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48 MADRID SÁBADO 3 s 3 s 2007 ABC El acusado del crimen de Villaverde reconoce que Manu no esperaba que le apuñalara La acusación, a diferencia del fiscal, cree que se trata de un asesinato y no un homicidio, pues fue un ataque súbito s McGrady no sabe por qué cogió el arma C. HIDALGO MADRID. La navaja me la pasaron abierta. En ningún momento la saqué del bolsillo, porque, si lo hubiera hecho, Manu la habría visto y hubiese advertido lo que ocurría Estas palabras las pronunciaba ayer José Manuel Mercedes Lamar. Es el dominicano de 21 años que, hace dos, supuestamente mató de dos cuchilladas a Manuel González Carmona, de 17 años, en su barrio de Villaverde. Esta confesión la realizaba ante la jueza de la Audiencia Provincial Manuela Carmena durante la vista por el crimen que azotó Madrid el día de la fiesta del Dos de Mayo. Era la respuesta del acusado, apodado McGrady a la última pregunta de su interrogatorio, la realizada por el jurado popular de ocho hombres y tres mujeres que dictará el veredicto. La importancia de ese último testimonio viene por la tipificación propia del delito. El fiscal pide 12 años de cárcel para el acusado por considerar que los hechos constituyen un caso de homicidio: No hubo circunstancias especiales que agravasen el hecho según el Ministerio Público. Una de las razones en las que se basa para ello es que la víctima pudo ver la navaja con que se cometió el crimen en manos del acusado momentos antes de la agresión mortal. La acusación particular, por contra, cree que lo que se cometió con Manu fue un asesinato con alevosía, por lo que pide una pena de 18 años: Fue un ataque súbito, intencionado y sin capacidad de respuesta Por ello, que el propio acusado reconociera que Manu no pudo percatarse con tiempo suficiente de que tenía un cuchillo en las manos, es un detalle que podría dar un giro al juicio. Más allá de las interpretaciones que puedan darse, McGrady relató que, el día de los hechos, estaba sentado en el parque con unos amigos, jugando al baloncesto, fumando porros y bebiendo cerveza Bajaron- -continuó- -dos niños de 14 o 15 años, que nos dijeron que estaban en la fuente y que llegó Manu y discutió con ellos, diciéndoles que fuera a buscar a sus hermanos, o algo Compra un billete y huye a Santo Domingo El día del crimen, McGrady había estado fumando porros y bebiendo alcohol desde la una de la tarde. La muerte tuvo lugar pasadas las seis. El defensor del acusado reconoce el perfil un tanto conflictivo de su patrocinado, que llegó a España en 2001, dejó de estudiar a los 16 años, fue abandonado por un padre que le pegaba en su niñez y empezó a consumir drogas entre los 12 y los 14 años. No sabe si tiene cuatro o cinco hermanastros, a los que no conoce. Tras matar a Manu, marchó a su casa y mintió a su madre sobre la razón de las manchas de sangre. Me he golpeado jugando al baloncesto le dijo. Luego, se fue con su amigo Samuel a un bar, quien recibió una llamada en el móvil en la que le informaron de que Manu había muerto. Le aconsejó al acusado que comprara un billete y huyera a Santo Domingo. Llevaba un mes trabajando y tenía dinero para hacerlo, pero no lo hice dijo el dominicano. Así, confesó lo ocurrido a su madre, quien le envió a casa de su abuela. Y le convenció para que se entregara. Emilio y María José, padres de Manu, antes de entrar ayer en la Audiencia Provincial FOTOS: CHEMA BARROSO La defensa afirma que el acusado no hizo más que responder instintivamente a una agresión McGrady con la cabeza rapada, de espaldas al público para hacerle un reproche El acusado asegura que nunca antes había visto a la víctima, algo que no sostienen los amigos de Manu. Llegamos y preguntamos qué había ocurrido El presunto autor de la muerte dijo que su grupo quiso pegarse con el otro, pero que los amigos de Manu propusieron que fuera un uno contra uno ¡A que no tienes huevos, tío! dice que le animó un compañero a Manu. Entonces, me di la vuelta para quitarme la gorra y fue cuando me vi el puñetazo en el ojo. Estaba sangrando y aturdido. Me tapé el ojo, agaché la cabeza y alguien me dijo: McGrady, toma Fue cuando me pasaron la navaja, no sé quién relató. Añade el acusado que, mirando hacia el suelo y parcialmente agachado, hizo un movimiento circular hacia adelante con el arma, cuando creía que Manu le iba a dar un segundo puñetazo. Recuerdo que le di una sola puñalada Pero el cadáver de la víctima presentaba dos, en lugares diferentes: el abdomen y el corazón. Manu se echó para atrás, y dijo ¡Me pinchaste! Vi que tenía sangre, tiré la navaja allí mismo y me fui a mi casa. Yo, en ese momento, ni sabía lo que había hecho. Todo el mundo co- por el estilo El acusado reconoció que cogió una navaja que estaba tapada en un banco del parque pero que, antes de encontrarse con Manu, se la dio a uno de los menores, apodado Cuba A la pregunta del fiscal sobre por qué tenía una navaja, respondió: Últimamente, discutíamos con otros chavales que pertenecían a una banda, por eso escondí la navaja en el banco, que me la había regalado el hermano de uno de los muchachos. Nunca la cogía, pero sabía que estaba allí McGrady acompañado de siete u ocho jóvenes más, acudió donde se encontraba Manu con sus cinco amigos ¡Me pinchaste! rría y yo también Se refugió en su casa, se cambió de ropa y se duchó. La defensa negó, como la acusación particular, que todo responda a un conflicto entre bandas. El acusado también contradijo a su propio abogado al no reconocer que Manu adoptó una postura combativa en la pelea, propia de sus conocimientos de artes marciales. El letrado de la defensa, Manuel Alonso, indicó que su patrocinado se limitó a responder a una agresión con un movimiento circular instintivo Destacó la falta de antecedentes del acusado y que la víctima acudiera a un gimnasio desde hacía unos meses. Según la defensa, Manu, de 17 años, practicaba culturismo palabras que provocaron irónicas risas entre sus amigos. Tampoco supo responder el acusado por qué cogió la navaja del banco cuando sus amigos le avisaron de que habían discutido con el finado. Y, a la familia de Manu, a la que en todo momento evitó mirar, así como mostrarles la cara a ellos y a los numerosos amigos del chico que ocupaban la sala, les dijo que se arrepentía de lo ocurrido. Bastante