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12 ESPAÑA LA HORA DE LA VERDAD DEL 11- M ZOUHIER EL IMPERTINENTE MIÉRCOLES 28 s 2 s 2007 ABC Rafá Zouhier al fiscal- jefe Javier Zaragoza: Ni cuatro fiscales van a poder conmigo no me apriete, que no contesto los explosivos estallaron en el tren, ¿no lo ha visto? Zouhier apareció rapado el primer día del juicio, con un aspecto diferente al de ayer POOL De stripper a confindente Rafá Zouhier se mostró insolente y exaltado, interrumpió y retó al fiscal y contestó con tono chulesco a varios abogados s El presidente del Tribunal tuvo que intervenir en numerosas ocasiones para poner orden POR NIEVES COLLI MADRID. Desde el primer día del juicio dio muestras claras de su deseo por prestar declaración, por sentarse al micrófono delante del presidente del Tribunal y contestar a las preguntas para explicar con palabras lo que una y otra vez ha intentado expresar con gestos y aspavientos desde la pecera blindada de la Audiencia Nacional. Por fin llegó su oportunidad, pensó, de decir todo lo que quisiera sin arriesgarse- -como le ocurrió el pasado miércoles cuando quiso replicar a su ex amigo Rachid Aglif El Conejo -a que Javier Gómez Bermúdez le expulsara de la sala. Ayer, durante las declaraciones de otros dos procesados y hasta el momento en el que el presidente del Tribunal pronunció su nombre, Rafá Zouhier se dedicó a tomar notas en un cuaderno. Estaba aparentemente tranquilo. Pasados trece minutos de las once de la mañana, el ex confidente de la Guardia Civil (acusado de poner en contacto al ex minero Emilio Suárez Trashorras con el suicida Jamal Ahmidan El Chino para la venta del explosivo del 11- M) se sentó en la silla con las piernas abiertas, depositó en el suelo un portafolios, respiró hondo y escuchó las palabras de Gómez Bermúdez, que le informó de sus derechos. No había pasado ni un minuto cuando el presidente tuvo que dar el primer toque de atención al procesado: No le voy a permitir ni una dijo el magistrado, después de que Zouhier se declarara superinocente A partir de ese momento, fueron necesarias numerosas intervenciones de Gómez Bermúdez para evitar que el interrogatorio de Zouhier se le fuera de las manos. No interrumpa al representante del Ministerio Fiscal le aviso por cuarta vez me estoy cansando, último aviso ¿se quiere callar de una puñetera vez? advirtió el presidente de la Sala a un Zouhier exaltado, insolente y a la defensiva que, con tono chulesco, se permitió corregir y retar al fiscal- ni cuatro fiscales vais a poder conmigo no me apriete que no contesto los explosivos estallaron en el tren, ¿no lo ha visto? -y que, pese a su más que correcto castellano, no dudó en salpicar todo su interrogatorio con tacos y expresiones propias de matón de discoteca. Y es que el procesado, bien curtido en el gimnasio, reconoció ser un adicto a la noche- no voy a las mezquitas sino a las discotecas soy un fiestero -además de traficante y adicto a las drogas. Si no hubiera traficado con drogas, no habría conocido a Trashorras; si hubiera sido médico, no habría podido saber lo que supe y avisar a la Guardia Civil dijo. Entre sus trabajos legales citó los de lavandero, stripper modelo, repartidor de telepizza y empleado de hogar. En medio del enredo que fue su declaración, durante la que, para desesperación de la Fiscalía, volvió a cambiar por enésima vez su versión de los hechos, Zouhier quiso presentarse como un buen samaritano cuya única intención fue evitar los atentados- he informado para ayudar a este país, que considero mío -y que ha terminado sentado en el banquillo de los acusados- soy el único gilipollas que se fue a contarlo a la poli me estoy comiendo 200 muertos yo he hecho el trabajo sucio Zouhier dio muestras de estar informado, al día, y de tener claro cómo debía afrontar las preguntas de cada una de las partes. Supo contestar de forma correcta y pausada a unos, y levantar la voz y hacer gala de un tono entre tajante, irónico y despectivo con otros. Así, cuando el abogado Gonzalo Boyé (que ejerce una de las acusaciones particulares) formuló la primera pregunta, el acusado espetó: Sabrá mucho más ese letrado de colaboración con banda armada que yo De inmediato, Gómez Bermúdez le cortó: Ni se le ocurra ir por ahí e interrumpió la sesión hasta la tarde. Germán Yanke EL ENEMIGO DE ZOUHIER afá Zouhier es un sinvergüenza, un chulo con incontinencia verbal, un tipo de esos que cree que puede engañar a cualquiera parloteando a pesar de que su biografía, de la que habla con desparpajo y ca- R radura, incluye robos con violencia, drogas, puñaladas y otras bajezas. Es un patán que surge de las cloacas y que se comporta tan lamentablemente que, a quien le observa sin obligaciones procesales, ya ni considera que se muestre contrario a la violencia, que diga que avisó a la Guardia Civil de que Trashorras vendía explosivos, que grite que es superinocente Lo que queda de horas y horas de mala educación y esperpénticas poses es que se trata de eso, de un sinvergüenza de los bajos fondos y sin principios. Hasta el juez Gómez Bermúdez, en un momento del circo de Zouhier, espetó: ¿Se quiere callar de una puñetera vez? El magistrado se explica con el lenguaje jurídico, formal, con ese toque procesal que separa a los jueces de los peatones. Incluso cuando le dice al procesado, con tono neutro, a la mínima le mando al calabozo Pero, ya se ve, hay momentos en los que aparece en la presidencia más el hombre que el magistrado y dice eso de que se calle de una puñetera vez, que es lo que a todos los observadores les pide el cuerpo. Zouhier quiere convencer a la sala de que tiene una memoria portentosa, que también pone al servicio del país, pero, cuando el fiscal insiste imperturbable, ya vemos que hay co- sas que no recuerda, cosas que no quiere responder, cosas en las que mintió- -qué tipo el chulo de discoteca- para que se supiera la verdad Algunos de sus amigos se reían. Algunas víctimas no pudieron contener las lágrimas. Ni cuatro fiscales vais a poder conmigo dice en un momento. Pero es él mismo el que ha terminado con Rafá Zouhier. Su vida es una desgracia. Su testimonio, paradójicamente, una suerte de autoacusación. Y todavía quería seguir hablando cuando se sienta Trashorras en el banquillo, que ni había llorado ni se había reído. Sólo se hurgaba la nariz.