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6 OPINIÓN SÁBADO 3 s 3 s 2007 ABC AD LIBITUM EL ABNEGADO RUBALCABA OQUE Barcia, uno de los muchos personajes atrabiliarios e inciertos que genera nuestra política- ¡estuvo complicado en el asesinato de Juan Prim! redimió sus muchos disparates biográficos consagrando los últimos años de su vida, en el último cuarto del XIX, a la laboriosa y erudita redacción del Primer Diccionario General Etimológico de la Lengua Española Cinco inmensos tomos que, superados por la ciencia lingüística actual, no han perdido interés. En ellos se define el verbo asumir- -atraer a sí, tomar para sí; según el DRAE- -como anticuado. No es raro, en consecuencia, que lo M. MARTÍN conjugue Alfredo Pérez FERRAND Rubalcaba, un espécimen superviviente de la primera glaciación socialista que, tras una espectacular transformación y sin que se le conozca ninguna obra de mérito, se integra en el desconcertante, y desconcertado, equipo con que gobierna José Luis Rodríguez Zapatero. El abnegado ministro de Interior asume la responsabilidad política que suscita la nueva situación del asesino etarra José Ignacio de Juana Chaos, el segundo matón de más productividad entre los muchos que ha puesto en circulación la organización terrorista vasca. ¿Se puede asumir una responsabilidad política? Sólo en un sistema de poder, como el que padecemos, sustentado en las mentiras, las medias verdades y las artes del disimulo tiene sentido que un peón de la partida se quede con el demérito de las grandes decisiones para dejar impoluto el brillo de su jefe. La responsabilidad de la nueva y más confortable situación de De Juana corresponde a Zapatero. La de Rubalcaba es algo más parecido a la luctuosa entrega de una viuda hindú. De Juana es un personaje menor en la estructura de ETA, un gran asesino sin función directiva, pero la habilidad del presidente para la fabricación de monstruos le ha convertido en un héroe. Eso es invertir los términos de la función de Gobierno, la aplicación de un discutible sentido humanitario a la consagración de un malvado malencarado, provocador y pendenciero. Justificarlo con la hipótesis de su muerte en prisión, tras una imposible huelga de hambre de más de cien días, como plataforma para la creación de un mártir glorioso es tanto como cambiar la posibilidad de lo malo por la certeza de los peor. Los mártires, según su causa, actúan desde el cielo o el infierno; pero los héroes lo hacen a pie de tierra. Asúmalo o déjelo de asumir el ministro Rubalcaba, la decisión gubernamental se ampara en el principio del mal menor sobre el que se han escrito muchas de las más ignominiosas páginas de nuestra Historia. El retorno de De Juana al chuletón con pimientos de Guernica le facilitará a Zapatero la continuidad de su muy discutible proceso de paz. Ese es el único fruto de la situación; pero, como se sabe, donde no hay beneficio hay daño. Para la Nación. EN FIN LA TRAICIÓN DE LOS CLÉRIGOS mundano, la búsqueda del éxito social o de los bienes teN al menos un aspecto, me temo que el único, el rrenales, y el compromiso partidista. Benda se consideoficio de escribir es como el buen gobierno: no raba un clérigo en el sentido más austero que él posiempre debe tener por objeto complacer a la padía dar de la palabra, un regular de una congregarroquia propia. A veces hay que espetar a quienes supoción que se desenvuelve en un ambiente hostil, como nemos nuestros lectores (o electores) verdades moles un pez fuera del agua según descripción del propio tas o menos agradables, o emitir juicios que, de antemaPericay. no, sabemos que no van a contar con su aplauso inconHay quien ha interpretado la actitud de Benda como dicional. Por eso no entiendo muy bien la razón por la la defensa del mandarinato de la clase intelecque escritores que miman exageradamente a tual respecto de la política de a pie o de la realisus seguidores, dándoles siempre lo que les pidad social; como una falta de compromiso. No den, aborrecen sin embargo de los representantal. Se comprometió y mucho, y fue uno de los tes públicos que hacen lo propio con sus electomás implacables fustigadores de los nacionalisres. En realidad, pertenecen a la misma raza. mos y totalitarismos de su época. De hecho, su Escribir, o gobernar, a favor de opinión es caTraición de los clérigos apunta en especial a inmino trillado que garantiza la aquiescencia de telectuales deslumbrados por el fascismo o el quienes sólo esperan de nosotros la confirmación de sus convicciones, a resguardo de cual- EDUARDO SAN comunismo. No vivía en una torre de marfil. Defendía, aún en términos a veces elitistas y pequier pensamiento con aristas que les haga duMARTÍN dantes, el compromiso del intelectual, pero el dar; un público dócil que halaga los oídos y sacompromiso sobre todo consigo mismo y con el rigor, tisface la autocomplacencia. Y por ese tobogán nos lanun rigor que consistía en el desprecio de la mentira y zamos porque, la carne es débil, preferimos antes alien la defensa intransigente de las verdades universamentar nuestra insaciable vanidad que enfrentarnos a les frente a las banderías. una más que segura reprobación si abandonamos el caEn España, muchos de los que escribimos nos pararril que nosotros mismos hemos marcado a esa audienpetamos con frecuencia en la comodidad de la autocencia. Resultado: en demasiadas ocasiones escribimos sura. Nos aterroriza que aquellos para quienes escribicontra nuestras propias convicciones, o envolvemos en mos nos abandonen si nos atrevemos a sugerirles que, garrapiña nuestros pensamientos más sinceros para de vez en cuando, se salgan del carril. Hay pensadores hacer pasar gato por dulce. Todo, con tal de no ser acude la derecha que se espantan de ciertas acciones, u sados de traición. omisiones, del PP, pero que las callan para mantener la Hace ahora ochenta años, el pensador francés Juclientela; clérigos de la izquierda alarmados con la lien Benda escribía sobre la traición opuesta, la de no deriva nacionalista del PSC o con el desbarajuste terriser fiel a uno mismo. La llamaba la traición de los clétorial de Zapatero, que hacen mutis para no hacerle el rigos (La trahison des clercs) Con ese término, más juego al PP y escritores católicos que discrepan de la amplio y profundo que el de intelectuales, Benda evocaimagen que proyecta un sector del episcopado o de los ba los hombres sabios y pensadores de todos los tiemdisparates emitidos por alguno de sus altavoces, pero pos, a los que habría traicionado la nueva casta de escrique esconden la cabeza debajo del ala. Sacrificamos tores públicos. En el prólogo a Memorias de un intelecnuestra independencia, que es la primera condición de tual, en las que Benda resume su vida en tres etapas, les clercs, en beneficio de la claque, y aún pretendemos Xavier Pericay recuerda lo que eran para el autor los que se nos respete. Así nos va. términos de esa traición: la acción política, el interés R E