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14 ESPAÑA LA HORA DE LA VERDAD DEL 11- M TRASHORRAS, PIEZA CLAVE EN EL EXPLOSIVO UTILIZADO EN LA MATANZA MIÉRCOLES 28 s 2 s 2007 ABC Perejil, Irak y la meca cola Con una lucidez en la que pocos confiaban y la seguridad que sólo da una defensa preparada a conciencia, el ex minero José Emilio Suárez Trashorras compareció ante el Tribunal sabiendo lo que se juega POR N. VILLANUEVA MADRID. Si hasta esta séptima jornada de juicio el asturiano había estado en su mundo, su actitud cambió ayer de forma radical, y salió de la burbuja en la que había permanecido sólo en compañía de sus uñas (que apuraba con sus dientes hasta la saciedad) para volver a la realidad que supone enfrentarse a más de 38.000 años de cárcel. Desde media mañana, cuando Zouhier saltó al ruedo, Trashorras escuchó atentamente las palabras del marroquí, tanto las que le inculpaban (casi todas) como las que no, y no torció ni una vez el gesto cuando su ex amigo le responsabilizó de nuevo de haber vendido los explosivos del 11- M. Con las piernas encima del banco, el ex minero sólo intercambió alguna que otra mirada de complicidad con su mujer, lo contrario a lo que hizo con Zouhier cuando le llegó el turno de declarar. Entonces, ambos se vieron las caras en la puerta de la sala blindada, donde Trashorras le dejó pasar y cruzaron sus miradas en el suelo. Trashorras entró al interrogatorio de Javier Zaragoza con seguridad y sólo en algunos momentos pareció sentirse incómodo. El fiscal jefe ni siquiera consiguió sacarle de sus casillas cuando le insinuó que estuvo en su mano evitar los atentados de Madrid. Uno de los pilares de su defensa consistió en mencionar lo menos posible la palabra explosivo y colocar el hachís en todos los escenarios y conversaciones en los que también estaba presente Jamal Ahmidan. Respecto a este individuo, considerado un fanático radical, la estrategia de Trashorras consistió en definirle como un juerguista empastillado Quizá porque no es lo mismo hacer negocios con un terrorista que hacerlos con una persona de la que en ningún momento se espera que saque los pies del tiesto. Así, ni Trashorras duda de que a Ahmidan se le pudiera llevar la contraria en temas de religión. La frase con la que se despidió del ex minero si no nos vemos en la tierra nos veremos en el cielo da algunas pistas del carácter del suicida de Leganés, aunque ayer José Emilio, en su afán exculpatorio, atribuyera la despedida de El Chino desde Ibiza al efecto de las drogas. No negó el asturiano que en otra ocasión Ahmidan le dijera que Dios estaba en todas partes, también en la palma de mi mano, y que no tenía que hacer nada más que soplar para sentirlo El Chino que negoció con los asturianos la compra de los explosivos, se enfadó mucho en una conversación sin importancia en la que participaron Trashorras y su mujer, Carmen Toro. Ella, al recordarla en boca de su marido, no pudo evitar que saliera una sonrisa de sus labios. La forma de expresarse de José Emilio ayudó a entender el incidente. Empezamos hablando de la coca cola y terminamos en la guerra de Irak relató el asturiano. Así, en aquel encuentro Carmen Toro, que se estaba mofando de Ahmidan, le comentó que la meca cola de su país no era igual que la que se bebe en España, lo que El Chino se tomó bastante mal y recordó que parte del dinero de la que se compraba en su país iba destinado a financiar la educación Una bolsa de Goma 2 ECO, a la puerta de Mina Conchita, guarida del explosivo de Trashorras de los niños en las mezquitas. De allí pasaron al incidente de Perejil, y Carmen, que siguió tomando el pelo a El Chino hizo algún comentario que no le gustó. Después la asturiana llamó maricón al rey de Marruecos; de allí pasaron a la guerra de Irak yo estaba de LUIS SEVILLA El ex minero definió a Jamal Ahmidan más como un juerguista empastillado que como un radical acuerdo con la intervención de España porque soy militante del PP aclaró Trashorras) y acabaron en el 11- S. ABC. es Siga en directo las sesiones del juicio por el 11- M en abc. es Jesús Zarzalejos Profesor de Derecho Procesal de la Complutense ESTO YA VA EN SERIO on las declaraciones de Rafa Zouhier y de Emilio Suárez Trashorras, el juicio del 11- M entró en una fase mucho más intensa para acusaciones, defensas y tribunal. Zouhier no defraudó y mantuvo un áspero interrogatorio con el fiscal jefe de la Audiencia Nacional, se encaró con unos y otros y sólo pareció encogerse ante las preguntas del presidente del Tribunal. No era para menos. Zouhier es algo así como un cruce de caminos para la trama islamista, la C trama asturiana y la investigación policial previa a los atentados del 11- M. Palabras mayores, que el propio Zouhier, muy consciente de su protagonismo en la sala y fuera de ella, se encargó de remarcar con la insistente proclamación de que sólo quiso ayudar para evitar el atentado. Por esto mismo, su tarjeta de presentación como confidente vocacional de la Guardia Civil fue atacada duramente por el fiscal, quien intentó demostrar que desde junio de 2003 (en concreto, desde que puso en manos de su enlace policial una muestra de explosivo que le fue entregada por los asturianos hasta después del atentado del 11- M no volvió a informar sobre los pasos de Suárez Trashorras y compañía. En definitiva, que poco hizo por facilitar la investigación. Por otro lado, el fiscal quiso que Zouhier reconociera que en las reuniones entre islamistas y as- turianos se negoció la entrega de explosivos. Zouhier lo negó y, por eso, fue el presidente quien repreguntó para resolver la paradoja de que Zouhier hubiera informado a la UCO de la Guardia Civil de que los asturianos estaban ofreciendo explosivos por droga y negara que en las reuniones entre ambas tramas en 2003 se hablara de explosivos. Lo que tiene en juego Zouhier es quedar como un confidente maltratado por las Fuerzas de Seguridad, en el mejor de los casos para él; o, en el peor, como un colaborador de organización terrorista, que, a lo sumo, podía estar actuando a varias bandas. O las dos cosas al mismo tiempo. En todo caso, el interrogatorio del Ministerio Fiscal a Zouhier, lo mismo que la instrucción sumarial, puso de manifiesto que sin confidentes es muy difícil obtener información sobre organizaciones cri- minales. Del confidente, teóricamente, no se debería saber nunca nada, porque es una fuente exclusivamente policial. Por eso, lo que llega al juzgado y luego, en vista oral, sirve de prueba, no es la declaración del confidente, sino la investigación policial que se origina por su chivatazo Ahora bien, el Tribunal Supremo ya ha declarado que al confidente no se exime, por esta condición, de responsabilidad criminal por los delitos que cometa. No se trata de un agente encubierto -es decir, un infiltrado como los de Martin Scorsese- figura regulada específicamente por la Ley de Enjuiciamiento Criminal y reservada a agentes de la Policía Judicial. Suele ser un delincuente que pasa información y nada más. Otra cosa es que si los confidentes no se dedicaran a lo que se dedican, difícilmente podrían hacer confidencias a la Policía.