna parte de mil actores que en cada interludio repiten secuencias de coreografías aliñadas de sutiles variaciones, en un juego escénico maravilloso. Pero también hubo otro factor decisivo en este éxito: la sobresaliente entrega de la soprano Laura Aikin, en absolu- to estado de gracia vocal y conocedora de todos los recursos de una actriz de rompe y rasga: su Manon Lescaut irracional, fría e irreal consigue cautivar por su contención, por esa distancia calculada que parece marcar su rumbo y por ese total dominio de una particella terrible por afinación y vocalidad. El resto del reparto se movió por excelsos- -e inmejorables- -caminos en el aspecto dramático, pero a mucha distancia de Aikin en lo vocal; el convincente Des Grieux de Pär Lindskog no siempre se mostró seguro en la afinación, aspecto que también atentó contra el histriónico Lescaut de un Tom Fox, con serios problemas en los agudos. El Lilaque padre de Hubert Delamboye impuso buena proyección, todo lo contrario del poco flexible Pauls Putnins (Lilaque hijo) Zoltan Pesko controló con poderío a una Sinfónica liceísta poco habituada a partituras de esta índole, aunque la madera y el metal acusaran la extrema dificultad de esta obra de Henze que llegó a los escenarios españoles con más de medio siglo de retraso. DANZA Alas Compañía Nacional de Danza. Coreografía: Nacho Duato. Dirección teatral: Tomaz Pandur. Música: P. Alcalde, S. Caballero, A. Pärt, J. Massenet, P. Szymanski y M. Strohmann. Lugar: Teatro Real, Madrid Las alas de Duato JULIO BRAVO Nacho Duato y Tomaz Pandur, dos importantes creadores de la escena europea, tienen mucho en común; entre otras cosas, comparten criterios estéticos y concepción escénica. Y se admiran mutuamente. No es extraño, pues, que hayan unido sus esfuerzos en un trabajo común, Alas que acaba de llegar ahora al Teatro Real. Duato y Pandur han viajado hasta el universo de Peter Handke y de Wim Wenders, Nacho Duato, en la escena final de su coreografía Alas guionista y director, respectivamente, de la película El cielo sobre Berlín Es, en realidad, de un punto de partida, ya que ni el coreógrafo ni el director escénico siguen el guión al pie de la letra, aunque sí utilicen algunos de sus textos. Alas ha servido para devolver al bailarín Nacho Duato a los escenarios. En esta pieza, el artista valenciano acapara el protagonismo y muestra su magnetismo, su baile felino y una perfecta forma. Le secunda una sobresaliente compañía de mucha calidad, brillante, compacta y segura. La coreografía- -en la que la mano de Pandur aparece de forma demasiado sutil- -posee, para bien y para mal, el se- EFE llo de Duato. Para bien, porque ofrece momentos de enorme belleza estética, como el llamativo final, con todos los bailarines evolucionando sobre el agua, y porque sabe sacar partido al espacio con movimientos muy personales. Para mal, porque la historia se escapa a veces por entre los dedos y la coreografía pierde vuelo y latido.