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3 3 07 TENDENCIAS El vals Ese vértigo, esa embriaguez La fiebre por el vals sume a Viena en un frenesí en el que durante cuatro meses se celebran más de 300 bailes de gala. Hay algo de nostalgia de la elegancia y estética del viejo Imperio. Pero hay, sobre todo, una forma galante de entender la vida que no se quiere perder POR ANTONIO SÁNCEHZ SOLÍS CORRESPONSAL EN VIENA FOTOS: REUTERS, EPA Le Congres ne marche pas, il danse dijo el príncipe de Ligne del Congreso de Viena de 1814. Toda una forma de entender la diplomacia a temporada de valses en Viena es mucho más que la imagen de Paris Hilton con cara de no entender nada y consultando su móvil cada cinco minutos en un palco de la Ópera, por más que la presencia de la heredera del imperio Hilton haya sido lo más destacado este año por L la Prensa. Pero el Baile en Viena fue- -y aún es- -mucho más. Fue otro Imperio, el de los Habsburgo, el que se dejó arrastrar por la embriaguez del vals. La pompa y ostentación que un día fueron exclusivos de la nobleza bajó a la calle con el emperador José II (1741- 1790) un gobernante absolutista pero muy liberal para la épo- ca, que autorizó los primeros bailes públicos. Entre 1814 y 1815, con la ciudad invadida por príncipes, nobles y diplomáticos repartiéndose Europa en el Congreso de Viena, la ciudad rebosaba de bailes y conciertos. Un estilo de diplomacia que el príncipe de Ligne resumió diciendo: Le Congrés ne marche pas, il danse