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ABC DOMINGO 4- -3- -2007 MADRID 75 Aumentan las denuncias de las familias Según el Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales, en el año 2004 se presentaron 5.713 denuncias en toda España de niños maltratados por sus padres, frente a las 5.100 denuncias presentadas por los padres inculpando a sus hijos como maltratadores. Un año después, en 2005, más de 7.000 padres habían denunciado a sus hijos por agresiones. El 26 por ciento de los padres de estos chicos que les agreden confiesan no saber qué hacer con el proceder de sus hijos, mientras que un 16 por ciento han abandonado su intento de contención y educación. Otro 8 por ciento hubiera deseado no haber tenido hijos. Las formas de maltrato que ejercen los hijos sobre los padres son diversas. Pueden ser tanto físicas como psíquicas y emocionales. Aumentan las que combinan las tres. La pista y cancha de baloncesto, construida por los menores internos en el centro siones o las amenazas. Es muy duro- -dice Córdoba- -denunciar a un hijo. Hay un porcentaje alto de madres que al minuto de poner la denuncia quieren retirarla. Sale esa especie de remordimiento de conciencia. Por eso es fundamental nuestro trabajo con las familias. Tenemos que hacerles comprender que el paso que han dado, la denuncia, es duro pero necesario y que, a la postre, va a beneficiar al chico Llegamos a la hora de las actividades. Los menores ya han desayunado y están en clase, de Enseñanza Secundaria Obligatoria o de Bachillerato. La mayoría entran con un nivel académico muy bajo. Alguno sale al instituto, que está muy cerca, pero sabe que está controlado y que si se escaquea tendrá una sanción. El equipo que dirige Córdoba tiene una cosa muy clara: el mayor castigo para un menor es formarle y hacerle saber que no hay otra opción. Es sí o sí No hay vuelta de hoja. Cuando ellos van viendo que sus trabajos en el huerto, en la albañilería, la carpintería, en informática y en otras muchas actividades van dando sus frutos, les notamos más animados y más motivados. Se sienten útiles. Empiezan a recuperar su autoestima y a desprenderse de la violencia y la agresividad Autoestima El Laurel también cuenta con una zona para juegos y el tiempo de ocio con la que ingresan asegura el director. Hoy, por ejemplo, los muchachos están liados con un merendero y una barbacoa que construyen con sus propias manos. Se notan algunas chapucillas pero el trabajo tiene buena pinta. Los ladrillos están bien alineados y la mezcla parece que fraguará debidamente. Están deseando acabar para ver qué tal se asan aquí los chorizos y las chuletas. Para los ratos de ocio y de descanso, hay varios salones de juegos, de televisión y de informática. Juan Carlos Sevilla, coordinador del centro, nos comenta que en estos espacios los muchachos- -también hay dos chicas- -se desprenden de mucha tensión. Se relajan. El director recuerda que más de uno, nada más ingresar, ha dado puñetazos a las paredes, de pura rabia. Pero daba contra la pared de pladur para no hacerse demasiado daño. Son problemáticos pero no tontos apunta Córdoba. La agresividad es un factor con el que cuentan en El Laurel Aquí no se puede fumar. Algunos son toxicómanos y el trabajo de los educadores es, también, la desintoxicación. Curioso es el cuadrante diario que tienen en el centro. Se ponen notas. Para salir a la calle- -siempre dentro de las actividades del centro- es necesario, como mínimo, un 5,5. Se puntúa hasta la forma de cepillarse los dientes. Muchos de los internos proceden de familias desestructuradas. Pero no siempre. Tam- bién vienen de núcleos familiares estructurados pero con un estilo educativo que no les ha puesto límites. Mi objetivo es enseñarles a respetar esos límites que los chicos no han respetado en su propio entorno familiar dice Manuel Córdoba. Las estadísticas dicen que se logra la reinserción del 83 por ciento de los menores delincuentes. Ya, pero a mí lo que me interesa es el 17 por ciento restante asegura el director. Nos cuentan los expertos de El Laurel que a los muchachos, en cuanto se les interna aquí, no se les puede preguntar eso de: ¿por qué has pegado a tus padres? Por lo visto, hay que dar un tiempo, pasar una terapia y que el asunto lo ponga sobre la mesa un psicólogo. También hay grupos terapéuticos con los padres y las familias. Y ahí hablan todos. Al final, se saca la conclusión de que algunos de los menores que han maltratado a sus padres tienen identificado su problema y su forma violenta de actuar. Otros no son conscientes de que tienen un serio problema de conducta. Nuestro trabajo consiste, básicamente, en que lo reconozcan y a dónde les ha conducido. A las familias procuramos devolverlas ese rol de autoridad que han perdido dice Córdoba. De hecho, en El Laurel está interno un menor por atacar con un hacha a su padre. Que haya acabado con la vida de alguien, por fortuna, no hay ninguno. Devolver la autoridad